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Los hermanos Rodríguez; La huella que los define, por Sebastián de la Nuez

Los Rodríguez y su padre

 

¿A través de un testigo de excepción, Héctor Pérez Marcano (apodado el Macho), he aquí un acercamiento al hombre que marcó para siempre a los hermanos Rodríguez, el guerrillero que se negó a acogerse a la pacificación de Rafael Caldera. Imagen de los hermanos Rodríguez con el padre, Jorge Antonio. 

Todo ―o casi todo― lo que se cuenta aquí está transcrito de lo que me contó el Macho una mañana en el OVNI, la pizzería del Centro Comercial Chacaíto donde solía asistir el viejo militante del MIR. Le quedaba enfrente de su apartamento, en el conjunto residencial Sans Souci. Allí, en su casa, le hizo Oswer Díaz Mireles una sesión de fotosr. Fue pocos meses antes de fallecer.

No iba al OVNI a comer pizza sino a tomarse un marroncito y hablar. Nada de lo que me dijo difiere esencialmente de lo que escribió en su libro. Pero ahora, escuchando la grabación en un Sony de los de antes, su narración adquiere matices cruelmente novedosos. Lo actual, de alguna manera, modifica incluso lo que antes se escuchó dentro de un contexto más… ¿ingenuo?

Los hechos, bajo esta luz, ya no son exactamente los mismos. Los hijos de Jorge Antonio Rodríguez re-significan el paso del padre por este mundo, que duró apenas 34 años. Jorge Jesús y Delcy Eloína. Ellos no son como son porque fueron unos bebés-probeta con los cuales experimentaban los cráneos de la genética; son lo que son por ser hijos de Jorge Antonio.

Y casi nadie conoció a Jorge Antonio mejor que el Macho.

El refugio del canario

Cuando llegaba a Caracas clandestinamente (no podía ser de otro modo), Jorge Antonio se enconchaba en el apartamento de un canario que quería independizar a sus islas del yugo colonizador español. Claro que la de los independentistas canarios es otra historia, pero no menos iluminada (encandilada, más bien) que la de sus hermanos caribeños inflamados de castrismo; en todo caso valga acotar que siempre hubo hermandad entre unos y otros a ambos lados del Atlántico. De hecho, todavía hoy, los escasos independentistas canarios que ralean por ahí se declaran «bolivarianos» como quien se declara chavista.

Jorge Antonio, por aquel entonces, cuando llegaba a Caracas y caía casa del canario, creaba Liga Socialista, que tenía un brazo armado, OR, Organización de Revolucionarios. Un brazo armado es un brazo armado, como quiera que lo pongan.

El MIR o Movimiento de Izquierda Revolucionario fue el origen de todo. Nunca fue pan de horno. Bastante gente valiosa lo había fundado el 9 de abril de 1960. Gente que creía ciegamente en una revolución en Venezuela destinada al fracaso. Rómulo Betancourt se los advirtió con aquello del arroz con pollo pero sin pollo. Otro dirigente adeco, Octavio Lepage, le diría al periodista Javier Conde (La conjura final, Editorial Alfa, 2012), hablando de las rupturas que había sufrido Acción Democrática:

La división del MEP fue mayor, pero desde el punto de vista generacional fue mucho más seria la del MIR porque AD perdió su generación de relevo, la generación que se había fogueado en la resistencia, la que estaba en actitud de sustituir a los viejos cuadros de dirección. Cuando ellos se marchan, empezaron a formarse aceleradamente unos nuevos dirigentes juveniles, pero nunca con la experiencia que habían logrado estos muchachos.

Jorge Antonio Rodríguez se benefició de esa compañía; había llegado desde Barquisimeto para asimilar esa experiencia, haciendo parte de un grupo con los mejores cuadros, mucho más dispuesto a sembrar la revolución que AD, tolda que desde el ámbito estatal se llevaba tan bien con Rockefeller y los demás yanquis. Eso era lo que enardecía a esta izquierda insurgente frente al quinquenio adeco de Rómulo, esa tendencia puntofijista tan Alianza por el Progreso.

Había gente que, desde fuera, apoyaba al MIR. El canario que enconchaba a Jorge Antonio en Sabana Grande era uno de ellos; era economista y trabajaba como auditor en algunas empresas, o sea, debía de ser un hombre asimilado al capitalismo y sin embargo, a la vez, representaba al MPAIAC en Venezuela. El MPAIAC fue el movimiento independentista canario que nunca alcanzó influencia en sus propias tierras. Pero ayudó a causar una tragedia. El mayor desastre de aviones de la Historia, un choque entre dos Boeing 747 sucedido en el aeropuerto Los Rodeos de Tenerife en marzo de 1977.

