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Lo que los terremotos nos enseñan sobre la vulnerabilidad humana. Volver a nacer entre las ruinas, lo que vivió Arsenio Henríquez en La Guaira el 24 de junio

 

Arsenio Henríquez, es un sobreviviente y testigo de excepción del doble terremoto de 24 de junio de 2026. Lo encontramos en Sabana Grande y lo invitamos a dialogar sobre su experiencia sobre los precitados terremotos.

¿Cómo fue su experiencia a propósito de los dos terremotos, que se registraron el pasado 24 de junio de 2026?

-Viví el terremoto de ese día y vi como el espacio, que consideraba mi refugio seguro, que se desplomaba en segundos, como una bofetada de la realidad, que transforma para siempre tu perspectiva de la vida. Ante la fuerza implacable de la naturaleza, Enrique, el concreto se agrieta y las estructuras físicas colapsan, derrumbando con ellas la ilusión de control absoluto, bajo la cual solemos vivir. Esta experiencia nos confronta, de golpe y sin contemplaciones, con nuestra verdad más elemental: la terrible verdad de que somos seres profundamente frágiles. Reconocer nuestra vulnerabilidad ante estos fenómenos no es un acto de debilidad, sino un ejercicio de profunda honestidad existencial. Cuando la tierra ruge y los muros caen no importan las jerarquías, las posesiones materiales ni los títulos; la intemperie de la emergencia nos iguala a todos de inmediato, no hay diferencia que valga y supremacía económica, política y social.

-Esta vulnerabilidad es nuestra condición compartida, el recordatorio constante, de que habitamos un entorno que nos supera y ante el cual solo cabe la humildad de la prevención y del respeto por la vida. Sin embargo, es, precisamente, en esa fragilidad expuesta, donde se revela nuestra mayor fortaleza. Cuando las estructuras físicas ceden, lo único que queda en pie es el tejido humano: la mano solidaria que entra en medio del caos, el rescate mutuo y la inquebrantable voluntad de reconstruirnos desde las cenizas, como el Ave Fénix. Esta declaración es, por tanto, una reivindicación de nuestra resiliencia; la certeza de que, aunque el suelo tiemble y las paredes caigan, la empatía y la unión colectiva son los verdaderos cimientos, que nos sostienen.

¿Qué hizo usted en esos segundos de los movimiento telúricos, que han sido considerado uno de los más extraños de la historia sísmica del planeta

-En ese momento estaba conversando con mi amigo Fran Tovar, sobre el fracaso del llamado Estado del Bienestar, tanto en Europa como en América Latina; cuando de pronto comenzaron a moverse las cosas: la cama, los muebles, la mesa del comedor, el televisor; las ventanas panorámicas se tambaleaban con mucha violencia. Yo vivía en un apartamento muy sencillo en Puerto Viejo de Catia La Mar, La Guaira. De inmediato lo primero que me vino a la mente fue mi hijo; que estaba en la playa cerca del edificio.

-Me asomé a la ventana y empecé a llamarlo con mucha desesperación: ¡Arsenio, Arsenio!  Luego, busqué mi propia protección y fue cuando me paré debajo del marco de la puerta del bañó, como está recomendado en el caso de los terremotos. Ahí me quedé de acuerdo a mi disposición de sobrevivir. Pasaron de diez  a quince segundos. Entonces vi como caían las paredes, mi apartamento se desmoronó. Todo se vino al suelo.

¿Cómo logró salir de allí?

-A partir de ese momento me embargó esa convicción de sobrevivir, salir de allí, mientras veía que también los apartamentos vecinos se derrumbaban. Yo estaba cundido de escombros, como pude me los sacudí. Por suerte la puerta de madera del aparamento yo la había dejado abierta; me dirigí hacia allá enseguida, sólo que al intentar abrir la reja multilock ésta no cedía; incluso, hasta intenté abrirla con las llaves y la empuje con mi propio cuerpo y como no era posible agarre un pedazo pesado de escombro y golpeé y golpeé la bendita reja hasta que la abri. Por suerte, apareció Andrés, un vecino, y quien me ayudó en ese forcejeo que tuve con la reja. Acto seguido, cuando logré salir al pasillo, luego de liberarme de la reja, observé hacia los edificios vecinos, y los observe  que también estaban destrozados, y camino hacia las escaleras tuvimos que apartar escombros, madera, cabillas, etc.

