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Manifiesto de VENAMÉRICA: Venezuela necesita con urgencia un nuevo gobierno

 

La historia coloca a las naciones frente a momentos que definen su destino. Hay circunstancias en las que el dolor colectivo exige mucho más que discursos: exige liderazgo, confianza, responsabilidad y decisiones capaces de salvaguardar la vida de los ciudadanos. Hoy, Venezuela enfrenta una tragedia de enormes proporciones; miles de familias han perdido seres queridos, viviendas y medios de subsistencia, viéndose abrumadas ante la manifiesta incapacidad del Estado, en todos los órdenes, cuando más lo necesitan.

Frente a esta realidad, el pueblo venezolano vuelve a manifestar su resiliencia y su inmensa vocación fraterna y humanitaria, demostrando una vez más, que su mayor riqueza no está en el subsuelo, sino en su gente; reside en la solidaridad y ánimo de sus ciudadanos. Son los vecinos quienes con sus manos mueven escombros; son los médicos, enfermeros, bomberos, rescatistas y voluntarios quienes, sin recursos, sostienen hoy la esperanza. Son todos ellos quienes, aun habiéndolo perdido todo, continúan ayudando al prójimo.

Ellos representan la verdadera fortaleza de Venezuela y el orgullo de ser venezolano. Sin embargo, esa formidable grandeza ciudadana contrasta dramáticamente con la realidad de un Estado ignominioso, ausente, incapaz, indolente, inoperante e ineficiente, que debió responder con presencia, prontitud, efectividad y coordinación, desde el primer minuto ante una catástrofe de proporciones desconocidas, frente a la cual aún no hay respuesta oficial.

Y esa misma Venezuela que soporta su dolor luchando por sobrevivir, escucha atónita el ruido ensordecedor del silencio y ausencia de las Fuerzas Armadas, de los cuerpos policiales y de todos los organismos del Estado, cuya obligación y juramento era colocar inmediatamente su capacidad logística, operacional y humana al servicio exclusivo del rescate, la salvaguarda y la atención de las víctimas, así como garantizar la seguridad integral de personas y bienes, hoy sometidos al vandalismo.

Una tragedia nacional no admite improvisación, cálculos estratégicos, declaraciones sin sustento y mucho menos, indiferencia, sabotaje o propaganda. Cada hora perdida significa vidas que no se rescatan, comunidades que permanecen aisladas y familias que continúan esperando una ayuda que, a pesar de las promesas, nunca llega.

El deber primordial de cualquier gobierno es proteger la vida de sus ciudadanos. Cuando ese deber no se cumple de manera efectiva en la hora más crítica de la nación, surge inevitablemente una responsabilidad política que no puede ser ignorada. Es allí cuando la democracia y sus valores cobran fuerza y vigor; es el momento cuando el pueblo decide ponerse de pie y ejercer su soberanía, y cada venezolano recuerda que su voz y su conciencia pueden convertirse en la fuerza que transforme el destino de la nación.

Por ello, VENAMÉRICA considera que Venezuela ha llegado a un punto en el que resulta indispensable e impostergable, dentro del proceso de transición, producir un cambio inmediato en la conducción del Estado. Es el momento de convocar a la nación a ejercer su derecho a la protesta cívica y a la desobediencia civil pacífica, no como un gesto de rebeldía vacía, sino como un acto de conciencia superior mediante el cual la ciudadanía reafirme que la dignidad colectiva no quiere seguir subordinada a decisiones injustas, tardías; porque cuando un país se quiebra y desconoce a sus autoridades y representantes, aferrarse al poder deja de ser liderazgo y se convierte en obstinación; apartarse, en cambio, constituye el último acto de responsabilidad que puede ofrecerse a una nación herida.

Por tal motivo, exigimos a quienes hoy ocupan transitoriamente el gobierno que se separen inmediatamente del poder; que se aparten con la sobriedad que exige la historia para dar paso a un Gobierno de Emergencia Nacional de Transición, integrado por personas de solvencia moral, capacidad técnica e independencia real, cuya misión será rescatar al país, proteger a la población, restituir las instituciones y encaminar la vida republicana hacia la normalidad constitucional. Solo así podrá abrirse el camino hacia la normalización.

Esta instancia deberá convocar a todos los sectores nacionales —universidades, academias, sociedad civil, sindicatos, empresarios, iglesias, organizaciones humanitarias y fuerzas institucionales comprometidas con la Constitución—, así como a la cooperación de la comunidad internacional, para restaurar al país sobre los principios de unidad nacional, transparencia, responsabilidad pública y respeto absoluto a la dignidad humana.

No hay espacio para actos propagandísticos, celebraciones ni confrontaciones políticas mientras existan venezolanos atrapados bajo los escombros o familias esperando alimentos, medicinas y refugio. La historia no juzga a los gobiernos y líderes por sus declaraciones; los juzga por su actitud y por su capacidad para salvaguardar la vida cuando la nación enfrenta horas oscuras.

Desde VENAMÉRICA reiteramos nuestra solidaridad con cada familia afectada y nuestro profundo reconocimiento a los miles de héroes anónimos que hoy sostienen a Venezuela con su trabajo, su sacrificio y su generosidad. La reconstrucción del país comenzará cuando el servicio público vuelva a colocarse por encima del poder, cuando la responsabilidad sustituya a la propaganda y cuando el interés nacional prevalezca sobre cualquier interés político.

Venezuela merece un gobierno que responda a la tragedia con eficacia, humanidad y responsabilidad. Ese momento debe comenzar ahora.

En Miami, veintiocho de junio de dos mil veintiséis.

Por la Junta Directiva.

Nelson Oxford, Presidente

Directores:

Antonio Rivero

Eduardo Betancourt

Marisol Angarita

Nelly Argüello

Neuro Villalobos

Ricardo Pinza, Director Ejecutivo

Rogerio Boscán

Vilma Petrash

 

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