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María Corina Machado, la figura que espera la fase final de la transición venezolana

 

Según el analista Antonio De La Cruz, el papel de la Nobel de la Paz será encabezar la alternativa democrática cuando se defina la elección presidencial.

La ausencia de María Corina Machado de las negociaciones que se desarrollan entre representantes de la oposición y sectores vinculados al chavismo no significa que la Nobel de la Paz y líder opositora haya quedado al margen de la transición venezolana. Por el contrario, el analista Antonio De La Cruz considera que Machado está reservando su protagonismo para la etapa decisiva del proceso: la definición de un cronograma electoral y la posterior contienda por la Presidencia de Venezuela.

De La Cruz, presidente de Inter American Trends y analista de tendencias políticas, económicas y energéticas, explicó durante una conversación con la periodista Carla Angola que Machado no forma parte de la mesa actual porque no pertenece a la Asamblea Nacional electa en 2015, institución que participa en las conversaciones. Su papel, según el especialista, será diferente al de los representantes que actualmente negocian aspectos institucionales de la transición.

La lectura del analista coloca a Machado en el centro de la siguiente fase del proceso. Una vez que exista una ruta electoral definida, la dirigente opositora deberá asumir el papel que, de acuerdo con De La Cruz, le corresponde como futura candidata presidencial.

María Corina Machado no está fuera de la transición

La participación de Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional de 2015, en las conversaciones con sectores del chavismo responde a una dimensión institucional del proceso. Machado, en cambio, representa el liderazgo político que deberá entrar en escena cuando la transición llegue al terreno electoral.

La diferencia es fundamental para entender por qué la líder opositora no aparece en la mesa de negociación.

No se trata, según De La Cruz, de una exclusión política ni de una pérdida de influencia. Machado no pertenece a la estructura institucional que actualmente participa en esas conversaciones y su función es otra: encabezar la alternativa política que deberá competir cuando los venezolanos sean convocados nuevamente a las urnas.

La dirigente ha construido ese liderazgo sobre la exigencia de elecciones libres y el reconocimiento de la voluntad expresada por los venezolanos en las presidenciales de 2024. Por ello, su principal desafío no está en ocupar un puesto en una negociación institucional, sino en asegurar que esa negociación conduzca finalmente a una elección competitiva.

El cronograma electoral marcará el momento de Machado

Para De La Cruz, la definición del cronograma electoral será uno de los momentos decisivos de la transición.

Hasta ahora, la discusión se concentra en aspectos institucionales: quiénes participan en las conversaciones, qué instituciones pueden ser reconocidas, cómo se reconstruirá el sistema electoral y qué garantías deberán existir para avanzar hacia una nueva etapa.

Pero cuando se establezca una fecha y unas condiciones para las elecciones, el escenario cambiará.

Será entonces cuando Machado deba pasar de la conducción política de la oposición a la competencia directa por el poder. El establecimiento del calendario electoral permitirá definir candidaturas, condiciones de participación y garantías para una elección presidencial.

En esa etapa, sostiene De La Cruz, la figura de Machado adquirirá un peso todavía mayor.

La negociación es un medio, no el objetivo

El análisis del especialista también plantea una distinción entre la negociación que se desarrolla actualmente y el objetivo final de la transición.

La mesa en la que participan representantes de la Asamblea Nacional de 2015 y sectores del chavismo busca avanzar sobre asuntos institucionales. Pero esa negociación no constituye por sí misma la transición democrática ni determina quién gobernará Venezuela.

Su importancia radica en si consigue crear las condiciones para que el país pueda avanzar hacia elecciones libres.

Por ello, la ausencia de Machado de esas conversaciones no debe interpretarse como una señal de debilidad. Su papel político se encuentra vinculado a una etapa posterior, cuando la discusión pase de la reconstrucción institucional a la decisión sobre quién debe gobernar el país.

Las transiciones no son altruistas

De La Cruz introduce además una advertencia sobre el papel de Estados Unidos. Las transiciones políticas, sostiene, no son procesos altruistas, sino estratégicos.

Washington tiene sus propios intereses en Venezuela, relacionados con seguridad, energía, estabilidad regional y geopolítica. Por ello, su participación en la transición responde también a objetivos estadounidenses.

El respaldo de Estados Unidos a la Asamblea Nacional de 2015 y su impulso a las conversaciones deben entenderse dentro de esa lógica.

Para la oposición venezolana, el desafío consiste en aprovechar ese respaldo internacional sin perder de vista su propio objetivo: recuperar la democracia y garantizar que sean los venezolanos quienes determinen mediante el voto quién debe ejercer el poder.

La coincidencia entre los intereses estratégicos de Washington y la demanda democrática venezolana puede favorecer el proceso, pero no convierte a Estados Unidos en el protagonista de la transición.

La Asamblea de 2015 y el papel de Dinorah Figuera

El reconocimiento estadounidense de la Asamblea Nacional de 2015 vuelve a colocar a esa institución en un papel relevante.

Dinorah Figuera, como presidenta de ese Parlamento, participa en la nueva etapa de conversaciones. Su función está vinculada con la reconstrucción institucional y con la representación de una estructura que Estados Unidos continúa reconociendo como expresión de legitimidad democrática.

Pero esa función es distinta de la que corresponde a Machado.

Figuera participa en una instancia institucional; Machado representa el liderazgo político que deberá expresarse electoralmente.

Esta diferencia permite explicar por qué ambas pueden desempeñar papeles complementarios sin que la participación de una implique el desplazamiento de la otra.

La fase 3 apunta hacia las urnas

De La Cruz considera que el proceso avanza hacia una tercera fase en la que la discusión deberá concentrarse en las condiciones para una elección.

El Consejo Nacional Electoral será una de las piezas centrales. La reconstrucción del árbitro electoral deberá garantizar que las futuras elecciones sean competitivas y confiables.

También será necesario abordar la situación de los presos políticos, las garantías para los dirigentes opositores y las condiciones para el retorno de quienes permanecen fuera del país por razones políticas.

El objetivo no puede ser simplemente organizar una elección, sino garantizar que el voto pueda producir efectivamente una alternancia en el poder.

El chavismo también juega sus cartas

Mientras la oposición busca llevar la transición hacia elecciones libres, los sectores vinculados al chavismo intentarán preservar espacios de influencia.

Figuras como Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez forman parte de la ecuación política que deberá ser considerada en cualquier negociación.

De La Cruz advierte, sin embargo, que una transición no supone necesariamente la desaparición inmediata de quienes forman parte del sistema de poder. Los procesos de cambio suelen incluir negociaciones, garantías y acuerdos destinados a evitar una ruptura que impida la reconstrucción institucional.

La diferencia estará en el resultado final: si esos acuerdos permiten una apertura democrática o terminan convirtiéndose en un mecanismo para preservar el poder bajo nuevas formas.

El momento de Machado llegará con las elecciones

La principal conclusión del análisis de De La Cruz es que el papel de María Corina Machado debe medirse en función de la etapa en la que se encuentra el proceso.

Ahora, la discusión está concentrada en la negociación institucional. Después vendrá la fase electoral.

Y es en esa segunda instancia donde Machado deberá ocupar el centro del escenario.

Su ausencia de las conversaciones actuales no significa que haya cedido su liderazgo ni que otros actores estén ocupando su lugar. Significa que la dirigente no participa de una estructura institucional a la que no pertenece y que su principal capital político está reservado para la competencia electoral.

Cuando exista un cronograma presidencial, la pregunta ya no será quién participa en la mesa de transición, sino quién encabezará la alternativa democrática frente al chavismo.

El Diario Las Américas

 

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