-Es bueno destacar, que la escalera del edificio estaba completamente tapiada, de modo que tuvimos que dirigirnos hacia la escalera de emergencia, y también estaba obstruida por una pared, que le había caído encima. De modo que la idea que nos vino a la mente fue la de abrir una rendija allí por donde pasar. Mi apartamento estaba en un piso 2, pero había una mezanina, de modo que eran tres pisos los que teníamos que bajar. En el trayecto nos llenamos de polvo, apenas podíamos agarrar las barandas de las escaleras, que fuimos bajando paso a paso hasta llegar al lobby del edificio, por cierto también tenía escombros.

Imagino que, una vez allí, salieron a la calle. ¿Cómo encontraron la situación en el ambiente de la gente que, de seguro, había abandonado sus casas?

-En primer lugar, tuve que agradecerle a mi vecino Andrés toda la solidaridad hacia mí; un compañero de ruta. Luego, caminamos hacia la playa y nos encontramos que todos los vecinos habían salido de los edificios. Encontré a mi hijo y a su novia Islanda. Mientras caminábamos hacia la playa  nos dimos cuenta, de que había una familia atrapada debajo del techo de la churuata, que pedía ayuda.

-De modo que ambos, con la ayuda de otros señores, logramos levantar ese techo de palma y logramos salvar a esa familia, junto con unos amigos, que se encontraban cerca del lugar. A continuación, me dirigí hacia la playa a distenderme, sobre todo, a pensar que había estado muy cerca de la muerte.

-Debo decir que, al contrario de lo que se ha dicho y se ha especulado en los medios de comunicación y en las redes sociales, de que no hubo atención inmediata de parte del gobierno, con respecto a esta tragedia: mientras nosotros estuvimos en la calle con la gente tuvimos la compañía de toda la fuerza pública; Guardia Nacional, Policía Nacional Bolivariana, Policía Municipal, hasta del componente Naval, CICPC, además de ambulancias y los puestos asistenciales, que se instalaron de inmediato, y donde fueron atendidas algunas personas, que quedaron heridas. De modo que sí recibimos apoyo de la ciudadanía y de la fuerza pública.

¿Qué propuesta tiene usted, con respecto a lo que será la reconstrucción del estado Vargas?

-Es necesario destacar que un país como Venezuela, con motivo de la crítica situación  económica que está viviendo, necesita que las fuerzas vivas: políticas, gremiales, militares, religiosas unan todas sus fuerzas y energia para superar por la vía del diálogo, lo que se ha convertido en una verdadera tragedia. Unión de todos los venezolanos y eso pasa por entender, que la vieja manera de hacer política no va a favorecer ese objetivo.

-Es una cosa muy destacable, la circunstancia de que tengamos que quitarnos la vieja manera egoísta y sectaria de hacer política. Tenemos que propiciar el velo de la ignorancia, como un metodo con lo cual podemos abrir un debate para llegar acuerdo en esta materia de reconstruir a nuestra Venezuela. Nosotros no podemos  politizar esta tragedia. No está bien buscar culpables, fue un hecho de la naturaleza. Aquí sufrieron este golpe de la naturaleza tanto personas adineradas, como personas pobres, incluso, una gran parte de nuestra clase media. En ese sentido, mi llamado es a buscar la manera de favorecer a la clase trabajadora, que es la que está llevando el peso más fuerte, porque no tiene salario, no lo favorecen los servicios públicos, porque están en una situación de emergencia; sobre todo, aquéllos que quedaron sin hogar.

Enrique Meléndez

 

 

 

 

 

 

 

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