Este amigo del MPAIAC en Caracas, José Enrique Estrada, era muy reservado; el Macho lo tenía por hombre íntegro y fiel a la causa de Jorge Antonio. Lo escondía en su apartamento de la calle Las Flores de Sabana Grande. Fue su concha habitual. El mismo Pérez Marcano se albergó allí por periodos. Durante varios años. Y es él quien me cuenta:

Hace años lo vi por la calle, a Estrada, lo que quiere decir que se quedó para siempre en Venezuela. Era un colaborador clandestino del MIR. Yo estaba en el frente guerrillero con Gabriel Puerta Aponte, Américo Silva y Carlos Betancourt… ¡Era un disparate! ¡No había ni un campesino en el cerro El Bachiller! Fusionamos hombres y armas con el frente de oriente, que estaba en mejores condiciones.

Cuando en 1965 se disponía Héctor a viajar a Argelia, Estrada le dio una carta para que se la entregara al líder de su movimiento, Antonio Cubillo Ferreira. En efecto, se encontraron en Argel, se tomaron un café y le entregó la carta; más nada. Héctor había sido comisionado para participar en los preparativos de la Primera Conferencia Tricontinental, a celebrarse en enero del 66. Lo de tricontinental era por América Latina, África y Europa. Detrás de todo estaba Cuba y, detrás de Cuba, la URSS. Había muchos problemas para conformar las delegaciones porque en ese entonces los partidos comunistas latinoamericanos se habían dividido, unos eran prochinos y otros prosoviéticos. Héctor trabajaba en la conformación de las delegaciones nacionales.

Héctor me narró que en ese viaje andaba un poco azorado con todo aquel bululú; por ejemplo, en el caso del Perú, no hubo problema por la siguiente razón:

Se dividió muy bien, fundaron un movimiento guerrillero bajo el liderazgo de Luis de la Fuente Uceda, quien murió en la refriega. Era algo así como el Domingo Alberto Rangel del Perú.

Es decir, dividirse era lo mejor para no tener problemas.

La huella de Jorge Antonio, desde el recuerdo de HPM, indica camaradería, arrojo y ciertas dosis de cabezonería. Era un joven solidario o al menos así se desprende del relato de Pérez Marcano: se encargó de todo cuando Héctor bajó de la guerrilla (son sus propias palabras) pues fue quien le consiguió la concha donde Estrada. Permaneciendo Héctor enconchado, JA le llevaba los mensajes del frente y, al marcharse luego de visitarlo, llevaba consigo los de Héctor a la dirección o donde fuese preciso. No fallaba. Nunca le falló.

El partido de las divisiones

El MIR sufrió una división importante tras la elección de Rafael Caldera en el 68, cuando, al asumir la Presidencia, anuncia su política de pacificación. Ofrece a los grupos armados la vuelta a la legalidad, recuperando sus derechos democráticos sin amenaza de retaliación. En el 69 permanecía, por un lado, la guerrilla de occidente comandada por Douglas Bravo, que ya se había planteado el retorno. Se desmovilizaba el frente guerrillero «Simón Bolívar» de Lara, que había sido comandado en algún momento por Argimiro Gabaldón. Ese frente lo controlaba el Partido Comunista (PCV).

Por otro lado, seguía activo el frente del cerro El Bachiller, donde fungían como comandantes Moisés Moleiro, Fernando Soto Rojas, Eduardo Ortiz Bucarán y el propio Héctor Pérez Marcano; más el frente de oriente, comandado por Carlos Betancourt, Gabriel Puerta Aponte y Américo Silva (que murió en combate).

De modo que en el MIR un grupo estaba bien convencido del fracaso de la lucha armada cuando se anuncia la política de pacificación. Pero no todo el MIR estaba convencido:

Los que estábamos de acuerdo con la política de pacificación de Caldera, de una parte, y dos grupos dentro del partido que consideraban que sí había que continuar la lucha armada; pero esos dos grupos, entre sí, mantenían divergencias serias: de ahí nacen, entonces, Bandera Roja y OR, de modo que el MIR se divide en tres pedazos: los que retornan a la vida legal, Bandera Roja y Organización de Revolucionarios, brazo armado de otra organización que perdurará: Liga Socialista.

