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Gloria Cuenca presentó su libro; Segunda explicación de mi regreso

 

Periodista, comunicóloga, Gloria Cuenca autora del libro: Segunda explicación de mi regreso.

¿Explicar? Para qué.

La toma de consciencia sobre nuestros actos implica, para la mayoría de las personas, una reflexión introspectiva densa, en algunos casos dolorosa y en otras un gran alivio, entre las múltiples sensaciones que aparecen. Podemos decir, con certeza, “sentir cansa”, especialmente cuando se es intensa, como quien escribe.

Escribir es una tarea terapéutica para mí. En medio del caos que vivimos, poner fuera los recuerdos de las vivencias ocurridas, en un período de 2 décadas, turbulentas y dramáticas, llenas de preguntas, con medias respuestas, sin lograr ninguna explicación o con mentiras, falsedades e ilusiones inalcanzables, produce la sensación del deber cumplido. Soy docente desde siempre y por siempre. Mi país, mis amigos, mis hijos y nietos, también los lectores y seguidores, son afortunados o víctimas, depende de la situación y de  qué ocurra, por esa obsesión al explicar, aclarar y detallar que me compaña.

Lo vivido en la juventud en 2 décadas de militancia y entrega absoluta a la ideología anacrónica, fracasada y lo peor perversa del comunismo maoísta, hacen de mí una persona diferente. Con el gran favor de Dios, pude recuperar mi espiritualidad y cercanía con Dios y nuestra Madre, la Virgen Santísima.  Pretendo ser una buena persona. Mejor cada día, este recuento de todo ese proceso doloroso, forma parte de la vivencia, hoy superada y, por fin: con paz y serenidad.

La vida resulta maravillosa, a pesar de los múltiples tropiezos, dificultades y sufrimientos que atravesamos. Las circunstancias obligan a sacar fuerzas de donde parece que no hay. Cuando se vive tanto como yo, con la gracia infinita de Dios, se pasa por experiencias muy diferentes unas de otras, se afrontan conflictos y también pasiones: frecuentemente, la amorosa, la profesional, la política, donde los celos, las envidias, la competencia mal sana, entre las más evidentes, son conocidas y sufridas en profundidad. Al lado de esto, ocurre el proceso ascendente de crecimiento y desarrollo, el cronológico, el natural y el impulsado por vía terapéutica, para ser efectivamente, adultos contemporáneos a la altura de las exigencias de la cotidianidad. No ha sido fácil el camino, aun cuando sin duda, resultó apasionante, arrollador y en ningún momento fastidioso, para alcanzar las metas que en alguna época de la existencia se tenía como objetivo de   la vida.

Interesante, insistir y darse cuenta, al cambiar los propósitos, también la dirección de la existencia cambia, no la intensidad, tampoco la profundidad del sentimiento primario que dio impulso a ese afán. La edad, los sufrimientos, las vivencias te hacen aterrizar, si puede describirse así, en la verdad y la realidad de todo lo que está implicado en el ciclo vital.

Las explicaciones, pueden ser innecesarias. Hasta fatigantes, en oportunidades. No obstante, cuando se dan, es básicamente por cuanto ese proceso es de alguna manera una expiación por la culpa sentida por los sucesos y hechos narrados. Dice un antiguo dicho: “cada una, es cada una”, al acompañarlo con otro decir: “cada cabeza es un mundo”, aceptamos que nuestra unicidad y la individualidad, nos hacen “únicas” frente a los acontecimientos que por una razón u otra vivenciamos. La percepción de los mismos, nos definen, en la mayoría de las oportunidades, frente a los demás. Ser capaces de darnos cuenta de lo que hicimos, del daño que ocasionamos o pudimos causar, nos lleva directamente a la sensación y asunción de la culpa, para de inmediato, aceptar la responsabilidad de lo que de manera absurda y equivocada se pretendió. Este sentimiento es muy fuerte, en la medida de que, tienes consciencia del daño que se infringió, y también lo que no ocurrió, gracias a que el empeño equivocado, fracasó, con el favor de Dios Nuestro Señor. Por eso insisto: sentir cansa, y más todavía cuando hay una sensación profunda de equivocación que hizo daño y pudo ser todavía peor.

Lo que aspiro con esta Segunda explicación de mi regreso, es cerrar definitivamente, este capítulo de mi vida. Es una manera de pedir perdón y de perdonarme, he trabajado a fondo vivencial y existencialmente en ese hecho, como he dicho con insistencia, ahora la vida me premia y permite que mi nieto y colega me entreviste para dar un cierre vital a esta sensación de culpa por el disparate vivido.

Finalmente, considero suficiente lo escrito, hablado, debatido. Católica como soy, he acudido a Dios y a la Iglesia, recibiendo el perdón que necesitaba. Ojalá tenga la posibilidad de ver, efectivamente, cómo nuestro país regresa a la democracia con libertad y dignidad. Será el máximo regalo, que puedo tener, en esta azarosa vida, llena de alegrías y tristezas, de satisfacciones y desagrados, de orgullo y lamentablemente, también humillaciones. Agradecida al editor del libro, Gustavo Oliveros, querido y estimado ex alumno, ahora Maestro. También, “gracias a la vida que me ha dado tanto”, un nieto colega, además de 4 hijos, y 5 nietos todos brillantes y extraordinarios. En paz al fin, con mi consciencia.  Gloria Cuenca. (Vda. De Herrera).

Se consigue en Amazon: Segunda explicación de mi regreso (Spanish Edition).

 

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