Las imágenes son tan elocuentes como dolorosas. Mientras un imponente y turbio caudal de agua avanza con fuerza, inundando las riberas y abrazando los troncos de los árboles a su paso, los habitantes de Carora contemplan el video con una mezcla de indignación y desconsuelo. Es el río Tocuyo, alimentado por la apertura de las compuertas de desagüe de la Represa de Atarigua (Embalse Cuatricentenario).
Según versiones de expertos y técnicos de la zona, la medida de abrir las compuertas responde a una necesidad estrictamente operativa: el aliviadero requería un mayor desalojo de agua ante el temor latente de un desborde por los altos niveles alcanzados recientemente. Hay agua, y de sobra. El problema es a dónde va.
Mientras el embalse “bota” el recurso para proteger su estructura, las tuberías de Carora permanecen secas, oxidadas por el olvido. Es el inicio de una paradoja que nadie en el municipio Torres logra comprender y que se ha convertido en el secreto a voces más amargo de la región.
La paradoja del agua: Abundancia en el río, sequía en el hogar
Las interrogantes en el seno de la comunidad son muchas, pero hay una denuncia que resuena con fuerza en cada esquina, en cada cola y en cada hogar caroreño: ¿Por qué si no hay agua por la red pública de tuberías, sí la hay en abundancia para los camiones cisterna
La crisis del agua en Carora ha dejado de parecer un problema meramente técnico para transformarse, a ojos de sus habitantes, en un negocio redondo y lucrativo. Mientras las familias pasan semanas e incluso meses sin recibir una sola gota por los grifos oficiales, el desfile de camiones cisterna privados es constante. El costo de llenar un tanque o unos cuantos pipotes es elevado, un lujo que el bolsillo del caroreño común, golpeado por la realidad económica, sencillamente no puede costarse.
Alguien se está llenando los bolsillos a costa de nuestra sed, especulan los vecinos con notable frustración. No es posible que nos digan que el sistema está colapsado pero los camiones privados carguen agua todos los días sin problemas.

Los “llaveros” ¿Manipulación o colapso?
En el centro del debate ciudadano emerge una figura sombría pero determinante: los famosos “llaveros”. Así se les conoce popularmente a los operadores encargados de manipular las llaves de paso que controlan el flujo del agua hacia los diferentes sectores y barriadas de la población.
En la creencia popular y en las denuncias vecinales, estos personajes son señalados como los encargados de “trancar” el beneficio a la población, alimentando la sospecha de un racionamiento inducido o de un desvío de caudales para favorecer el negocio privado de la venta de agua. Aunque la versión oficial suele escudarse en la falta de mantenimiento de los motores, la turbidez del agua tras las lluvias o la escasez de químicos para la potabilización, la coincidencia entre el cierre de las llaves públicas y el auge del negocio de los cisternas es, para muchos, demasiada obviedad.
Una desgracia continua
El agua de Atarigua corre libre y se pierde río abajo, como se aprecia en el registro audiovisual, sirviendo de recordatorio de que la naturaleza cumple con su parte. Mientras tanto, el pueblo de Carora continúa viviendo una desgracia circular: la de tener una de las reservas hídricas más importantes de la región a pocos kilómetros y tener que rogar, pagar en dólares o caminar con tobos a la cabeza para poder cocinar, bañarse o simplemente sobrevivir.
La claridad y la transparencia es lo único que exige una población exhausta. Carora necesita respuestas reales de las autoridades hidroeléctricas y municipales: si la represa está llena al punto de tener que abrir sus compuertas, ¿cuál es el verdadero misterio para que esa agua no llegue a la gente?
Las imágenes adjuntas a esta nota reflejan el actual caudal liberado de la represa de Atarigua, un recurso que corre libre mientras el pueblo padece los rigores de la sequía.
Nota de prensa – Rajopiva
