Aunque lejos de los máximos de 2024 y 2025, las fuertes fluctuaciones de ambas materias primas pueden agudizarse por el evento climático.
La amenaza de ‘El Niño’ tensa el mercado del café y el cacao.
El índice de bebidas del Banco Mundial —que agrega los precios mundiales del café, el cacao y el té— cayó un tercio en el segundo trimestre de 2026 frente a un año antes, y el organismo prevé que termine el año un 30% por debajo de 2025. El cacao y el café, que en 2024 y 2025 alcanzaron precios nunca vistos o máximos de varias décadas, parecían haber iniciado el camino de vuelta a la normalidad.
Pero la realidad de las últimas semanas lo cuestiona. El café arábica tocó el martes, 18 de agosto, máximos de seis meses y medio tras subir más del 5%, después de varias semanas a la baja, por el retraso de la cosecha brasileña 2026-2027: completada en un 90% a mediados de mes, frente al 97% del año anterior.
El cacao, por su parte, había tocado los 6.000 dólares por tonelada a comienzos de agosto —el doble que en el suelo de marzo— y en los primeros días de septiembre cotiza por encima de los 6.300 por las inundaciones en las cosechas de Costa de Marfil y Ghana.
El riesgo que sostiene los precios a medio plazo no está tanto en la cosecha actual como en la siguiente. El Centro de Predicción Climática de la NOAA (Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EE UU) sitúa en más del 90% la probabilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte en el otoño e invierno de 2026-2027. Pocas materias primas están tan expuestas como el cacao y el café: cultivos tropicales, concentrados geográficamente y sensibles al clima.
El riesgo ya estaba escrito en las previsiones más optimistas. Cuando el Banco Mundial pronosticó en primavera una fuerte caída de los precios para 2026, lo hizo apoyándose en la recuperación de la oferta mundial. Pero introdujo una salvedad: un El Niño más fuerte de lo esperado podía alterarlo. Apenas unos meses después, esa nota de cautela se ha convertido en el centro de la discusión.
Café y cacao no responden a las mismas dinámicas, pero comparten una debilidad fundamental: una parte muy elevada de la producción mundial depende de un puñado de países.
En el cacao, África occidental proporciona alrededor del 70% de la oferta global, con Costa de Marfil y Ghana a la cabeza. Según la gestora WisdomTree, todos los episodios fuertes de El Niño de los últimos 55 años han reducido la producción mundial de cacao: el de 2023-2024 provocó lluvias excesivas y luego calor y vientos secos en la región, lo que impulsó las cotizaciones a máximos históricos.
El café presenta una concentración semejante, aunque con otra geografía: Brasil domina el mercado de arábica y Vietnam el de robusta. Algunas regiones brasileñas pueden beneficiarse de mayores precipitaciones durante un episodio de El Niño, mientras Vietnam e Indonesia afrontan mayor riesgo de calor y sequía. Entre los dos producen alrededor de la mitad del café robusta mundial.
Reflejo en los precios
La vulnerabilidad climática ya se refleja en los precios. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) calculó que los precios mundiales del café aumentaron un 38,8% en 2024; a finales de aquel año, el arábica costaba un 58% más que 12 meses antes, y el robusta un 70% más en términos reales. Un estudio de la propia FAO publicado en julio apunta a un problema más estructural: los shocks de oferta y demanda explican el 93% de las oscilaciones de precios del café y el 89% de las del cacao a corto plazo, amplificados por la concentración geográfica de la producción.
En el caso del cacao, enfrenta otra incertidumbre a medio plazo. Europa compra dos tercios de las exportaciones de África occidental, y las nuevas exigencias europeas contra la deforestación obligan a demostrar la trazabilidad hasta la explotación agrícola. El sector, formado por cientos de miles de pequeñas plantaciones, acelera el registro y geolocalización de las fincas, pero hay dificultades para reunir suficiente cacao certificado, lo que podría generar una prima de precio y tensionar el mercado europeo.
Mientras tanto, el mercado empieza a mostrar las cicatrices de los precios extremos. El consumo mundial de chocolate cayó un 4,4% en el tercer trimestre fiscal (de marzo a mayo), según el mayor fabricante mundial, Barry Callebaut. La propia compañía, sin embargo, ganó cuota dentro de ese mercado en contracción: creció un 5,7% en volumen, su primer trimestre en positivo en dos años, gracias al abaratamiento del cacao en la primera parte del ejercicio en curso.
El consumidor conoce ya la otra cara de esta historia: el chocolate no sigue al cacao al mismo ritmo. Según la FAO, las subidas del cacao se trasladan al chocolate en la Unión Europea antes de tres meses, y ese encarecimiento continúa hasta 18 meses después. Cuando el cacao baja, el recorrido es el contrario: la rebaja llega más tarde, es más pequeña y dura menos. El resultado es un desfase que puede superar el año: el chocolate que hoy se paga en el supermercado sigue reflejando en parte la subida de hace meses.
Las cuentas empresariales muestran ese desfase. JDE Peet’s, uno de los mayores grupos cafeteros mundiales, calcula que afrontó 1.600 millones de euros de inflación adicional de costes en 2025, en su mayor parte por la escalada del café verde, un fenómeno que calificó de “sin precedentes”. Para compensarlo, subió sus precios un 19,5% y disparó sus ventas orgánicas un 15,3%. En buena medida son esas subidas de 2025 las que el consumidor sigue pagando hoy.
En España empiezan a aparecer señales en sentido contrario. La rúbrica que agrupa café, cacao e infusiones en el IPC cayó un 1,5% interanual en julio de 2026 y acumula un descenso del 2% desde comienzos de año, según el INE: los precios al consumidor empiezan por fin a reflejar la corrección de las cotizaciones internacionales.
La ironía es que ese alivio llega justo cuando el riesgo vuelve al mercado mundial. Si el patrón de transmisión que describe la FAO se repite, una nueva subida en origen tardaría meses en notarse en el supermercado, pero acabaría haciéndolo.
Volatilidad como norma
Las cosechas han mejorado y las cotizaciones permanecen muy por debajo de sus máximos. El Banco Mundial sigue esperando una fuerte corrección de los precios en 2026, y la industria del chocolate empieza a detectar cierta recuperación del consumo a medida que baja el cacao.
Pero los problemas provocados por la crisis anterior no han desaparecido. La producción sigue concentrada en pocas regiones, los inventarios tardan en reconstruirse y las plantaciones no pueden crecer con la rapidez de una fábrica. A eso se añade un clima cada vez más imprevisible.
Café y cacao pueden haber entrado en una etapa distinta: una en la que una cosecha favorable permite respirar —y ese respiro llega por fin hasta el consumidor español—, pero en la que basta con que cambie el tiempo a miles de kilómetros para que las dos treguas, la del mercado y la del supermercado, vuelvan a cuestionarse a la vez.
Carlos Ruano Navarro – El País de España
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