
Los sondeos dan la mayor ventaja hasta la fecha a los demócratas e indican que las prioridades del presidente no están en sintonía con las preocupaciones de los votantes. Donald Trump, el pasado miércoles 23-9-2026, antes de ir a recibir al aeropuerto a Xi Jinping, gesto inédito desde los tiempos de John F. Kennedy.
Hay una frase en la neolengua trumpista que se usa para indicar que el presidente de Estados Unidos está encima de los asuntos, enfocado [en ellos] con la precisión de un láser. El problema a 38 días de las elecciones de mitad de mandato (las midterms) es que las encuestas indican que los votantes no están conformes con los temas a los que Trump está apuntando con ese láser.
Las obsesiones que lo gobiernan estos días son, entre otras: los proyectos arquitectónicos que ha emprendido o quiere acometer en la Casa Blanca y en Washington; los ataques a tres medios cuya cobertura no le gusta; la promoción del miedo al comunismo; su enriquecimiento personal y el de su familia; y la promoción (y el cambio de nombre) de la inteligencia artificial (IA), que está tratando de rebautizar −sin mucho éxito, pero con gran empeño− como superinteligencia.
Metodología: Promedio ponderado según la calidad de la encuestadora, el tamaño de la muestra y la fecha de cada sondeo, y corregido por la inclinación sistemática de cada casa. Cuando una encuesta publica varias versiones, se usa la de todos los adultos. La banda sombreada indica el margen de incertidumbre del promedio. Los puntos muestran cada encuesta.
Los electores y los candidatos republicanos en los distritos más reñidos desearían que sus prioridades fueran otras, como reducir el costo de la vida; bajar el precio de la gasolina y el diésel (que esta semana marcó un récord histórico, con su arrastre inflacionario); que se cortase un poco con la corrupción; o acabase con la guerra de Irán. También preferirían que se tomara en serio la amenaza de la IA, en vista de que sus gurús ya la pintan abiertamente como potencialmente catastrófica para la humanidad, y que pusiera coto a sus centros de datos, convertidos en un unicornio blanco electoral, uno de esos rarísimos asuntos que ponen de acuerdo a izquierda y a derecha.
Esta semana, nuevos ejemplos han abundado en esa disonancia. Empezó con la bronca con tres medios, a los que prohibió la entrada en la Casa Blanca para castigarlos por, dijo, lo que escribían sobre él, aunque luego sus abogados cambiaran el argumento, cuando ya era demasiado tarde, por el de la defensa de la seguridad nacional. Continuó con una intervención ante la ONU con un discurso que pareció el mitin de la campaña de un candidato con una brillante hoja de servicios, reñida, eso sí, con la realidad. Y ha terminado con el recibimiento con más honores que resultados al presidente de China, Xi Jinping, mientras su Administración publicaba un polémico vídeo contra el comunismo y a favor del ego del presidente. La controversia vino más por el hecho de estar pagado con dinero público que porque la música la pusiera un coro que repetía Quiéranme sobre un bombardeo de imágenes de Trump. A su vanidad, seguramente su mayor obsesión, hace tiempo que están los estadounidenses acostumbrados.


El mejor indicador
Ha sido también una semana de pésimas encuestas para el Partido Republicano. Los demócratas los aventajan en 8,4 puntos (la mayor distancia hasta la fecha), según un agregado de sondeos de la métrica conocida como la papeleta genérica, que es la que mejor fotografía ofrece en unas elecciones como las del próximo 3 de noviembre. Ese día se libran centenares de contiendas: se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado, pero también se decide el futuro de 36 gobernadores y de otros muchos puestos políticos. Para medir la intención de voto en una cita tan heterogénea, los encuestadores preguntan hacia qué partido se inclinan en abstracto los consultados.
Metodología: Promedio ponderado según la calidad de la encuestadora, el tamaño de la muestra y la fecha de cada sondeo, y corregido por la inclinación sistemática de cada casa. Los puntos muestran cada encuesta.
Además, la impopularidad del presidente sigue batiendo récords, y los electores le suspenden, según los últimos sondeos, en asuntos como la gestión de la guerra de Irán, el manejo de la economía, la inmigración o los aranceles.
Esos números no parecen influir en la trayectoria del láser de Trump. Tampoco el hecho de que cada vez más republicanos estén borrando de las webs de campaña las referencias a su figura y prefieran que este no los visite en sus distritos. O que los más desesperados (una decena, hasta el momento) hayan alzado la voz contra algunas de sus políticas.
