Canadá afronta nuevos aranceles de EE. UU., después de que el primer ministro Mark Carney se negara a igualar los gravámenes de Washington a China. En la disputa está en juego la soberanía económica canadiense.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, pronuncia unas palabras al anunciar un contrato de 1.300 millones para la construcción de rompehielos en los astilleros Davie de Lévis, Quebec, el 24 de agosto de 2026.
Canadá ha recibido elogios discretos por negarse a ceder ante la presión del presidente de EE. UU., Donald Trump, en la prolongada disputa sobre los aranceles comerciales.
Las últimas negociaciones entre los vecinos norteamericanos fracasaron el 21 de agosto. Hasta el último momento, ambas partes hablaban como si un acuerdo estuviera al alcance de la mano.
A continuación, Estados Unidos impuso aranceles del 50 % a productos canadienses por valor de unos 20.000 millones de dólares, mientras que Ottawa se comprometió a aplicar aranceles equivalentes a las importaciones estadounidenses.
Hasta que fracasaron las negociaciones, la estrategia de Canadá consistía en alcanzar un acuerdo que redujera los aranceles y mantuviera en funcionamiento las cadenas de suministro transfronterizas, especialmente en los sectores del automóvil y del acero.
Sin embargo, se acusó a los negociadores estadounidenses de cambiar las condiciones en el último momento, lo que, según la parte canadiense, les habría obligado a igualar los aranceles que Estados Unidos aplica a China.
De acuerdo con Ottawa, Washington quería tener voz y voto en futuros acuerdos comerciales con otros países e impedir que los productos chinos se canalizaran a través de Canadá para eludir los aranceles estadounidenses.
La disputa comercial se convierte en una cuestión de soberanía
Dan Ciuriak, investigador principal del Centro para la Innovación en Gobernanza Internacional, con sede en Canadá, comparó el plan de Trump de igualar los aranceles con el establecimiento de una Fortaleza de Norteamérica, lo que, según él, se ha convertido ahora en una cuestión de soberanía para Ottawa. Canadá es una nación comercial, declaró Ciuriak a DW. Si nos alineamos con los estadounidenses ―sobre todo en lo que respecta a China―, acabaremos sacrificando nuestra política comercial.
Existe un precedente reciente. Cuando Estados Unidos impuso aranceles del 100 % a los vehículos eléctricos chinos el año pasado, Canadá siguió su ejemplo. Pekín tomó represalias con aranceles del 100 % contra uno de los principales productos de exportación de Canadá: la colza. Las exportaciones canadienses de aceite, harina y semillas de colza a China, valoradas en 4,9 mil millones de dólares, se redujeron a la mitad el año pasado, según datos del Consejo Empresarial Canadá-China.
El país más pequeño es el que sale más perjudicado en este tipo de juego. Esa es, por tanto, una razón de peso para que Canadá cuente con una política comercial independiente, afirmó Ciuriak. Al fracasar las negociaciones entre EE. UU. y Canadá, Ottawa también se quejó de que Washington hubiera solicitado una exención de las normas relativas a las películas y programas en francés. Canadá afirmó que esto suponía una injerencia en su lengua y su cultura.
Un cartel muestra el cambio de nombre del lago Ontario al lago América, mientras el presidente de EE. UU., Donald Trump, firma un decreto ejecutivo sobre dicho cambio de nombre.Un cartel muestra el cambio de nombre del lago Ontario al lago América, mientras el presidente de EE. UU., Donald Trump, firma un decreto ejecutivo sobre dicho cambio de nombre.
Trump ha ordenado a las autoridades estadounidenses que cambien el nombre del lago Ontario por el de lago América.Imagen: Al Drago/UPI Photo/IMAGO
Los canadienses respaldan a Carney
A pesar de la incertidumbre y del mayor coste que supone para las empresas esta postura, el enfoque del primer ministro canadiense Mark Carney en las negociaciones con EE. UU. cuenta con un amplio apoyo público. Una encuesta realizada la semana pasada por el Instituto Angus Reid reveló que tres de cada cuatro canadienses respaldaban esta postura más dura, a pesar de las preocupaciones sobre el impacto en la economía nacional.
Ciuriak señaló que las pullas de Trump sobre convertir Canadá en el 51 estado de EE. UU. y sus amenazas de convertir el lago Ontario en el lago América han animado a los canadienses de a pie a boicotear los viajes y los productos estadounidenses. Los viajes de los canadienses a Estados Unidos se han desplomado, afirmó. Se ha producido una reacción popular entre los consumidores contra la compra de productos estadounidenses.
Los nuevos datos del Gobierno muestran que los canadienses realizaron casi 500.000 viajes menos a EE. UU. en los tres primeros meses de 2026 y gastaron unos 800 millones de dólares menos en esas visitas. Una encuesta realizada el mes pasado por el Instituto Angus Reid reveló que el 40 % de los canadienses que compran en supermercados comprobaban el origen de los productos y que la mayoría de ellos evitaba los productos estadounidenses siempre que podían.
Aunque ambas economías están estrechamente vinculadas, los nuevos aranceles estadounidenses solo se aplican a alrededor del 5 % de los 382.000 millones de dólares en mercancías que Canadá exporta a su vecino del sur.
El Royal Bank of Canada advirtió de que la ausencia de un acuerdo afectaría al 0,4 % del producto interior bruto (PIB) y al empleo, mientras que el economista de la Universidad de Calgary Trevor Tombe estimó que podría costar hasta 90.000 puestos de trabajo.
La postura de Canadá es objeto de gran atención a nivel mundial
Otros Gobiernos también están atentos a cómo se desarrolla el enfrentamiento con Trump.
Durante sus propias negociaciones, la Unión Europea, el Reino Unido, Japón, Corea del Sur y docenas de socios más pequeños acordaron reducir los aranceles a cambio de acceso al mercado, compromisos de inversión o alineación con la política estadounidense.
Solo China ha hecho frente hasta ahora a la amenaza arancelaria de Trump, respondiendo a los aranceles con aranceles y negociando como una superpotencia en pie de igualdad, en lugar de aceptar el primer acuerdo que se le ofreciera.
Carney advirtió en el Foro Económico Mundial de Davos, celebrado en enero, que las potencias medias deben actuar de forma conjunta, y señaló que, si no estaban en la mesa, acabarían en el menú.
Por ahora, Carney mantiene la línea en gran medida por su cuenta. Los nuevos aranceles canadienses sobre productos estadounidenses por valor de 20.000 millones de dólares, entre los que se incluyen el acero, el aluminio, los productos lácteos, la electrónica y la maquinaria agrícola, entrarán en vigor el 8 de septiembre. Es probable que se enfrenten a represalias por parte de EE. UU.
DW
La entrada La guerra arancelaria de Estados Unidos se convierte para Canadá en una cuestión de soberanía y desafían Donald Trump se publicó primero en Emisora Costa del Sol 93.1 FM.