Héctor Pérez Marcano

Héctor Pérez Marcano fotografiado en 2022.

Liga Socialista será dirigida por Julio Escalona y Escalona será en su día, bajo el paraguas chavista, embajador alterno ante Naciones Unidas. El régimen chavista se llenó de exmiristas en diferentes posiciones: Lino Martínez, Escalona y Soto Rojas serán los representantes más importantes de aquello que alguna vez fue el MIR fundado en 1960. Soto Rojas fue presidente de la Asamblea Nacional antes, incluso, que Diosdado Cabello. En la Liga Socialista militaron, entre otros, Nicolás Maduro y Elías Jaua.

Quienes se dedicaron a reconstruir el MIR originario fueron Américo Martín, Moisés Moleiro, Rómulo Henríquez, Simón Sáez Mérida, Lino Martínez y el Macho. Un partido casi destruido por las escisiones pudo rehacerse, poco a poco, logrando recuperar su vigor desde la legalidad. Por primera vez derrotó al MAS en la dirección de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central, con la candidatura de Eduardo Semtei. Además, abarcó todas las federaciones en Guayana, hasta el punto de ganar las elecciones de Sutiss, el sindicato de los trabajadores siderúrgicos. Tenía influencia también en el sector petrolero del Zulia. El partido crecía. En el 73, con Américo Martín a la cabeza, tuvo una buena figuración en las elecciones nacionales. Sacó un parlamentario. En el 78, cuatro diputados. Ese año hubo cuatro opciones por la izquierda: Américo, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Héctor Mujica y José Vicente Rangel.

Pero entonces se gestaba una nueva divergencia: Américo, por un lado; del otro, el sector liderado por Moisés Moleiro y el propio Héctor. El primero quería olvidar el marxismo-leninismo. Los segundos, no. Entonces habría de surgir el MIR-Américo y el MIR-Moleiro. Se luchó por la legalidad ante el Consejo Supremo Electoral: los símbolos, el nombre. El asunto llegó a la Corte Suprema de Justicia y allí se produjo un dictamen a favor del MIR-Moleiro. Eso fue ya en 1986.

De modo que se consagró la división, pues entonces Américo, junto con otros dirigentes, fundó Nueva Alternativa, opción a la cual se sumó gente que venía del PCV, como por ejemplo Guillermo García Ponce, y otros que habían sido de URD. Aunque la decisión del TSJ fue en el 86, ya los del bando de Américo habían participado en 1983 como Nueva Alternativa. El excomunista Eduardo Machado también estuvo en ese ventetú de Américo. En 1988, el MIR que se quedó con los símbolos y el nombre decidió fusionarse con el MAS bajo el paraguas de la candidatura de Teodoro Petkoff. Ahí terminó su aventura a través de la Venezuela democrática.

El secuestro

El MIR dio de todo, en todas las circunstancias. Algunos de los dirigentes que había cobijado o formado en su seno se involucraron, por ejemplo, en un secuestro. La OR fue una organización que se gestó en medio de la escisión del 69.

A Jorge Antonio lo torturan hasta la muerte en tiempos en que Octavio Lepage se desempeña como ministro del Interior, es julio de 1976 y Carlos Andrés Pérez lleva dos años de mandato constitucional; la oferta de Rafael Caldera a los grupos en rebelión ha pasado de largo.

Jorge Antonio fue un dirigente importante dentro del MIR, dominaba el sector juvenil junto a Escalona; solo que al final se quedó en el lado de los más radicales: allí estaban, además de Escalona y él, un dirigente llamado Carmelo Laborit y otro llamado Marcos Gómez. Jorge Antonio era, en todo caso, un dirigente legal puesto que, hasta que lo detienen y lo torturan por el secuestro de William H. Niehous, no habían podido acusarle de nada.

