En una de las manifestaciones, los afectados dijeron que no se cumplen los tiempos de diálisis estipulados al disponer de 2 o 3 horas máximo, en lugar de contar con las 4 horas que necesitan.
Pacientes renales en peligro: Venezuela perdió el 68% de sus equipos para hemodiálisis.
Extraoficialmente se estima que para el año 2017 la cantidad de equipos habilitados para dializar era de apenas 350, una disminución del 86% en comparación con la cantidad de aparatos disponibles en el año 2012.
Los pacientes renales en Venezuela viven una auténtica pesadilla. La marcada crisis humanitaria sobre la que gravita el país ha convertido el diagnóstico de esta enfermedad en una sentencia de muerte.
Basta con revisar las denuncias que a lo largo de los años han expresado los pacientes en todo el país. Las marcadas deficiencias estructurales hacen que cumplir con los ciclos de tratamiento sea prácticamente imposible. Sin ir muy lejos, la semana pasada, los pacientes renales en el estado Lara protestaron hasta en dos ocasiones por las condiciones en las que son atendidos.
En una de las manifestaciones, los afectados dijeron que no se cumplen los tiempos de diálisis estipulados al disponer de 2 o 3 horas máximo, en lugar de contar con las 4 horas que necesitan. El desolador panorama expresado por los pacientes es tema de debate a nivel nacional pero ¿Por qué ocurre esto?
Para entender el contexto de la crisis hay que empezar con una premisa clave: no hay suficientes máquinas de riñón artificial (MRA). Para efectos de este reportaje, el equipo periodístico del Diario de Lara, La Prensa, hizo una revisión hemerográfica para ver dónde y cuándo inició un problema que viene siendo denunciado desde hace años y que sigue sin ser resuelto.
La evidencia documental confirma que, la cantidad de máquinas disponibles ha ido bajando de forma progresiva hasta alcanzar niveles críticos. Aunque en Venezuela no hay estadísticas oficiales, algunos reportes de organizaciones no gubernamentales señalan que en la nación hay entre 700 y 800 máquinas de diálisis operativas. Todos los equipos presentan fallas de algún tipo y esta es una cantidad insuficiente para atender a los más de 5.300 pacientes renales que hay en el territorio nacional.
La cantidad de máquinas disponibles representa una disminución del 68% en comparación con el año 2011 cuando, de acuerdo con cifras oficiales, Venezuela disponía de 2500 equipos que estaban disponibles en 145 unidades de diálisis repartidas en 21 de los 24 estados del país. Esta es la cifra más alta de MRA que ha tenido el país en su historia.
Un informe publicado por la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y a la Vida (Codevida) en el año 2021, explica que, cronológicamente hablando, los problemas para estos pacientes arrancaron en el año 2016. En ese entonces, diversos medios de comunicación documentaron una denuncia que tomaría relevancia en los años siguientes y es que muchas de las MRA y plantas de osmosis de estas unidades dejaron de funcionar y no se atendía órdenes para sustitución de equipos o compra de repuestos.
Esta situación desató un problema presente al día de hoy: muchos equipos fueron almacenados y nunca más se usaron.
El informe recoge que de forma abrupta la cantidad de MRA disponibles se vino al piso. Extraoficialmente se estima que para el año 2017 la cantidad de equipos habilitados para dializar era de apenas 350, una disminución del 86% en comparación con la cantidad de aparatos disponibles en el año 2012.
Para el año 2018 los problemas continuaron. Más de 1000 máquinas en todo el país estaban paradas, lo que afectó la atención de al menos 3000 pacientes. Los problemas de funcionamiento fueron tan altos que, para ese entonces, Codevida documentó la paralización simultánea de 32 unidades de diálisis en 13 estados del país.
Los problemas de funcionamiento continuaron en Venezuela. En 2019 la nación seguía gravitando sobre una marcada crisis humanitaria. A nivel nacional la escasez de medicamentos e insumos para que los pacientes cumplieran con sus tratamientos orbitaba el 80%. Ese año, la nación siguió contabilizando máquinas dañadas.
Extraoficialmente se pudo conocer que sólo 128 máquinas de diálisis estaban totalmente operativas en el territorio nacional. Este número, representa el 5,1% del universo total de equipos disponibles en el año 2012.
¿Cómo siguió el comportamiento de la crisis para los pacientes renales en Venezuela La evidencia documental indica que las cosas, lejos de mejorar, empeoraron en los años siguientes. En el año 2020, en plena pandemia, los reportes independientes confirmaron que el 80% de las unidades de diálisis presentes en el país presentaban problemas.
Esta situación trajo como consecuencia la reducción del 85,6% de la cantidad de diálisis peritoneal que se aplicaban en el país en comparación con el año 2013. La cantidad de personas atendidas por hemodiálisis también disminuyó en un 40% en comparación con 2013.
Para ese año se reportó la pérdida de 3.444 asignaciones de cupos para hemodiálisis en todo el territorio nacional.
En 2023, Codevida volvió a advertir sobre la precaria situación que vivían los pacientes renales en Venezuela y publicó un informe en el que decían que 15.000 pacientes renales estaban en riesgo en Venezuela. Ese año el desabastecimiento de medicamentos no era tan alto como en años anteriores; sin embargo, reportes independientes hablan de una escasez del 28%.
Al tiempo que las unidades de diálisis en el país perdían operatividad, los niveles de mortalidad fueron creciendo. En Venezuela, no se publican cifras oficiales desde 2016; sin embargo, LA PRENSA hizo un rastreo en diversos portales informativos para tratar de dimensionar el impacto de esta crisis operativa.
