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La clase trabajadora como motor de la reconstrucción nacional, dijo Arsenio Henríquez

Arsenio Henríquez

 

​El marco de convenios energéticos entre Venezuela y los Estados Unidos, sumado a los anuncios realizados por la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, sobre la recuperación del salario, las pensiones y las jubilaciones, abre una coyuntura estratégica para la clase trabajadora venezolana. Tras años de presiones externas y severa asfixia económica, la reactivación de la capacidad productiva del sector energético representa un respiro indispensable para las finanzas públicas y el bienestar familiar.

​Sin embargo, desde la perspectiva sindical y del movimiento obrero organizado, la postura debe ser clara y categórica: un reajuste salarial o una mejora en el régimen de pensiones, siendo logros necesarios e impostergables, no agotan el compromiso ni la misión histórica de las fuerzas laborales. La reivindicación monetaria es la plataforma inicial, pero no el destino final; el objetivo de fondo es la edificación de un modelo socioeconómico sólido, soberano y sustentable.

​El verdadero desafío de las fuerzas sindicales radica en asumir un rol activo en la reconstrucción integral de la patria. El salario recobra su valor real únicamente cuando marcha de la mano con la recuperación del entorno social: servicios públicos eficientes, un sistema de salud pública digno y equipado, una educación de calidad para las familias trabajadoras y una red de vialidad e infraestructura que impulse el aparato productivo. Sin la transformación de las condiciones estructurales del país, cualquier mejora en el ingreso corre el riesgo de erosionarse ante la especulación o la ineficiencia.

​En este escenario, la clase trabajadora organizada debe desmarcarse con firmeza de la agenda promovida por los sectores de la oposición radical. Dichos grupos, enfocados en esquemas de confrontación e intereses ajenos a la realidad nacional, han apostado sistemáticamente al deterioro de las instituciones y la paralización del país como vía de presión política. Su estrategia no contempla soluciones reales para los servicios básicos ni proyectos para el desarrollo económico; por el contrario, ha alimentado la incertidumbre en perjuicio de la familia venezolana.

​Sumarse a un proyecto de reconstrucción nacional exige superar el rol pasivo y convertirse en una vanguardia propositiva y fiscalizadora. El movimiento sindical tiene el deber de liderar la contraloría social, combatir la burocracia y la corrupción, y aportar soluciones concretas desde los centros de trabajo para optimizar la producción y la prestación de servicios.

​Las nuevas alianzas energéticas y los anuncios de ajuste salarial deben ser la palanca para consolidar una alianza estratégica entre el Estado y la fuerza laboral. Es el momento para que los trabajadores venezolanos demuestren que no solo constituyen la fuerza productiva que genera la riqueza del país, sino también el pilar consciente que garantiza su estabilidad, su soberanía y su progreso colectivo.

Nota de prensa.

 

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