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En Venezuela sigue la narcotiranía, pero apoyada por Estados Unidos, dijo Diego Arria

 

El exembajador de Venezuela en la ONU, Diego Arria analiza el impacto de los terremotos del 24 de junio y critica con dureza la estrategia de Washington en Venezuela, sosteniendo que la administración de Donald Trump prefirió mantener el aparato de poder del chavismo bajo el mando de Delcy Rodríguez para preservar una falsa estabilidad en lugar de avanzar hacia una transición democrática real.

La estrategia de Washington de preservar la estabilidad de Venezuela antes que avanzar a la transición democrática se tambaleó el 24 de junio de 2026, a las 6:04:33 pm. A esa hora un terremoto de magnitud 7,2 sacudió el país y, 39 segundos después, otro de 7,5 (Mw). Miles de personas murieron, decenas de miles resultaron heridas y más de 50.000 desaparecieron. El Estado tardó en responder mucho más tiempo del que podían esperar miles de venezolanos que morían sin auxilio. La ayuda efectiva tardó más de 24 horas en llegar a gran parte de las zonas afectadas.

Seis meses antes, el mismo día de la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores, Estados Unidos decidió que quienes habían destruido la economía y la institucionalidad democrática desde el poder serían los garantes de la estabilidad, la recuperación de la industria petrolera y la transición democrática. De un día para otro, las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 fueron borradas y Edmundo González Urrutia dejó de ser el presidente electo. Delcy Rodríguez, vicepresidenta ejecutiva, un cargo que no es de elección popular, asumió la Presidencia encargada, aceptó gobernar bajo las directrices de Washington y aceptó ejecutar el programa que Marco Rubio presentó como un proceso de tres etapas: estabilización, recuperación económica y transición democrática. Ni el PSUV entendió ese viraje. Todavía no lo entiende.

Los seis meses siguientes confirmaron que la estabilidad prometida no significaba cambios en la vida de los venezolanos. Aunque se reanudó la venta directa de petróleo a Estados Unidos, a precios de mercado y sin descuentos, y fueron levantadas casi todas las sanciones, la población no percibió ninguna mejora. El mísero aumento salarial fue fulminado por la inflación, mientras 46% de la capacidad productiva del país permaneció ociosa. Tampoco se sustituyó el sistema Patria del PSUV ni los CLAP, asociados a los consejos comunales, por un programa nacional de asistencia a los hogares más vulnerables.

No se cerraron los centros de tortura ni se liberó a la totalidad de los presos políticos. El Helicoide fue “cerrado”, pero siguió siendo la sede del SEBIN y de la PNB; los presos fueron trasladados a otras cárceles. Los apagones se hicieron más frecuentes. Venezuela había restablecido sus relaciones con Estados Unidos, pero el poder seguía en las mismas manos. Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López continuaban ejerciendo funciones de gobierno mientras Estados Unidos mantiene recompensas de 25 millones de dólares por información que conduzca a su captura. Delcy Rodríguez comenzaba a proyectarse como candidata presidencial para cuando las condiciones políticas le garantizaran la victoria.

Diego Arria gobernó el Distrito Federal durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, representó a Venezuela ante las Naciones Unidas y presidió el Consejo de Seguridad durante el segundo mandato de Pérez. Su principal legado a la diplomacia internacional es la creación de la Fórmula Arria, un procedimiento que rompió el protocolo del Consejo de Seguridad para que personas ajenas a los gobiernos pudieran exponer directamente hechos y testimonies que de otro modo nunca habrían llegado a la mesa de deliberaciones. Medio siglo después, examina la política de Washington hacia Venezuela con el mismo método: primero los hechos; después las conclusiones.

Washington afirma que preserva la estabilidad de Venezuela. Diego Arria sostiene que preservó el mismo aparato de poder que destruyó la democracia. Los terremotos del 24 de junio sometieron esa estrategia a su primera gran prueba nacional y expusieron sus contradicciones. La ausencia del Estado durante las horas críticas, el rechazo creciente a Delcy Rodríguez y la continuidad del aparato represivo demostraron que la estabilidad prometida no se tradujo en protección para la población ni en avances hacia la transición democrática. Arria sostiene que Washington no sustituyó una narcotiranía por una transición democrática. La cambió por una narcotiranía respaldada por Estados Unidos.

—La situación de Venezuela es muy delicada. El 3 de enero sucedió algo que nosotros los venezolanos seguramente nunca habríamos podido hacer, que era liberarnos de Maduro. Fue una operación extraordinaria, no tiene precio. Bajo el esquema de consolidar la situación, sigue exactamente casi el mismo número de presos políticos, especialmente los militares. No han soltado a ninguno. La represión de los cuerpos policiales sigue exactamente igual y la restricción de los medios de comunicación se mantiene.

—¿Qué cambió?