De acuerdo con estimaciones nacionales, para el año 2012, en el país murieron 1.923 pacientes renales lo que representó el 1,30% de la mortalidad general diagnosticada.
En el año 2014 este número se incrementó a 2.167 muertes lo que representó el 1,34% de las muertes totales del país. Aunque no había una alarma generalizada, los pacientes renales en Venezuela empezaban a ser noticia por la cantidad de denuncias relacionadas con fallas en los servicios que eran reportadas por los medios de comunicación.
A partir de entonces no hubo otro boletín oficial que permitiera monitorear los niveles de morbilidad y mortalidad en Venezuela. A pesar de ello, diversas organizaciones no gubernamentales hicieron un esfuerzo por publicar el número de pacientes fallecidos.
En el año 2018, por ejemplo, Codevida, publicó un informe en el que mencionaban que 3.000 pacientes renales en Venezuela habían fallecido. Entre las razones, la organización argumentaba la ausencia de tratamientos y la imposibilidad de poder cumplir con los ciclos de tratamiento en la gran mayoría de unidades en el país.
Durante ese año, también se publicó por primera vez una información que generaba preocupación en la cantidad de pacientes trasplantados y es que, al menos 100 personas perdieron ese año el órgano por la ausencia de tratamiento.
En 2018 también aparecieron las primeras denuncias relacionadas con fallas eléctricas que impedían a las personas cumplir con sus tratamientos.
Esta realidad sigue presente al día de hoy. Aunque no hay datos oficiales, organizaciones como Amigos del Paciente Renal refieren que sólo en el estado Lara, por mes mueren unos 2 a 3 pacientes por unidad, lo que significa que al mes podrían estarse registrando 14 a 21 muertes. Esta es una situación replicable en todo el país.
Para poder dimensionar el impacto de esta situación, nuestro equipo periodístico pudo contactar a pacientes renales en los estado Falcón, Carabobo y Zulia. En conversación que se tuvo vía WhatsApp con estas personas, se pudo constatar que la realidad denunciada en el estado Lara es perfectamente aplicable a otras entidades en el país.
En la mayoría de casos, los pacientes aseguran no contar con las horas adecuadas para poder cumplir con sus ciclos. Los pacientes, a quienes por seguridad resguardaremos sus nombres, dijeron que en algunos casos, puntualmente en el estado Zulia, hay unidades que aplican tratamiento de dos horas lo que representa la mitad del tiempo establecido por los estándares internacionales de diálisis.
Esta situación ha sido ampliamente documentada por los medios de comunicación en los últimos años, pero todavía no se consigue una solución concreta para los afectados.
Mientras tanto, desde el gobierno nacional señalan que los pacientes renales son una prioridad y que se sigue dotando al país con insumos y equipos para poder hacerle frente a esta enfermedad. En una nota que fue publicada en enero de 2026 por el Ministerio de Salud, se informa que en el país hay 176 unidades de diálisis habilitadas.
Este es un número mayor al que había en el año 2012; sin embargo, el número de máquinas disponibles no se publica.
Ciertamente, en los últimos años el gobierno venezolano ha traído algunos equipos nuevos pero esta cantidad es insuficiente para poder hacerle frente a la cantidad de pacientes. Una de las soluciones que dan los mismos pacientes está relacionada con la reparación de los equipos que están parados, pero esto no es tan fácil porque, en el país no hay repuestos y los técnicos especializados también se han ido.
Como se dijo en párrafos anteriores, en Venezuela hay ahora mismo unos 5.300 pacientes pero se espera que, para 2027 este número aumente a 6.000 enfermos a nivel nacional. ¿Qué pasará con estos nuevos pacientes? Esa es la pregunta que, al día de hoy, parece no tener respuesta.
Trasplantes están paralizados
El abandono que viven los pacientes renales en Venezuela no solo se ve reflejado en la cantidad de personas que diariamente mueren de las unidades de diálisis o en el número de enfermos que están a la espera de conseguir un cupo en estas instituciones, sino también en el hecho de que, desde hace nueve años, el programa de trasplante de riñón de donantes fallecidos en Venezuela está paralizado.
En un país con un sistema sanitario funcional, el proceso de diálisis sólo debería ser una etapa hasta conseguir un donante que aporte un riñón para que las personas puedan seguir viviendo con relativa normalidad pero, en Venezuela, esto no pasa.
Organizaciones independientes señalan que, desde hace nueve años, este programa está paralizado. En el 2017, la Fundación Venezolana de Donación de Órganos y Tejidos (Fundavene) alertó sobre la suspensión temporal de estas operaciones.
En un principio, esta medida sería temporal. El objetivo era mejorar las condiciones de la red de salud pública para poder seguir realizando estas operaciones, pero la pausa temporal se volvió prolongada y al día de hoy estas operaciones siguen sin reactivarse.
De acuerdo con lo explicado por integrantes de Fundavene, la única opción que tienen los pacientes renales en la actualidad es la de recurrir a trasplante de donantes vivos, pero esto no es tan sencillo. En primer lugar es necesario conseguir un donante que sea compatible hasta en un quinto grado consanguinidad: hijos, padres, hermanos, tíos, abuelos o nietos.
Además, el donador no puede tener ninguna enfermedad. Esta operación, en clínicas cuesta entre 70.000 y 100.000dólares, según una nota de El Diario.
Osman Rojas – La Prensa de Lara
