El VI Cronista de la Ciudad de Caracas se dirige a los caraqueños y guairenses con motivo del triste acontecimiento de los terremotos del 24 de junio del presente año de 2026.
Sé que no existen palabras que puedan llevar consuelo y resignación a las víctimas del doble terremoto de este 26 de junio, que alevosamente truncó vidas que se cuentan por centenares en la ciudad de Caracas y La Guaira. Me pregunto, ¿cómo encontrarán voces todas ellas para hacerse escuchar lo que dejaron de pensar, decir y hacer? De existir una respuesta, deberá estar en los corazones de todo caraqueño y guairense que hacen un solo deudos y un solo duelo. No habrá luto porque el amor hablará solo por ellos. Serán voces tan firmes y claras como las ganas de existir que cada uno portaba y sentía en su ser antes de partir. La respuesta también estará en el compromiso de todos por luchar con firmeza y sin excusas para que, de repetirse algo semejante, no sea tan devastador e inenarrable y deje de tener ese poder destructivo contra la vida, la felicidad y la esperanza. Ese sería el único recuerdo, el único homenaje y la única memoria que ha de prevalecer en adelante como sentido tributo al recuerdo de aquellas vidas que se perdieron por la indolencia, el menosprecio y la arrogancia que algunos exhiben con investiduras que nunca debieron portar y que jamás debimos encumbrar. Hubo exceso de culpas por actuación y omisión criminal, y será precisamente un empeño buscar desterrarlas, extinguirlas y desaparecerlas de toda probabilidad, del más mínimo indicio que sospechemos que asechan la vida como amenaza inconfesa, como peligro inminente, o como causa posible o probable. ¡Ya basta!…
Es claro que la ciudad y el puerto más importante del país han sido afectados en la historia por catástrofes de la misma naturaleza. No obstante, a lo traumático que fueron en su momento, nada tan devastador y horrible como el recién acontecido. Tras aquellos infortunios la sociedad comprendió que se encontraba en deuda y, en consecuencia, hubo de corregir con lo que tenía a su disposición. El terremoto de Caracas de 1967 con afectación importante en La Guaira, dio lugar a correcciones científicas y firme voluntad humana para no sucumbir a eventos similares. En diciembre de 1999 cuando el siglo XX estaba por concluir, un nuevo episodio de catástrofe enlutó al sufrido pueblo de La Guaira. No se trató de un terremoto sino de un horrible deslave que arrasó vidas, urbanizaciones y barriadas enteras. El mapa y la vida de La Guaira se transformó al volverse a construir sobre sus cimientos con frenesí, pero al parecer, no pensando en eventos telúricos, sino en otro tipo de amenaza que nunca llegó. Ahora la reconstrucción será pensando con mayor compromiso, en la preservación de la vida y la garantía de los bienes privados y públicos; sobra decir, en toda posible catástrofe natural que sea del conocimiento de la humanidad: Terremotos, deslaves, huracanes, tsunami, epidemias, y si es menester, hasta de invasión de langostas y caída de meteoritos. Todo ello sería un esfuerzo inútil, si la población sigue huérfana de instituciones idóneas para la atención de emergencias y crisis complejas devenidas de catástrofes que amplifican y prolonga su devastación, precisamente, ante la ausencia de respuesta oportuna y eficiente. Un modelo de vida, una carta de intenciones y una promesa irrevocable tenemos por delante como tarea a cumplir en el plazo inmediato.
En memoria a las víctimas…
Cronista de la Ciudad de Caracas.
