
Xi Jinping y Donald Trump caminan por la Casa Blanca, a su llegada a la cena de Estado en Washington.
El presidente chino ha llamado a Washington y Pekín a explorar nuevas vías de colaboración entre potencias. Donald Trump en la cena de gala con Xi Jinping; Nunca nos habíamos llevado mejor.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quería impresionar a Xi Jinping con una jornada de pompa y oropeles en la primera visita del líder chino a la Casa Blanca en 11 años, y guardó el plato fuerte para el final: un banquete de Estado para 134 invitados, con guiños a las dos culturas y un largo elenco de personalidades. Y en el que no hubo alusión alguna en los discursos, en el brindis o en los cordiales saludos entre los invitados, a las importantes tensiones en áreas clave de la relación bilateral más importante del mundo: ni a la inteligencia artificial ni a la frágil tregua arancelaria prorrogada momentáneamente.
Todos esos temas quedaron de lado en la sala Este de la Casa Blanca, engalanada para la ocasión en tonos rojos ―el color más auspicioso en la cultura china― y los dorados que Trump adora. En una mesa, el secretario de Energía, Chris Wright, saludaba al ministro de Exteriores chino, Wang Yi: He estado muchas veces en su hermoso país…, le comentaba. En la mesa principal, Elon Musk, el hombre más rico del mundo, y Jensen Huang, el consejero delegado de la empresa más valiosa del mundo, Nvidia, charlaban con Peng Liyuan, la primera dama china. En su discurso de brindis, Donald Trump sostenía que él y Xi nunca se han llevado mejor.
Y sorprendía a los presentes al anunciar un regalo para su invitado chino. Dos soldados estadounidenses, en uniforme de gala, procedían a retirar la cubierta de lo que hasta entonces parecía un adorno más: la talla de un águila calva, el emblema de Estados Unidos. La encarnación del espíritu libre e inmenso de Estados Unidos. Esperamos que tenga un bonito lugar, un lugar maravilloso, en Pekín, auguraba el republicano.
El presidente estadounidense, que había interrumpido el programa oficial para mostrar a su invitado sus innovaciones en la Casa Blanca ―el helipuerto en los jardines sur, las obras del salón de baile―, interrumpió también el texto previsto de su discurso para improvisar una invitación a los presentes a darse un paseo más tarde, terminada la cena, por esas obras del salón. Si lo hubiéramos tenido ya, hubiéramos podido invitar esta noche a un millar de personas, se lamentó.
En su respuesta ―y en un discurso más convencional―, Xi lanzó un llamamiento a los dos países a actuar como grandes potencias responsables, responder a las expectativas de nuestros pueblos… y explorar una nueva vía para que estas grandes potencias colaboren.
El menú el banquete buscaba acentuar esa colaboración. Ingredientes estadounidenses con una sutil influencia china, que aúnan las tradiciones culinarias de las dos naciones, lo describía la oficina de la primera dama, Melania Trump: Un fricasé de champiñón con crema de calabacín, lubina con bak choi y berenjenas y un cremoso de vainilla con helado de miel. La cena, precisaba la oficina, comenzó con un brindis del mismo vino compartido en Pekín por el primer ministro chino Zhou Enlai y Richard Nixon durante la visita del presidente estadounidense que restableció las relaciones entre los dos países.
La lista de invitados representaba un elenco del quién es quién en la tecnología estadounidense: Lisa Su, consejera delegada de AMD; el cofundador de Alphabet Serguey Brin; El director general de OpenAi, Sam Altman. Del lado chino, una delegación de cargos oficiales. Al contrario de lo que se había esperado en un primer momento, Xi no viajó acompañado de empresarios de su país: un primer indicio de que la cumbre de Washington no iba a arrojar grandes resultados concretos, más allá de apuntalar la estabilización del lazo bilateral.
En su discurso, Xi resaltó esa idea de estabilización: él y Trump, sostuvo, han mantenido intercambios sinceros y profundos, y han alcanzado un entendimiento sobre muchos asuntos.

El regaló de Donald Trump a Xi Jinping.
Los asuntos delicados ya se habían abordado previamente, en dos encuentros entre el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, el domingo y el miércoles. Ambas dieron como resultado sendos ―y modestos― acuerdos para prorrogar dos meses más la tregua comercial entre los dos países que expiraba el 10 de noviembre y para explorar un mecanismo de comunicación en caso de incidentes de inteligencia artificial que afecten a la seguridad nacional.
Los dos líderes tenían previsto abordar durante su encuentro todo tipo de temas, desde la guerra en Irán a Taiwán, pasando por la inteligencia artificial y el comercio bilateral. Todos ellos asuntos tan fundamentales como espinosos en la relación entre los dos colosos. Según la agencia de noticias china Xinhua, Xi abordó el asunto de la isla autogobernada, que Pekín considera parte de su territorio, para resaltar que la posición de China sobre la protección de la unificación nacional y la integridad territorial es inequívoca. El líder chino expresó la esperanza de que Estados Unidos mantenga su posición correcta de oponerse a la ‘independencia’ de Taiwán y gestione el asunto con prudencia.
China ha venido presionando a Estados Unidos para que deje de suministrar armamento a Taiwán, aunque Washington está obligado por ley a ese apoyo a la isla democrática. Tras la cumbre de mayo en la capital china entre Trump y Xi, la Administración republicana pospuso una venta de armamento por 14.000 millones de dólares. Trump ha descrito la venta de armas a Taipéi como una herramienta de negociación muy buena para tratar con Pekín.
La IA también parecía estar al frente de las preocupaciones de los dos líderes en el encuentro. Ambos se refirieron de manera expresa a esta tecnología, de la que sus respectivos países aspiran a ser líderes. Tanto China como Estados Unidos son grandes potencias en inteligencia artificial; tenemos la capacidad y la responsabilidad de desarrollar y gestionar la IA de forma eficaz, garantizando que su desarrollo permanezca bajo control humano y beneficie a la población, declaraba Xi en su alocución al comienzo del encuentro. Inmediatamente antes de recibir a su invitado, Trump había escrito en su red social, Truth, que la IA sería un gran asunto sobre el que debatir, pero que él quiere dejarla exactamente como está. Esta es también la posición de China, añadió.
Es la segunda vez en que los dos mandatarios se ven en lo que va de año, después de su reunión en Pekín en mayo. Habrá otras dos más antes de que termine 2026: en noviembre en Shenzhen (China), durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), y en diciembre en Miami, para la cumbre del G-20. Ambas tendrán lugar una vez que Estados Unidos haya celebrado sus elecciones de mitad de mandato y haya quedado claro si los republicanos mantienen el control absoluto de los poderes estadounidenses o si, como apuntan los sondeos, los demócratas consiguen hacerse con el control del Congreso.
Macarena Vidal Liy – El País de España
La entrada La cena de gala y un águila calva de regalo de Donald Trump para agasajar a Xi Jinping se publicó primero en Emisora Costa del Sol 93.1 FM.
