
Este viernes 9 de octubre de 2026 se anunciará en Oslo quién recibirá el Premio Nobel de la Paz 2026.
A punto de concluir el ciclo del Premio Nobel de la Paz 2025 otorgado a María Corina Machado, un reconocimiento que llenó de orgullo a millones de venezolanos dentro y fuera del país, vale la pena reflexionar sobre lo que este premio ha significado para la prolongada lucha de Venezuela por la libertad y la democracia.
Para los venezolanos, este reconocimiento representa un hito histórico. Se trata del primer Premio Nobel de la Paz en la historia de Venezuela, del séptimo otorgado a América Latina y del segundo concedido a una mujer latinoamericana. Su significado trasciende a una generación y pasa a formar parte del patrimonio histórico y democrático del país.
Para la diáspora venezolana en Noruega, este cierre viene acompañado también de una cierta nostalgia. Fue a partir de aquel momento cuando, por fin, encontramos oídos dispuestos a escuchar con genuino interés lo que llevábamos años denunciando y explicando.
Hace unos días, en vísperas del anuncio del próximo laureado, alguien me preguntó en Noruega si este premio había marcado alguna diferencia para Venezuela, especialmente a la luz del complejo panorama actual y de las dificultades que la propia María Corina Machado continúa enfrentando para regresar libremente a su país.
Mi respuesta fue simple: Sí.
Ningún Premio Nobel puede, por sí solo, desmantelar un sistema autoritario, restaurar las instituciones democráticas o garantizar elecciones libres y justas. Sin embargo, el Premio Nobel de la Paz tiene una capacidad única para dirigir la atención mundial hacia causas importantes, otorgarles un mayor peso moral y recordarnos conflictos y personas que corren el riesgo de ser olvidados.
Para Venezuela, el premio a María Corina Machado hizo precisamente eso.
De vuelta en la agenda internacional
En un momento decisivo, el premio devolvió a Venezuela a la agenda internacional.
Durante más de dos décadas, los venezolanos han sido testigos del progresivo debilitamiento de las instituciones democráticas, la persecución política, el colapso económico y el desplazamiento de millones de personas. La crisis se había vuelto crónica y muchos venezolanos sentían que el mundo había dejado de prestar atención.
El Premio Nobel de la Paz contribuyó a cambiar esta situación. Al reconocer a María Corina Machado, el Comité Nobel Noruego confirmó que la crisis venezolana no se trata simplemente de un conflicto político o una disputa ideológica, sino que es, en esencia, una lucha por la democracia, la dignidad humana, los derechos políticos y el derecho de un pueblo a elegir su propio futuro.
En un momento crucial, el premio volvió a colocar a Venezuela en la agenda internacional y recordó a los países democráticos que la lucha de los venezolanos sigue mereciendo la atención y el apoyo del mundo.
Esperanza dentro y fuera del país
Para los venezolanos que permanecen en el país, el premio ofreció algo que se necesitaba desesperadamente: esperanza. Aunque no eliminó la represión política ni resolvió los enormes desafíos que enfrenta la nación, transmitió un mensaje contundente: el coraje, la perseverancia y los sacrificios de los venezolanos no han pasado desapercibidos.
Para los millones de venezolanos que viven en el extranjero, el reconocimiento tuvo una importancia igualmente profunda. El Premio Nobel recordó que la lucha por la democracia continúa y que quienes viven fuera del país siguen siendo una parte importante de ella.
Para muchos, el premio transformó un sentimiento de distancia e impotencia en un renovado sentido de propósito y compromiso.
Un significado especial en Noruega
Para los venezolanos en Noruega, el reconocimiento generó al mismo tiempo una sensación de reivindicación y de responsabilidad.
Durante años, venezolanos y organizaciones de la sociedad civil venezolana en Noruega han advertido sobre el desmantelamiento sistemático de las instituciones democráticas, la persecución política, los crímenes de lesa humanidad, la censura y las consecuencias humanitarias del autoritarismo. Con demasiada frecuencia, estas advertencias fueron recibidas con escepticismo, incomodidad política o una renuencia a enfrentar realidades incómodas.
Como dijo Jørgen Watne Frydnes durante la ceremonia del Nobel:
Cuando los venezolanos pidieron al mundo que prestara atención, les dimos la espalda.
