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La tragedia del terremoto presionará a una economía venezolana que busca una reestructuración de su alta deuda

 

Caracas prevé revelar un pasivo de más de 200.000 millones mientras el seísmo retrasará previsiblemente el calendario de la negociación con los acreedores. Terremoto en la Guaira 24-6-2026.

El terremoto presiona a una economía venezolana que busca recomponerse con una reestructuración de deuda récord.

Venezuela afronta la mayor reestructuración de deuda soberana de la historia bajo la presión añadida del terremoto sufrido esta semana. El Gobierno de Delcy Rodríguez trabaja en una reestructuración de deuda récord que, de confirmarse, superaría en tamaño a las grandes reestructuraciones de Grecia o Argentina. Además, llega en un momento delicado, con el país lejos de la estabilidad económica y con el seísmo añadiendo nuevas necesidades de gasto para atender la emergencia humanitaria y la reconstrucción.

Caracas lanzó en mayo formalmente un proceso para reestructurar la deuda pública y la de Petróleos de Venezuela, PDVSA. De hecho, el Gobierno ha contratado a Centerview Partners, con el banquero francés Matthieu Pigasse, antiguo directivo de Lazard y que ya ha participado en grandes reestructuraciones soberanas, al frente de las negociaciones. Venezuela se enfrenta a una ingente carga de deuda y una base de acreedores muy fragmentada que incluye tenedores de bonos, prestamistas bilaterales (especialmente China) y titulares de laudos arbitrales, sentencias judiciales y deuda comercial vinculada al petróleo.

Hasta ahora, los analistas calculaban una deuda externa de entre 150.000 y 200.000 millones de dólares. Si la cifra final asciende a 240.000 millones de dólares (más de 210.000 millones de euros), según ha publicado días atrás Financial Times, será más del doble del PIB venezolano (cerca de 100.000 millones de dólares en 2025 según el Fondo Monetario Internacional) y mucho más de lo que puede sostener el país en condiciones normales. Por ello, los analistas consideran que la negociación no girará solo en torno a si habrá quita, sino a cómo se estructurará la operación para evitar que Venezuela salga de un impago para caer en otro al poco tiempo. El terremoto de esta semana, además, añade una capa de dificultad extra. La economía ya necesitaba recuperar inversión, estabilizar precios, reconstruir infraestructuras y reactivar la producción petrolera. Y ahora también tiene que asumir daños materiales, servicios básicos y emergencias.

[El terremoto] aboca a un retraso en el calendario. El cronograma previsto antes del seísmo era ya muy exigente. En la situación actual, con un gobierno interino con problemas de coordinación que tiene que gestionar una crisis humanitaria y la que probablemente será la mayor reestructuración de deuda de la historia, el retraso en el calendario es prácticamente seguro, explica Judith Arnal, investigadora principal para economía del Real Instituto Elcano.

Ese retraso no implica necesariamente una quita mayor. Sí que puede conllevar mayores extensiones de vencimientos, ampliaciones de periodos de gracia o cláusulas contingentes. Probablemente, los inversores interpreten el seísmo como un shock transitorio, más que como una pérdida permanente de la capacidad de pago, añade Arnal. Y explica que la priorización de la reconstrucción frente a acreedores puede ser complicada. Políticamente es atractiva y tendría sentido, pero financieramente es limitada. Para la reconstrucción será necesaria financiación, y eso pasa por volver a tener acceso a mercados y a financiación de instituciones multilaterales. Por ello, reconstrucción y reestructuración de la deuda son dos elementos que tendrán que ir de la mano.

Washington no se ha pronunciado sobre cómo debe afectar el terremoto a la reestructuración de la deuda, pero su respuesta inicial es la de facilitar la ayuda humanitaria y la coordinación internacional. Donald Trump aseguró que EE UU está preparado, dispuesto y capacitado para ayudar a Venezuela y afirmó que había instado a todas las agencias de su gobierno para actuar con rapidez. El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo que Washington estaba preparando una respuesta grande, rápida y eficaz. De hecho, el Tesoro de EE UU ha autorizado operaciones relacionadas con la ayuda por el terremoto en Venezuela que, de otro modo, habrían estado prohibidas por las sanciones y que da un paso más en la moderación de las restricciones al país latinoamericano.

Caída de los bonos

Los inversores ya han empezado a mostrar más cautela. Los datos de Bloomberg reflejan que el bono soberano venezolano con vencimiento en 2027 llegó a cotizar por encima de los 55 centavos por dólar a mediados de mayo, en un momento de optimismo inicial por el inicio formal de la reestructuración, que se vio como un intento real de Venezuela de volver a los mercados financieros y recobrar la confianza de los inversores. Desde entonces, ha perdido terreno y esta semana se ha vuelto a situar por debajo de los 50 centavos. La deuda de PDVSA también ha corregido. Su bono con vencimiento en 2035 ha retrocedido desde niveles superiores a 50 centavos en mayo hasta el entorno de 45 centavos.

El petróleo juega un papel crucial en la economía venezolana. El país tiene las mayores reservas de crudo del mundo probadas, pero la industria está muy dañada por años de sanciones, desinversión, mala gestión y pérdida de capacidad técnica. La producción se ha recuperado desde los mínimos registrados en 2020 y alcanzó en mayo los 1,18 millones de barriles diarios, según datos de Bloomberg. Es el mejor nivel desde 2019, pero todavía está lejos de los más de 2,4 millones de barriles diarios que el país bombeaba en 2012. Y para que la operación de reestructuración prospere, PDVSA será un eje central.

Tiene que haber un acuerdo omnicomprensivo, que abarque a todos los acreedores y suponga una verdadera reducción del valor presente neto de la deuda y no solo maquillaje. Será necesaria una combinación de quitas de principal, ampliaciones de vencimientos y periodos de gracia, cupones bajos. Podrían contemplarse también instrumentos contingentes, como instrumentos financieros ligados al precio del petróleo o del PIB, que compartirían el alza con los acreedores, pero protegerían al Estado a la baja. También necesita un plan creíble de inversión en PDVSA y el sector petrolero, valora Judith Arnal.

La inflación añade otro punto de complejidad. Los precios subieron un 6,3% en mayo, menos que en meses anteriores, pero la mejora es relativa. Según datos mensuales de Bloomberg, la inflación acumulada entre enero y mayo ronda el 102%, lo que significa que los precios se duplicaron en apenas cinco meses. Venezuela también debe demostrar que puede estabilizar su moneda, ordenar las cuentas públicas y publicar datos fiables.

Para recuperar la confianza de los mercados, Venezuela necesita credibilidad estadística, tras años sin datos fiables. Plantear un análisis de sostenibilidad de la deuda sin aval del FMI, como parece que se está haciendo, es poco recomendable. También necesita de un Estado de Derecho y respeto a los derechos de la propiedad. El inversor necesita estar convencido de que el riesgo de expropiación ha desaparecido, y una estabilización monetaria y fiscal, concluye Arnal.

Ricardo Sobrino – El País de España

 

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