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Ronexi Magdaleno estudiante de la Universidad Carabobo, tiene 22 meses como presa política sin derecho a la defensa

 

El defensor público no utilizó ninguna de las pruebas que la familia de la presa política le ayudó a recabar para demostrar su inocencia.

Ronexi Magdaleno tenía 19 años cuando fue detenida. Estudiaba histotecnología en la Universidad de Carabobo (UC) y, el día que funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) la buscaron en Güigüe, no se imaginó que sería sometida a múltiples torturas físicas como presa política.

Hoy tiene 21 años y casi los dos últimos los ha pasado en el Centro de Resguardo y Control del Detenido El Valle (conocido como comando femenino de la Policía Nacional Bolivariana), de Caracas. La acusan de terrorismo, traición a la patria, asociación para delinquir y tráfico de armas. Desde el 16 de diciembre de 2024 no la han llevado a ninguna audiencia de juicio.

Según el expediente de su caso, Magdaleno estaba coordinando la compra y llegada de armas desde Estados Unidos. Supuestamente, estaban entrando al país por Maracaibo desde Houston a través de una empresa de encomienda privada, pero de esa compañía no hay nadie preso o investigado, relató su tía, Tania Mantilla.

Para ella, la realidad es que Ronexi había participado activamente en la campaña de la oposición durante las elecciones presidenciales de julio de 2024. Aunque no la dejaron votar porque no aparecía en el listado del centro electoral, estuvo reclamando las actas después del cierre, y publicaba en sus estados mensajes en contra del resultado anunciado por el CNE. Ella siempre expuso su punto de vista político, por eso creemos que esa fue la causa de su detención.

La detención

El lunes 23 de septiembre de 2024, funcionarios del Sebin llegaron a la casa de los abuelos de Ronexi en Güigüe preguntando por ella. Como no estaba allí, se llevaron a un sobrino menor para que los guiara hasta donde se encontraba: un comercio en la comunidad San Juan de Dios, donde Magdaleno trabajaba. El mensaje fue directo. Le dijeron que o se subía a la camioneta o se llevaban al sobrino. Ella no puso resistencia, se subió, relató Mantilla.

Nadie se identificó ni explicó razones. La familia pasó una noche sin saber quién se había llevado a la joven ni por qué. Al día siguiente lograron ubicarla en la sede del Sebin en Naguanagua, donde ya era tratada como presa política. Nos dijeron que agradeciéramos que mi sobrina no estaba saliendo en redes sociales, que la habían capturado con una orden directamente de la vicepresidencia de la República.

Al día siguiente ya la habían trasladado y su familia no sabía nada de su paradero. El viernes, a las 11:00 p.m., cuatro días después de la detención, ella misma llamó para decir que la habían llevado desde El Helicoide al Reclusorio Femenino El Valle en Caracas,. Ya había sido presentada, tenía privativa de libertad, y no le aceptaban defensa privada.

Torturas y tratos crueles

Lo que vivió Ronexi en los primeros días como presa política lo narró su tía con detalle porque ella misma se lo contó, aunque advierte que probablemente hay cosas que su sobrina no dijo por pudor.

Le aplicaron el pulpo: un dispositivo metálico que ata muñecas y tobillos simultáneamente, forzando al cuerpo a permanecer en una postura encorvada y de dolor extremo durante horas. El método ha sido documentado por la Misión Internacional Independiente de la ONU sobre Venezuela como instrumento de tortura. Cuando su tía la vio por primera vez tras la detención, tenía moretones en las piernas, y la boca y el pómulo hinchados.

La golpeaban con la visera de las gorras, le daban cachetadas, no la dejaban ir al baño. Me contó que ella misma no soportaba su mal olor, porque olía horrible, andaba orinada, llena de sangre porque tenía el período. En un momento, cuando le hicieron una pregunta que no supo responder, le dieron una cachetada tan fuerte que se desmayó y se orinó. Cuando vieron que se había orinado, la golpearon más.

Le daban pastillas que decían ser para el dolor pero que la dejaban adormecida y la hacían grabar videos.  Ella dice que no recuerda qué dijo en esos videos, narró su tía. Los funcionarios se apoderaron de su teléfono y se hacían pasar por ella con la familia. Si nosotros respondíamos los mensajes, la golpeaban. Ellos repicaban para que uno llamara y cuando uno llamaba, la golpeaban otra vez.

Presa política sin juicio

En la audiencia del 16 de diciembre de 2024, el defensor público asignado no utilizó ninguna de las pruebas que la familia de la presa política le ayudó a recabar para demostrar la inocencia de Ronexi. Le ofrecieron a ella asumir una pena de 20 años si se declaraba culpable. Ella dijo que no, que ella es inocente y no iba a asumir algo que no había hecho, que prefería irse a juicio. Desde esa audiencia, no la han llevado a ninguna otra y no hay fecha de juicio.

Hace aproximadamente dos meses lograron juramentar un defensor privado. En enero, Tania llevó una solicitud ante el Tribunal Supremo de Justicia para que Ronexi fuera incluida en la lista de presos políticos. Se la aprobaron. Luego solicitó el beneficio de la Ley de Amnistía, pero se lo negaron, y fue a la Asamblea Nacional y no recibió respuesta. Pasan los días, pasa el tiempo y mi sobrina sigue encerrada. Ya va para dos años allí, siendo inocente, sin poder culminar su carrera, acusada de algo que jamás cometió.

Una visita de 40 minutos al mes

La familia visita a la presa política una vez al mes en Caracas. Se gasta alrededor de 20 dólares por persona solo en pasaje, mientras que la paquetería, que incluye comida cruda, artículos de aseo personal y todo lo que necesita, cuesta alrededor de 100 dólares. Para entrar al reclusorio cobran un dólar por los 40 minutos de visita. Si se pasan del tiempo, vuelven a cobrar.

En ocasiones, Ronexi compra en una bodeguita que hay en el reclusorio y la familia paga. Entre las presas hay personas de Caracas cuyos familiares les llevan comida de más y la comparten con quienes son de otras ciudades y no pueden recibir visitas seguido.

Nosotros quisiéramos que alguien nos ayude y que el caso de mi sobrina no se quede así. Quisiéramos que se hiciera justicia y que mi sobrina pudiera salir en libertad. Era solo una niña de 19 años. Hoy ya tiene 21. No merece estar allí.

El Carabobeño

 

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