El ambicioso proyecto para llevar petróleo directamente al Pacífico reabre heridas indígenas y se topa con la oposición ambiental. Instalación del oleoducto Trans Mountain cerca de Hinton, Alberta, Canadá, el 4 de septiembre de 2021, antes de su primer proyecto de ampliación.
Canadá redibuja el mapa energético con un oleoducto para sortear a Trump y acercarse a Asia.
Aquella especie de goma negra formaba parte desde hacía mucho tiempo del día a día de los chipewyan, uno de los pueblos indígenas del territorio que hoy ocupa la provincia de Alberta, en el centro oeste de Canadá. La sustancia viscosa afloraba en las orillas del río Athabasca y la usaban para curar heridas e impermeabilizar la ropa. En 1715, una intérprete chipewyan llamada Thanadelthur habló a sus empleadores, unos comerciantes de pieles ingleses, de la goma y apenas le hicieron caso. Nadie podía imaginar entonces que pisaban lo que, dos siglos más tarde, sería reconocido como la cuarta mayor reserva de petróleo del mundo, estimada en unos 160.000 millones de barriles.
Esa fortuna siempre ha encerrado un truco. Canadá apenas tiene a quién vender su crudo más allá de Estados Unidos debido a la falta de infraestructura logística, lo que ha perjudicado a los canadienses. “El acceso limitado de Canadá a los mercados globales obligó a menudo a sus productores a aceptar precios rebajados por su crudo”, contextualiza Michelle Brouhard, analista de la consultora Kpler, en una nota a clientes esta semana. La salida por el Pacífico es la apuesta para vender más a Asia, pero con poco éxito. En 2024, Ottawa amplió la capacidad del oleoducto Trans Mountain, el único destinado a la costa oeste, hasta unos 800.000 barriles al día. Dado que tampoco opera a pleno rendimiento, por el Pacífico salen unos 500.000 barriles diarios, según Kpler, frente a los cuatro millones que exporta el país en total.
La guerra en Irán ha redibujado el mapa energético mundial: la crisis provocada por el estrecho de Ormuz ha golpeado especialmente a Asia, y el flujo de crudo del Golfo está sujeto a los vientos de la geopolítica. A ello se suman los aranceles de Donald Trump, que desde 2025 grava con un 10% el crudo canadiense y, en función de sus cambios de humor, amenaza con subir el peaje. Entre la oportunidad y la necesidad de cobertura, el Gobierno de Alberta remitió en las últimas semanas al Ejecutivo federal un proyecto de oleoducto paralelo al Trans Mountain. Serán 1.200 kilómetros entre Edmonton y desembocará en la terminal portuaria Robert Banks, en las afueras de Vancouver. Así elevará la capacidad máxima (y teórica) de exportación hacia el Pacífico a unos dos millones de barriles diarios.
El País de España