—A los pocos días de sacar a Maduro, Trump estaba convencido de que le convenía dejar a Delcy Rodríguez a cargo. Piensa que es la manera de mantener la estabilidad, de poder arreglar todas las operaciones que puedan hacer sus amigos y aliados en Estados Unidos, y que eso no hubiese sido posible bajo María Corina Machado. Hay tres palabras que Trump no ha pronunciado en estos meses con respecto a Venezuela: democracia, libertad y María Corina, a quien la llama “la señora”. Ha habido un proceso consciente de negación de todo lo que somos y han creado una imagen absolutamente falsa de lo que somos. Trump dijo al principio que la señora Rodríguez era la única que podía garantizar la estabilidad. Ahora se está dando cuenta de que la única que podría sostener la estabilidad es justamente Machado. La situación venezolana demanda libertad, no opresión. Trump solo dejará que haya elecciones cuando esté por finalizar su periodo. Dirá entonces que lo que ocurra será porque ya no estaba en la Casa Blanca. Está convencido de que Venezuela requiere mantener a Delcy Rodríguez. Ha confundido los intereses de los venezolanos con los intereses personales de Donald Trump.

—Y lo estamos viendo en la reestructuración o renegociación de la deuda externa de Venezuela que de valer cero la han revalorado en 300.000 millones de dólares…

—Lo que se proponen es una burla para los venezolanos, un robo del futuro del patrimonio nacional.

—Antes estábamos solos ante Maduro, ahora estamos solos ante los herederos de Maduro aliados con Trump.

—Antes del 3 de enero, vivíamos y sufríamos una narcotiranía que quién sabe por cuántos años más la hubiésemos tenido. Ahora luchamos contra una narcotiranía apoyada por el gobierno más poderoso del mundo. Nuestro caso es imposible. En este momento la narcotiranía se sienta a la mesa con los principales miembros de la administración de Trump, lo que significa un desprecio a sus propias leyes. Personas con recompensas millonarias por su captura parecen sentados en Miraflores con el jefe del Estado Mayor estadounidense, con el director de la CIA, con el secretario del Tesoro, con el representante del Pentágono. Seguimos luchando contra la misma narcotiranía, pero ahora apoyada nada menos que por Estados Unidos.

—¿Y qué podemos hacer, quedarnos quietos y calladitos?

—Afortunadamente, senadores del propio Partido Republicano, como por ejemplo Scott de la Florida, han sido los primeros en reclamar que en Venezuela no se hable de un proceso de elección. Yo acepto que las elecciones no eran posibles este año, toma tiempo limpiar el catastro electoral y crear un nuevo consejo electoral, pero hay que garantizarle al país que se está en el camino de llegar a ese propósito. Pero lo que uno observa, evidentemente, no es el caso. El representante de Estados Unidos en Venezuela, que es ciego o sordo, dijo que el gobierno de la señora Rodríguez estaba prestando la máxima contribución, la máxima ayuda a los afectados por los terremotos. Era el único que lo veía de esa manera. No era lo que estaban viviendo, desde los escombros, amigos, familiares y rescatistas. John Barrett nunca se percató de la ausencia de un gobierno, la ausencia de una fuerza armada, no para marchar con rifles amenazando a los venezolanos, sino ayudando en la labor del rescate.

—Tampoco lo veremos la mayoría de los venezolanos, porque los medios de comunicación continúan bloqueados y los apagones persisten.

—El régimen enfrentará un conjunto de sanciones, de carácter penal nacional e internacional, sin precedentes. El número de fallecidos a causa de edificios mal construidos o construidos violando todas las normas y leyes hace responsable al gobierno que los contrató, a las compañías que los ejecutaron y a los profesionales que firmaron los planos y permisos.

—Las fuerzas de Estados Unidos tardaron 140 minutos para llevarse presos a Cilia Flores y a Nicolás Maduro por narcotraficantes y corruptos. La ayuda por el terremoto no llegó con tanta prontitud. Tardó casi cuatro días. El Salvador llegó antes. ¿Estados Unidos es tan cómplice como la señora Rodríguez en la desatención?

—Con respecto a la ayuda en la emergencia, no podemos sino agradecer. Su asistencia fue masiva y sin precedentes. Los hospitales militares, el barco en el puerto de La Guaira. Pero creo que los estadounidenses son corresponsables de lo que sucede con los presos políticos, de lo que sucede con la restricción a la libertad de expresión. Si Venezuela está tutelada por Estados Unidos, Washington es corresponsable de que sigan presas más de 300 personas. Si tiene tanto poder, ¿por qué no exige la liberación de los presos políticos y el fin de las gravísimas restricciones que pesan sobre los medios de comunicación? Mientras veamos a Diosdado Cabello, a los hermanos Rodríguez y a Vladimir Padrino López en Miraflores no habrá cambio. Trump sigue afianzando a la señora Rodríguez, dice que es excelente, y dándole mayor tiempo, cuando todos sabemos que ella es la corresponsable de la tragedia venezolana.

—Cabello le impide la inspección de un edificio a un rescatista, que ni siquiera hace un gesto para hacerse de los 25 millones que ofrece por su captura el gobierno estadounidense.

—Es una inmoralidad ver retratados a los principales jerarcas de Estados Unidos con los jefes de la narcotiranía. Yo creo que lo más grave es que Donald Trump considere que Delcy Rodríguez, la responsable de lo que ha acontecido durante muchísimo tiempo, bajo su control representa la estabilidad. Olvida que Rodríguez no tiene bajo su control el país ni necesariamente a las Fuerzas Armadas.

