1280 portal turimiquire 2

Entre los escombros del dolor y el apoyo errático de Donald Trump al chavismo, por Italo Zapata

 

La semana inicia bajo un dolor desgarrador. Venezuela está de luto tras la devastación del doble terremoto que cobró la vida de miles de compatriotas. Hoy, ese sufrimiento se profundiza ante la retirada de los rescatistas internacionales, un hecho que apaga las últimas esperanzas y deja a las familias en un vacío insoportable. Ante esta tragedia, es imposible mirar hacia las distracciones de la pantalla global. La crudeza del sismo no solo desnudó la fuerza de la naturaleza, sino la absoluta vulnerabilidad de un país cuyos sistemas de emergencia y servicios públicos fueron desmantelados por la desidia de un modelo que priorizó la propaganda sobre la vida humana.

Esta destrucción no ocurrió en el vacío; tiene responsables internos y facilitadores externos. Es imperativo señalar la responsabilidad histórica de actores de la política exterior norteamericana, específicamente de Donald Trump, cuyas decisiones y giros estratégicos erráticos terminaron por convertirse en el principal balón de oxígeno para el régimen. Aquella narrativa de falsas promesas de fuerza exterior debilitó la alternativa democrática interna y le sirvió en bandeja de plata al gobierno fraudulento la coartada perfecta para victimizarse, consolidar su control social y continuar atornillándose en el poder. Hoy vemos las consecuencias de ese oxígeno: una cúpula que se burla una vez más de nuestra Constitución al negarse rotundamente a declarar la falta absoluta tras el vencimiento del período legal, bloqueando cínicamente el llamado a un nuevo proceso electoral para perpetuar su usurpación.

Ni las ilusiones importadas ni los falsos redentores extranjeros salvarán al país. Ante un Estado ausente y en desacato constitucional, la respuesta inmediata y conmovedora ha provenido exclusivamente de nuestra gente. Han sido los propios vecinos en cada sector quienes, con sus manos, han salido a remover escombros y sostener al hermano caído.

Esta hora aciaga nos deja una lección inapelable: la salvación y el rescate de nuestra nación no vendrán desde arriba, ni de un milagro extranjero; residen, única y exclusivamente, en la fuerza indomable de la organización. No existe poder superior que el de un pueblo articulado y cohesionado desde sus bases. La reconstrucción de Venezuela pasa obligatoriamente por activar de inmediato nuestro tejido social: el binomio indisoluble de la gestión parroquial y el vecino organizado. Solo así tomaremos el control de nuestro propio destino frente a quienes pretenden reescribir las leyes a su conveniencia. Hoy, la realidad nos lo grita con fuerza: El Poder Ciudadano es la gente. Y la gente organizada es una fuerza imparable.

Costa del Sol

 

Turimiquire.net