Ahí están la congresista María Elvira Salazar (Florida), que publicó un vídeo criticando la brutalidad del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas), o el candidato al Senado por Míchigan Mike Rodgers, que dijo en un anuncio electoral que los estadounidenses no pueden esperar más por el fin de la guerra de Irán. Trump prometió ante la ONU que este llegará al día siguiente de las midterms, pero nadie se cree ya sus plazos tras siete meses de cambios constantes de idea. Tampoco se pueden descartar sus maniobras para subvertir las elecciones: entorpeciendo el acceso al voto o negando la legitimidad de su resultado.
Él no piensa en términos partidistas. Ni nacionales. Ni mundiales. Solo piensa en sí mismo, advierte en un correo electrónico el columnista conservador Jay Nordlinger, que cree que el presidente ya da por perdidas las elecciones y está pensando en la vida después de las mayorías republicanas en el Congreso. Nordlinger también apunta a unas declaraciones de Trump de hace un par semanas en Fox News. Seré un obstáculo [para los demócratas], dijo. Bloquearé todas sus malas iniciativas durante dos años.
Tras unas elecciones legislativas como las de noviembre, que tradicionalmente pierde el partido en el poder, la oposición tiene la capacidad de hacer encallar la agenda del Ejecutivo y hasta de plantear un impeachment (juicio político). Más si, como algunas encuestas ya vaticinan, esta vez los demócratas se hacen con el poder de las dos cámaras, algo que solo ha pasado en seis elecciones.
Trump es quizás el narcisista con más talento y éxito en la historia de Estados Unidos. Le importa profundamente dejar su huella en Washington, y le queda menos de un año para hacerlo antes de que la campaña de 2028 eclipse su presidencia, explica en una entrevista el profesor de Georgetown Michael Kazin, historiador del Partido Demócrata, que augura que el resto de la legislatura el presidente emitirá más decretos [igual que ha hecho desde que asumió el cargo por segunda vez] y desafiará a los tribunales a que los anulen.
Se podría decir que ya ha empezado el baile previo a la campaña de las próximas presidenciales, que, Kazin tiene razón, robará protagonismo al último año de Trump, que no puede volver a presentarse. Es una danza tímida, en la que nadie quiere llamar demasiado la atención hasta que no llegue el momento justo.
Mientras el vicepresidente, J. D. Vance, presentaba sus credenciales en la convención republicana de Dallas y fuentes de la Casa Blanca indicaban a los medios que su personal prefiere al secretario de Estado, Marco Rubio, el gobernador de California, Gavin Newsom, jugaba al despiste desde el lado demócrata al decir que si Kamala Harris se presenta en 2028, él se quitará de en medio. Harris hizo campaña esta semana en Míchigan junto a Abdul El-Sayed, que aspira a convertirse en el primer senador musulmán en el Capitolio de Washington con un programa socialista.
Aunque la gran protagonista ha sido Alexandria Ocasio-Cortez, con una entrevista a The New York Times en la que subía su apuesta por convertirse dentro de dos años en la primera latina en la Casa Blanca. El titular decía: La vida no espera a que una esté lista. Y en el texto, la congresista aseguraba que tomará una decisión después de las midterms tras dar por buena una idea extendida en Washington: A menudo en política solo se tiene una oportunidad.
Para Kazin, el problema de los demócratas es que la mayoría de los votantes no tiene claro qué defienden, ya que lo único que une a moderados y progresistas (sean socialistas o no) es la oposición a todo —o casi todo— lo que Trump ha hecho y dicho.
El problema para el presidente de Estados Unidos es que esa oposición, o, al menos, cierto desinterés, está cundiendo hasta entre los más fieles. Una investigación de The Wall Street Journal, publicada también esta semana, concluye, gracias a un rastreo con IA de 70.000 horas de podcasts MAGA, que las menciones por hora al comandante en jefe han caído estrepitosamente en los últimos meses, especialmente desde el inicio de la guerra de Irán. Curiosamente, las ratios de los locutores más a la izquierda se mantienen mucho más altas.
¿Y Trump? Este sábado amaneció con el láser apuntando en su cuenta personal de Truth (ese foro a primera hora del día es el mejor termómetro de sus obsesiones) hacia los medios de fake news, la idea de que Irán no puede tener armas nucleares o el bulo del cambio climático, que, pese a las evidencias científicas, volvió a negar el martes ante la ONU. También publicó un vídeo detrás de otro sobre sí mismo.
Iker Seisdedos – Javier Figueroa – El País de España
La entrada Las obsesiones de Donald Trump hunden a los republicanos en las encuestas de noviembre se publicó primero en Emisora Costa del Sol 93.1 FM.