El Premio Nobel de la Paz no reveló nada que los venezolanos no supiéramos ya. Pero otorgó peso internacional a experiencias y preocupaciones que muchos de nosotros llevábamos años intentando introducir en el debate público de nuestros países de residencia.
La democracia necesita ciudadanos que actúen
Los movimientos democráticos no se sostienen únicamente gracias a las instituciones. Dependen de ciudadanos dispuestos a dar un paso al frente cuando las circunstancias lo exigen.
Una lección inspiradora en este sentido surgió precisamente de la sociedad civil durante la planificación en Oslo de los eventos del Nobel. El Consejo Noruego para la Paz, una organización paraguas que agrupa a entidades dedicadas a la paz y los derechos humanos en Noruega, anunció que (por segunda vez en 80 años) no organizaría la tradicional Marcha por la Paz de Oslo del 2025. Aunque esta organización no forma parte de las instituciones oficiales del Nobel, durante décadas había sido responsable de este emblemático evento ciudadano que acompaña las celebraciones del Premio Nobel de la Paz y que simboliza la esperanza en tiempos difíciles.
Muchos temieron que uno de los actos públicos más visibles y queridos de las celebraciones del Nobel no llegara a realizarse.
Ante esta situación, NorVen Alliance, una organización liderada por venezolanos, asumió la responsabilidad de coordinar la Marcha por la Paz de 2025 para asegurar la continuidad de esta importante tradición cívica. Con el respaldo del Centro Nobel de la Paz, del Municipio de Oslo y en estrecha colaboración con miembros del equipo de VENTE Mundo, decenas de voluntarios (incluyendo venezolanos que por sus propios medios vinieron de varias partes del mundo) hicieron posible que la celebración se llevara a cabo con éxito.
Más importante que la organización misma fue la lección que dejó aquella experiencia: cuando las instituciones enfrentan limitaciones, la sociedad civil puede responder.
La lucha está lejos de terminar
La lucha por una Venezuela democrática está lejos de haber concluido.
A pesar de las negociaciones en curso, cientos de presos políticos continúan encarcelados. Medio siguen bloqueados mientras periodistas y voces independientes siguen siendo amenazados y silenciados. Una crisis humanitaria que ya figuraba entre las más graves del mundo se vio agravada aún más por los dos grandes terremotos ocurridos en junio, que afectaron especialmente a las comunidades más vulnerables.
Y la propia galardonada todavía no ha podido ejercer el derecho democrático más básico que el premio celebra: la posibilidad de regresar libremente a su propio país.
Aun así, el Premio Nobel confirmó algo fundamental: la lucha democrática de Venezuela sigue siendo visible para el mundo, y el anhelo del pueblo venezolano de libertad, dignidad y democracia continúa resonando mucho más allá de sus fronteras.
En Oslo, durante la ceremonia del Nobel del 10 de diciembre de 2025, NorVen Alliance resumió lo que muchos venezolanos sentían con una observación sencilla:
El premio nos llevó de ser invisibles a ser visibles y por primera vez en muchos años, “sentimos que el mundo finalmente nos escucha.
El Premio Nobel de la Paz no significó que la lucha hubiera sido ganada, pero sí garantizó que esa lucha ya no pueda ser ignorada.
Del reconocimiento a la responsabilidad
Cuando este año Nobel llega a su fin, quizá su legado más duradero no sea únicamente el reconocimiento a una líder valiente a la estatura de figuras como Lech Walesa y María Ressa; sino también la confirmación de un espíritu colectivo.
Desde Caracas hasta Oslo, desde quienes continúan resistiendo dentro del país hasta quienes apoyan la causa desde el exterior, los venezolanos hemos demostrado que la democracia se defiende gracias a personas comunes que se niegan a aceptar la injusticia.
El Nobel nos recordó que el cambio democrático requiere tanto reconocimiento internacional como acción local. El Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado proyectó una poderosa luz sobre Venezuela.
Corresponde ahora a los venezolanos, dentro y fuera del país, mantener viva esa atención mediante la perseverancia, la organización y el compromiso con la reconstrucción democrática.
La entrada Un año después del Nobel para María Corina Machado, qué cambió para Venezuela, por Sonia Zapata se publicó primero en Emisora Costa del Sol 93.1 FM.
