
Donald Trump y Delcy Rodríguez.
A medida que pasa el tiempo y vemos más de lo mismo, comienza a resultar ilusoria la idea de que Venezuela está sometida simplemente a una tutela temporal destinada a conducir, por etapas, hacia la democratización y la recuperación institucional.
Una tutela debe tener un propósito y un término. Si su objetivo es conducirnos hacia la democracia, deberíamos observar un camino reconocible: liberación de los presos políticos, recuperación de las libertades, eliminación de las inhabilitaciones, restitución de los partidos a sus legítimas autoridades, instituciones independientes y, finalmente, elecciones libres en una fecha determinada.
Pero mientras ese calendario político permanece indefinido, los acuerdos económicos avanzan.
Y surge una pregunta incómoda: ¿seguimos hablando de tutela o comenzamos a parecernos a aquellas naciones cuya soberanía estaba condicionada por los intereses de las grandes potencias?
Venezuela conoce esa historia. En 1902, buques británicos, alemanes e italianos bloquearon nuestras costas para exigir el pago de deudas y reclamaciones. Pocos años después, Estados Unidos asumió la administración de las aduanas de República Dominicana para garantizar el pago a los acreedores.
Tampoco sería aceptable reproducir en el siglo XXI, bajo formas y propósitos diferentes, aquello que la Unión Soviética practicó durante buena parte del XX: reconocer formalmente la soberanía de otros Estados mientras limitaba, en los hechos, su capacidad para decidir su propio destino.
Venezuela necesita inversión, capital, tecnología y mercados. Una relación estrecha con Estados Unidos puede y debe ser beneficiosa para ambos países.
Pero una cosa es asociarse y otra subordinarse.
Solo un gobierno con legitimidad democrática puede negociar de igual a igual. Por eso es tan importante el retorno de María Corina Machado: para que Venezuela, con su soberanía democrática recuperada, pueda alcanzar acuerdos mutuamente beneficiosos con Estados Unidos y con cualquier otra potencia, siempre dentro del marco de la Constitución y las leyes.
La independencia no significa aislamiento; significa poder decidir. Sería inaceptable, en pleno siglo XXI, volver a un estatus que Venezuela dejó atrás en 1811.
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La entrada ¿Estamos siendo tutelados o colonizados en Venezuela se publicó primero en Emisora Costa del Sol 93.1 FM.
