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Crece la tensión entre Estados Unidos y Colombia y podría revivirse cierre de los servicios diplomáticos y otras medidas

Una nueva y seria disputa diplomática acaba de hacer erupción entre Estados Unidos y Colombia. Este jueves, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, llamó a consultas urgentes a su encargado de negocios interino en la Embajada en Bogotá, Mark John McNamara, para discutir las declaraciones infundadas y reprensibles de los más altos niveles del gobierno de Colombia.

En un comunicado expedido por el Departamento de Estado, posteriormente reiterado por el propio Rubio a través de la red social X, la administración de Donald Trump sostiene que, adicionalmente, se adoptarán otras medidas para dejar clara nuestra profunda preocupación por el estado actual de nuestra relación bilateral.

En el comunicado, no obstante, Washington insiste en que, a pesar de las diferencias políticas con el gobierno actual, Colombia sigue siendo un socio estratégico esencial y agrega que están comprometidos a mantener una estrecha cooperación en diversas prioridades compartidas, como la seguridad y la estabilidad regionales.

Las opiniones especulativas o inflamatorias no aportan al fortalecimiento de la conversación bilateral, ni al cuidado de una relación basada en el respeto mutuo, la cooperación y el entendimiento compartido

Aunque Estados Unidos no aclaró a qué declaraciones específicas se refiere, diversas fuentes en Washington sostienen que toda gira en torno a los comentarios recientes del presidente Gustavo Petro sobre un complot para derrocarlo en el que habría participación estadounidense. Algo que mencionó en abril pasado, cuando acusó a los representantes republicanos Mario Díaz-Balart y Carlos Giménez de intromisión y sugirió que Rubio estaría al tanto.

Petro reiteró dichas acusaciones hace tres semanas, durante un foro sobre paz y democracia en Cali, haciendo hincapié en el posible papel del secretario de Estado.

Dice un presidente vecino que Marco Rubio está organizando un golpe de Estado contra mí, dijo el mandatario colombiano en el evento, advirtiendo que una dirigente de la extrema derecha colombiana aliado con el narcotráfico estaba promoviendo el golpe con apoyo de fuerzas gremiales y contactos en EE. UU.

Según las fuentes, el Departamento de Estado le pidió al gobierno que se retractara públicamente de esas aseveraciones -particularmente las relacionadas con Rubio- y le dio una especie de ultimátum, con fecha límite, para hacerlo.

El Gobierno, sin embargo, se negó a la retracción y eso explicaría la llamada a consultas del encargado de negocios este jueves.

Sin embargo, este jueves, cuando ya se había desatado el impasse diplomática, Petro volvió a referirse al asunto, tratando de bajar el tono. No creo que Marco Rubio esté en un golpe de Estado contra Petro, porque los señores de la extrema derecha que estaban en eso no llegaron a su oficina (…) no creo que un gobierno que tiene como enemigo a Irán y unas bombas nucleares apuntando, un problema en Gaza y un problema en Ucrania y Rusia se ponga a pendejear con un golpe de Estado en la Gran Colombia, dijo el mandatario.

Leyva intentó acercarse a Marco Rubio, secretario de Estado, con la intención de que ayudara a ejercer ‘una presión internacional’ que culminara con la salida del poder de Gustavo Petro

El contexto de la disputa

Esta semana, el tema se volvió a calentar luego que el diario El País, de España, publicó algunos audios del excanciller Álvaro Levya en donde el exfuncionario discute su estrategia para remover a Petro del poder y menciona una reunión con Díaz-Balart para discutir su idea.

Leyva intentó acercarse a Marco Rubio, secretario de Estado, con la intención de que ayudara a ejercer ‘una presión internacional’ que culminara con la salida del poder de Gustavo Petro, menciona El País en su publicación.

En los audios se escucha decir que Leyva estuvo en Estados Unidos con un tipo de primera fila: Mario Díaz-Balart. Los Díaz-Balart son los que están detrás del secretario de Estado.

Para la administración republicana resultaba inaceptable que se continuara enlodando el nombre del secretario de Estado.