Pérez Marcano resumió de este modo su visión sobre Jorge Antonio:

En ese entonces [se refiere a la época del secuestro] teníamos unos dirigentes en la lucha armada y otros que eran legales. Se sabía que estaban en alguna actividad pero no podían acusarlos de nada en concreto. Yo conocí muy bien a Jorge porque fuimos grandes amigos. Él comenzó su actividad política en Barquisimeto, en el Liceo Lisandro Alvarado. En esa época, Lara era una especie de semillero de dirigentes del MIR. Hacían su pasantía como dirigentes estudiantiles y, después, llegaban a Caracas, entraban en la Universidad… Justamente ese fue el caso de Jorge como dirigente de educación media allá en Lara y luego en Caracas, primero formando parte de la juventud del Partido Comunista. Cuando se plantea la política de pacificación de Caldera, tuve una entrevista (autorizada por el partido) con el viceministro de Relaciones Interiores para discutir la posición del MIR frente a esa propuesta gubernamental. El vice se llamaba Roberto Palazzi, y su jefe, Lorenzo Fernández. Esa reunión se realizó por intermedio de José Vicente Rangel. Cuando se realiza ya yo había bajado de la montaña. Jorge no asistió pero sí me acompañó después al frente guerrillero, para informarle a la dirección. Durante el viaje discutimos sobre las propuestas oficiales, pero él seguía siendo enemigo de regresar a la legalidad. Llegamos a discutir, sí, pero en buenos términos. Éramos amigos. Así que llegamos, subimos y explicamos. Se abrió una gran discusión.

¿Cuánto habrá durado ese viaje en carro desde Caracas a oriente? ¿Jorge Antonio, en su empecinamiento, tal vez por un momento se vio en la legalidad, pensó en su esposa y en sus dos hijos mientras viajaba ¿Lo asaltó alguna duda «Jorge», dijo Héctor, «siempre tuvo una gran vinculación con la lucha armada, lo que pasa es que era sumamente hábil. Aun cuando el gobierno sospechara, no tenía pruebas de nada».

No tenían pruebas de nada pero, aun así, lo detuvieron en julio del 76. Se acaban de cumplir cincuenta años en 2026.

Cuando matan a Jorge Antonio, el Macho se encuentra en Libia, asistiendo a una conferencia internacional a la que había convocado Muamar el Gadafi, sobre la lucha de los pueblos contra toda forma de discriminación racial. Era un parapeto montado para apoyar el antisionismo. Héctor no sabía ―al menos eso fue lo que me dijo― si efectivamente Jorge Antonio estuvo involucrado en el secuestro del industrial William Frank Niehous, presidente de la transnacional del vidrio Owens-Illinois. El secuestro, en todo caso, nunca fue una opción desdeñada por la sublevación armada: allí están los casos del doctor Julio Iribarren Borges (era presidente del Seguro Social), del coronel Michael Smollen y del futbolista Alfredo Di Stéfano.

Pero hay algo que sí asegura el Macho:

―La OR había secuestrado a Niehous. Entonces, algo debía saber Jorge.

El industrial norteamericano desapareció durante tres años y cuatro meses.

El primer nombre que sale es Salom Mesa Espinosa, «un hombre de grandes méritos y gran luchador», según expresa Lepage en La conjura final. Había sido el organizador de la fuga del mártir adeco Alberto Carnevalli del Puesto de Socorro de Salas, donde se hallaba detenido. Eso fue durante la dictadura perezjimenista.

El segundo nombre en torno al caso es David Nieves, cercano a Jorge Antonio en la Liga Socialista. El tercero es un diputado de URD, Fortunato Herrera, quien al parecer apenas juega el papel del clásico «hablador de pistoladas» y cae por ello.

El otro nombre en los anales procesales del secuestro, Jorge Antonio. La única víctima fatal del caso, a fin de cuentas.

Lo primero que hizo Lepage, al enterarse del suceso, según relató al periodista Javier Conde, fue llamar al fiscal José Ramón Medina y ponerlo en autos delante del propio director de la Disip. «Yo ni siquiera sabía que estaba preso (…). Fue una brutalidad de la policía. No me pidieron permiso, no me alertaron», dijo. Agregó que, si le hubiesen informado, él, con su criterio político, sabiendo que Rodríguez era secretario de un partido y había presidido la FCU, les hubiese preguntado en qué fundamentaban ellos sus sospechas.

La Historia con mayúscula no la escribe la gente, se escribe ella a sí misma. Y se lleva por delante lo más vulnerable o lo más inocente ya que, por lo que se sabe, es bastante arbitraria. Se presenta por lo general minada de pequeñas torpezas y grandes calamidades. Luego vienen los traumas y las venganzas. Jorge Antonio Rodríguez había nacido el 16 de febrero de 1942. Murió el 23 de julio de 1976.

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Sebastián de la Nuez.

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