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¿Qué puede hacer Latinoamérica para estar en el radar de la OTAN?

 

La alianza de seguridad atlántica parece haber asumido la nueva realidad: EEUU sigue siendo indispensable para la seguridad europea, pero ya no es predecible. En la cumbre anual de la OTAN celebrada en Turquía, los aliados europeos reafirmaron la apuesta por una organización “más europea”. ¿Esto qué significa Así, la alianza busca mayores capacidades propias y un incremento sostenido de la inversión en defensa. Por lo tanto, se intenta disminuir la dependencia excesiva de EEUU. Aviones de la OTAN.

El giro no comenzó en Ankara. En la cumbre de La Haya de 2025, bajo la presión de Donald Trump, los países de la OTAN acordaron elevar progresivamente su inversión en defensa hasta el 5% del PIB para 2035. Además, EEUU busca que Europa asuma más responsabilidad por su propia seguridad. Mientras tanto, Washington redefine sus prioridades estratégicas.

Mientras que La Haya fue la cumbre de los compromisos, Ankara fue la cumbre de la implementación. La discusión pasó a centrarse en cómo transformar ese esfuerzo en capacidades concretas. Por ejemplo: industria de defensa, innovación tecnológica, cadenas de suministro y producción de equipamiento militar. Además, la alianza comenzó a pasar del burden-sharing —compartir las cargas— al burden-shifting: trasladar progresivamente capacidades y responsabilidades hacia los aliados europeos.

Esa estrategia de largo plazo puede tener consecuencias para América Latina, aunque permanezca fuera del perímetro de la alianza. Por otro lado, el incremento del gasto militar, la reorganización de las cadenas de suministro y la competencia tecnológica entre las grandes potencias pueden terminar proyectándose sobre regiones proveedoras de recursos estratégicos.

Aumentar el valor estratégico 

La cumbre deja tres señales que deberían ser interesantes de leer para la región. Primero, la competencia tecnológica y de defensa se intensificará. Segundo, los países medianos con capacidad industrial propia (como Turquía) ganarán peso estratégico. Finalmente, el gasto militar volverá a crecer globalmente.

Aunque América Latina no aparece mencionada en los documentos de la cumbre, la región concentra una parte significativa de las reservas mundiales de litio, cobre y otros minerales críticos para la competencia industrial entre las grandes potencias. Por eso, esto podría incrementar el valor estratégico de la región.

La competencia entre EEUU, Europa y China, en el fortalecimiento de sus capacidades en defensa, se traslada al terreno industrial y tecnológico. En América Latina, esto podría traducirse en mayores inversiones en energía, infraestructura y conectividad. Pero también en mayor presión para que los gobiernos definan sus socios estratégicos y posiciones frente a las principales disputas geopolíticas. En ese contexto, la influencia de la región puede proyectarse desde su capacidad para desarrollarse como sector estratégico.

Por otro lado, si Europa aumenta su gasto en defensa durante la próxima década, entonces habrá menos margen de recursos económicos para otras políticas, como cooperación internacional y financiamiento al desarrollo. Además, con la seguridad internacional como la prioridad política de Occidente, la región será observada más desde la lógica estratégica y menos desde la lógica de la cooperación.

La nueva OTAN y la paradoja turca

La elección de Ankara como sede de la cumbre dejó al descubierto una de las principales tensiones que hoy atraviesa la OTAN. Es una alianza que reivindica la democracia y el Estado de derecho, con la necesidad de apoyarse en un socio cuestionado. Turquía es un socio cada vez más problemático en términos democráticos. Sin embargo, es indispensable en términos geopolíticos.

Es un actor difícil de reemplazar para la alianza de seguridad transatlántica. Su valor estratégico se basa en su posición entre Europa, el Mar Negro y Medio Oriente. También en el control de los estrechos del Bósforo y los Dardanelos. Además, resalta su capacidad militar y el desarrollo industrial de defensa.

Con Turquía en el centro, los aliados europeos optaron por un enfoque pragmático hacia Ankara dentro del marco de la OTAN. Esto refleja desde qué lugar la alianza busca cohesión en la actualidad. Para los países latinoamericanos, esto expone el funcionamiento del sistema transatlántico. La alianza no opera únicamente sobre principios normativos, sino también por la relevancia geopolítica y las capacidades de sus socios.

¿Qué puede hacer Latinoamérica para estar en el radar de la OTAN?

La alianza transatlántica busca fortalecer su defensa y reducir la excesiva dependencia de EEUU. Aunque América Latina es externa al bloque, el fortalecimiento de la industria y la competencia por recursos podrían darle un nuevo valor estratégico a la región.

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