Hace dos días, casi a la medianoche de este martes, Petro publicó un trino en el que pareció exculpar a Rubio, pero en términos vagos.

  

Lo peligroso no fue el secretario de Estado Marco Rubio, que no estuvo metido realmente. Lo más peligroso de la estrategia de Leyva fue que conectó a dos grupos armados: el Clan del Golfo y el Eln, dijo el mandatario.

Pero, además, se sumaron otras cosas, como la decisión de la fiscalía general de abrir una investigación con el propósito de determinar el contexto, autenticidad y alcances de los hechos denunciados en las grabaciones y que tendría un componente estadounidense.

Los otros impasses que calentaron la relación

Así mismo, la relación ya venía caliente por otra serie de impasses. Entre ellos la expulsión de EE. UU. del coronel Carlos Feria, que se encontraba como agregado de la Policía Nacional en la embajada de Colombia en Washington. Feria, ex jefe de seguridad del presidente Petro, e implicado en el escándalo del polígrafo contra la niñera de la ahora excanciller Laura Sarabia, salió del país este miércoles.

A su vez, la decisión de eliminar las exenciones de impuestos a los funcionarios colombianos en EE. UU. -según Washington, porque no existe reciprocidad- y el reciente informe de la ONU que da cuenta de los aumentos de cultivos ilícitos en el país a lo largo del año 2023.

En términos diplomáticos, la llamada a consultas de un embajador es una forma de expresar un profundo malestar con las decisiones de otro país y paso previo a la toma de medidas sancionatorias o el rompimiento parcial o total de relaciones diplomáticas.

Ambos países ya habían pasado otro momento de tensión extrema a comienzos de año, cuando Petro interrumpió el ingreso de dos aeronaves de EE. UU. que traían a inmigrantes deportados.

Trump respondió ordenando el cierre de los servicios diplomáticos de EE. UU., la suspensión de visas para funcionarios públicos, y medidas de revisión adicionales para colombianos en aeropuertos.

La retirada mutua de los jefes de misión es un paso muy serio en términos diplomáticos. Solo una disputa grave podría provocar tales acciones.

Algunas de estas, afirman las fuentes, volverían a imponerse si aparece una salida.

Entretanto, para el embajador de Colombia en EE. UU., Daniel García-Peña, el episodio reciente responde a una determinación adoptada por ambos países en ejercicio de su soberanía, y responde al legítimo uso de sus competencias internas.

Sin embargo, el diplomático hace un llamado a la mesura en las afirmaciones públicas de ambos países.

Las opiniones especulativas o inflamatorias no aportan al fortalecimiento de la conversación bilateral, ni al cuidado de una relación basada en el respeto mutuo, la cooperación y el entendimiento compartido.

En todo caso, la llamada a consultas de los representantes en ambos países se da en un momento crítico, pues EE. UU. está a pocos meses de decidir si certifica o no el desempeño de Colombia en la lucha contra las drogas y que podría dar pie a nuevas sanciones.

La retirada mutua de los jefes de misión es un paso muy serio en términos diplomáticos. Solo una disputa grave podría provocar tales acciones. Dada la naturaleza y la orientación política de ambas administraciones -la colombiana y la estadounidense-, resolver las preocupaciones existentes podría ser muy difícil, dice el ex embajador de EE. UU. en Colombia, Kevin Whitaker, quien agrega que podría decirse que este conflicto se ha estado gestando desde la disputa por los vuelos de migrantes en enero y que, aunque el problema inmediato se resolvió, las diferencias en la visión del mundo y el apetito de ambas administraciones por el conflicto hicieron que esto fuera casi inevitable.

En este momento -continúa Whitaker- estamos en aguas desconocidas en cuanto a las relaciones bilaterales. De ahí que se requiera más compromiso y más diplomacia. Todos deberíamos esperar e insistir en que se hagan todos los esfuerzos posibles para superar esta situación.

Sergio Gómez Maseri – Corresponsal de El Tiempo de Bogotá – Washington