—Trajo a Dinorah Figuera, la presidente en funciones de la Comisión Delegada de la Asamblea Nacional elegida en 2015.

—Me parece muy bien, pero va a pasar muchísimo tiempo mientras esta persona, con la mesa técnica, termina de hacer un proceso de limpieza electoral. Considero que lo que está ocurriendo en Venezuela es una oportunidad extraordinaria justamente de hacer el cambio. No podemos permitir que quienes destruyeron el país participen en la reconstrucción. Sería la más grande inmoralidad y estupidez. No quiero hacer mención del pasado, pero en nuestro caso Estados Unidos está respaldando a una narcotiranía que ellos mismos han condenado y le han puesto precios a la cabeza a sus jefes. Insistir en dejarlos a cargo de la reconstrucción de Venezuela sería el acto más inmoral que los Estados Unidos podrían cometer. No es necesario compararlo con nada. Lo que estoy diciendo es suficientemente grave.

—¿Y María Corina

—Entiendo que está en Panamá.

—El 3 de julio finalizó el plazo que da la Constitución de 1999 al interinato ante la ausencia del presidente de la República. La ex magistrada y expresidente de la Sala de Casación del Tribunal Supremo propone que la ciudadanía actúe de facto y designe una junta de gobierno.

—Es absolutamente correcto. El problema está en cómo instalar una junta de gobierno cuando el régimen tiene el apoyo del país más poderoso del mundo. Eso, que debería ser lo lógico, se hace absolutamente inviable.

—Sería repetir el error de Juan Guaidó y su interinato…

—En el caso de Juan Guaidó es muy lamentable. Ningún venezolano llegó a tener la alta popularidad que tuvo, pero la desperdiciaron y la envenenaron. Botaron a la basura las aspiraciones legítimas del pueblo venezolano. Nosotros le debemos a Trump un favor monumental por haberse llevado a Maduro en una operación policial militar. Sin embargo, todos sus compañeros de delito están presentes en el grupo que gobierna bendecido por el poder estadounidense. Mientras Trump no cambie de posición, nuestro futuro será incierto. Los venezolanos no merecemos seguir bajo la narcotiranía de los Cabello, de los Padrino López y los hermanos Rodríguez porque, aparentemente, Washington considere que es la manera de mantener estable el país.

—En ese país aparentemente estable, ahora tutelado por la potencia más adelantada del mundo, luego de dos fuertes terremotos consecutivos y de casi 30 años de chavismo, se mantiene la crisis humanitaria y la población sigue en estado de precariedad existencial.

—La estabilidad de Venezuela será imposible mientras no se modifique la manera de tutelar de Estados Unidos, que suponga que Delcy Rodríguez puede mantener en calma a la población. Nadie que tenga el 80% del país enfurecido, entristecido y con ganas de tener un gobierno nuestro, en libertad y con una democracia real, puede garantizar la estabilidad. Trump no ha pronunciado las palabras libertad y democracia en relación con Venezuela, ni llama por su nombre a María Corina Machado. Trump, luego del terremoto, tampoco quiere asumir la responsabilidad que tiene con Venezuela.

—El plan es estabilidad, recuperación y transición…

—Es imposible lograr la estabilidad en medio de la crisis emocional que sufrimos y que es imposible de ver desde Washington y desde su representante en Venezuela. John Barrett, ciego y sordo, se mantiene solidario con el rodrigato. Afortunadamente, hay más de 900 integrantes de las fuerzas estadounidenses que tienen ojos y oídos para dar cuenta de lo que sucede. Igualmente los rescatistas de todo el mundo que han constatado la ausencia de gobierno y la ausencia de la fuerza armada para resguardar a la ciudadanía y muy presta para asustarla con sus fusiles rusos. Todos esos reportes llegarán, pero no sé si serán suficientes. A Trump le cuesta mucho trabajo rectificar o reconocer que ha cometido un error. Irán fue una guerra de escogencia y Estados Unidos salió perdiendo, pero Trump sigue diciendo que ganaron. De Venezuela ha dicho que bailábamos de alegría en las calles. Una muestra de su ignorancia sobre lo que estaba ocurriendo. Lo terrible para los venezolanos es que antes luchábamos contra una narcotiranía poderosa, ahora contra la misma narcotiranía respaldada por el gobierno más poderoso del mundo. Nuestra situación, más que crítica, se hace casi final.

—Los milagros existen…

—Yo creo que el comportamiento de la sociedad, sus reacciones, pueden poner fin a ese proceso que Washington ve como estabilidad y que en realidad no lo es. Imaginan que tener a María Corina Machado fuera de juego les garantiza la estabilidad. Un craso error. Al contrario, la estabilidad es María Corina Machado, pero para Trump, primero la muerte que reconocer un error. La intervención militar de Estados Unidos, tan bien aceptada por los venezolanos, se está convirtiendo en lo peor que ha vivido Venezuela.

Ramón Hernández – El Nacional

 

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