Ya los saqueos llegaron incluso a las casas afectadas por el terremoto según denunciaron los vecinos.
Tres días después de haber perdido su casa a consecuencia de los dos terremotos que sacudieron el país el 24 de junio Magdalena sigue durmiendo en el piso sobre sábanas. Ella no tuvo suerte pues llegó tarde a la repartición de colchones. El sábado esperaba que un vecino le prestara una colchoneta para poder descansar mejor en las áreas cercanas al lugar donde estuvo su casa en el urbanismo Hugo Chávez de la Gran Misión Vivienda.
Conocido como Suma el sector Playa Grande de la parroquia Catia La Mar evidencia una devastación casi absoluta. Es una muestra de una realidad que muchos gritaban a voces: La calidad de las construcciones del gobierno no resiste una inspeccion mucho menos un terremoto.
A Magdalena le molestan los ojos por eso lo primero que pide a los médicos que recorren el lugar es un poco de “colirio”. Siente resequedad quizás por tanto llorar según comenta. Su casa está en el suelo y ella muy cerca de ese lugar con su cargamento de ollas envases y algunas sábanas que pudo salvar. También un poco de ropa y zapatos pero no tiene donde guardarlos.
Es la misma historia de todos en el sector donde ninguna casa está habitable. Allí hay gente durmiendo dentro de autobuses debajo de sábanas que se extienden de un carro a otro sobre la acera o en la calle. Niños adultos mayores hombres y mujeres comparten el espacio y tratan de descansar.
El recorrido por este lugar debe hacerse bajo el resguardo de los cuerpos de seguridad. La posibilidad de un atraco o algo peor está siempre latente. La inseguridad se apoderó de esta zona y del resto de La Guaira. Los vecinos deben acompañarse resguardar sus pertenencias entre todos para evitar ser víctimas del hampa.
Por esta razón y quizás otras la ciudad se cubrió con la presencia de militares policías milicianos. En casi cada esquina se observan con armamentos largos.
Que retiren los cadáveres
En Suma algunos gritan pidiendo al gobierno que vaya a retirar los cadáveres que aún permanecen dentro de algunas casas. La descomposición es evidente y ellos lo sienten aún más porque están duermiendo justo al frente de las infraestrucuras destruidas al otro lado de la calle donde estuvo su vivienda hoy también desaparecida.
Héctor lo grita con fuerza. “Hemos pedido que vengan a retirar esos cuerpos que están enterrados allí pero no nos hacen caso. Nos vamos a enfermar”. Lo acompañan tres familiares que comparten espacios debajo de una especie de toldo en lo que era el frente de la casa que hoy ya no está.
Al día siguiente su clamor fue escuchado. Este domingo los cuerpos fueron retirados. Habían pasado casi 90 horas desde que se registró la tragedia.
En Suma de noche se respira incertidumbre angustia. Casas destruidas otras que cedieron hacia los lados unas que se mantienen en pie pero llenas de grietas.
Muchos damnificados pernoctan a las afueras de un afectado Farmatodo con puertas rotas vitrinas caidas y vacías. En el estacionamiento durmen algunos otros buscan entre un lote de ropa que llegó en calidad de donación. No es raro ver carros que se acercan ofreciéndoles comida especialmente arepas que siempre son bienvenidas.
Atención médica
También médicos de distintas partes del pais recorren estas calles. Ofrecen medicinas evaluaciones médicas puntuales pues si se requiere algo un poco más profundo en el centro de acopio que funciona en el terminal de de Catia La Mar está instalado una especie de campamento donde reciben atención médica acorde a sus necesidades medicamentos ropa calzados y también algo de comida.
Las colas se hacen desde temprano. A las afueras de estos espacios los afectados se aglomeran ordenados en fila para recibir la ayuda. Lo hacen en una zona devastada con casas en ruinas desaparecidas. El terminal de transporte de La Guaira también sucumbió y una buena parte de su estructura se encuentra en el piso.
Al frente en lo que era una conocida intersección de la zona que conduce a sectores como La Soublette las cuatro esquinas están prácticamente en ruinas. También las edificaciones de las calles aledañas.
Al tomar rumbo hacia el centro de la ciudad el panorama no es distinto. En la avenida principal la sede de la Contraloría General del estado donde también funcionaba Banesco sucumbió.
Mi casa está intacta
Un poco más allá la fiscalía desapareció por completo. Sus restos cayeron sobre parte de la casa de María Isabel Gámez y dañaron una pared y la camioneta de su propiedad.
Ella sin embargo le da gracias a Dios. Se siente bendecida porque su casa en la que habita con siete perros y 22 gatos esta prácticamente intacta. “Mi casa está entera no tiene grietas ni nada. A mi lo único que me perjudicó fue el derrumbe de la fiscalía.
El 24 de junio María estaba limpiando el baño de su casa. Cuando intentó salir de la casa la reja no se lo permitió pero rezó y logró salir junto a sus animales y una de las inquilina que tiene en su casa y que en ese momento estaba en la parte superior de la vivienda.
María tenía tres noches sin dormir pudo hacerlo el sábado. No ha recibido apoyo de ninguna institucion sólo de algunas personas. Por esta razón colocó un letrero en la esquina de su casa que dice: “Estamos aquí”.
Su nevera se dañó en el terremoto pero la cocina funciona. No tiene luz pero sí agua y gas. La oscuridad la resuelve con una planta que pudo adquirir hace cinco años.
Vive en la zona desde el año 1976. Allí experimentó la arremetida del terremoto de 1967 y la tragedia de Vargas. Pero los dos sismos del 24 de junio fueron los peores. “No había vivido algo igual”.
Están saqueando
Denunció que en la zona están saqueando. Personas inescrupulosas se han dedicado a robar las casas de los vecinos afectados. Pidió apoyo de las autoridades para enfrentar esta situación pues además de los daños ocasionados por el terremoto en su caso su camioneta y la pared de su casa tienen que luchar contra esta inseguridad.
Le preocupa además que los alimentos se estén acabando. “Yo ayer subí hasta la calle 14 y no encontré nada me preocupa que dentro de poco no tengamos nada que comer.
María es optimista asegura que su casa está perfecta. Consultada sobre si le han hecho alguna inspección a la vivienda responde que no pero está segura de que no saldría nada malo. Pero ademas ella no se irá de allí porque no tiene donde ir.
La suya es también otra historia que se repite en Vargas aunque ella no se queja. Cree que el terremoto fue una demostración de la molestia de Dios ante tanto mal comportamiento de la en la sociedad.
Carolina González – El Carabobeño
