
La Moral y la ética del periodista son los principios y valores (como la veracidad, la independencia y la responsabilidad social) que guían la conducta del profesional al investigar y difundir información. Su objetivo principal es garantizar el derecho del público a estar informado de manera objetiva y honesta.

A un periodista lo motiva esencialmente la libertad de expresar, lo cual, es un derecho fundamental y piedra angular de todas las libertades consagradas en la carta de las Naciones Unidas, proclamadas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, garantizada en la Constitución Nacional y es factor fundamental en el desarrollo, ampliación y profundización de la democracia en nuestro país.
El periodista concibe la libertad de expresión como un factor de la elevación espiritual, moral y material del hombre. En consecuencia, debe revelar como fraudulento invocar este principio para justificar intereses mercantiles, ideológicos o sensacionalistas para convalidar tergiversaciones del mensaje informativo.

Si hiciéramos una exégesis, es decir, una interpretación teológica del “mensaje” según el Apóstol Santiago en su libro: versículo (2:17), nos muestra que “La fe, si no tiene obras, está muerta”, esta conclusión conduce a la afirmación cristiana y humanística, sobre el tema de la creencia genuina, donde el credo, es decir, tú ser tiene que estar de manifiesto siempre en acción y servicio.
Los pilares del mensaje deben ser proporcionalmente correspondiente a la Fe y a la obra; en esa sola frase o verso está resumido en nuestros Arte ego: sabiduría y prueba, vista desde las dificultades para fortalecer la paciencia, tener tolerancia y humildad: virtudes esenciales para mantener la paz mental, resolver conflictos y construir relaciones saludables un día a vez.
Estas integridades permiten gestionar las emociones y aceptar las diferencias sin juzgar; teniendo la única guía segura a quien podemos pedirle lo fiadores confiables: Dios. “Porque todo lo puedo en él que me fortalece”. Él es el té de la fe; y su reservas es infinita en misericordia. Él nos modela con su palabra, no da el control de la lengua, su palabra tiene el poder de bendecir o destruir; dominarla es señal de madurez espiritual.
Por tanto, el mensajero, es decir, el periodista, tiene que vivir la humildad y la parcialidad, condición necesaria que nos advierte contra el favoritismo y la injusticia de la ostentación. Debemos ser mensajeros del bien, por tanto, estar atento; compasivos con los huérfanos, las viudas y los vulnerables. Sabedor que ética de hombre del mundo es transversalmente corruptible, por viene dado por el conflicto de la sangre y la vanagloria, de la adoración del poder circunstancial, mientras que la norma de Dios, está proporcionalmente en correspondencia con la moral de lo trascendente, lo está más allá del plano terrenal; y que se eterniza en el tiempo, es una marca que traspasa todo entendimiento.

Es por ello, que la comunicación constante con Dios; su palabra y oración es la manera más eficaz para alcanzar el verdadera fuente de poder; el swagger que nos caracterizará; ella nos rubrica un estilo, un carisma de ser, una entidad de mucha seguridad y actitud frente al inicuo mundo que purgó Jesús, tal como los dijo el Apóstol Santiago con el ánimo para alcázar la rúbrica de la invocación: de unos por los otros, para mostrar y reconocer que ella, la oración, con su energía, el justo puede mucho.
Cuando el periodista supere este escane, encontrará la libertad; y estará mejor salvaguardo en su cobertura espiritual, porque incentivará e impregnará la verdad en luz y protegerá su corazón para Dios; y asumirá el consejo y el legado del Rey Salomón: “sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida”. Proverbios 4:23
Cuando el periodista se esfuercen por mantener el sentido apologético más elevado de su responsabilidad profesional, conscientes de su obligación de informar oportuna y verazmente, y de buscar siempre a Dios y su justicia, es decir, la verdad en las explicaciones e interpretaciones de los hechos, su arrojo será de creíble, y su carácter marcará un modelo.
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La Moral y la ética del periodista son los principios y valores (como la veracidad, la independencia y la responsabilidad social) que guían la conducta del profesional al investigar y difundir información. Su objetivo principal es garantizar el derecho del público a estar informado de manera objetiva y honesta.
A un periodista lo motiva esencialmente la libertad de expresar, lo cual, es un derecho fundamental y piedra angular de todas las libertades consagradas en la carta de las Naciones Unidas, proclamadas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, garantizada en la Constitución Nacional y es factor fundamental en el desarrollo, ampliación y profundización de la democracia en nuestro país.
El periodista concibe la libertad de expresión como un factor de la elevación espiritual, moral y material del hombre. En consecuencia, debe revelar como fraudulento invocar este principio para justificar intereses mercantiles, ideológicos o sensacionalistas para convalidar tergiversaciones del mensaje informativo.
Si hiciéramos una exégesis, es decir, una interpretación teológica del “mensaje” según el Apóstol Santiago en su libro: versículo (2:17), nos muestra que “La fe, si no tiene obras, está muerta”, esta conclusión conduce a la afirmación cristiana y humanística, sobre el tema de la creencia genuina, donde el credo, es decir, tú ser tiene que estar de manifiesto siempre en acción y servicio.
Los pilares del mensaje deben ser proporcionalmente correspondiente a la Fe y a la obra; en esa sola frase o verso está resumido en nuestros Arte ego: sabiduría y prueba, vista desde las dificultades para fortalecer la paciencia, tener tolerancia y humildad: virtudes esenciales para mantener la paz mental, resolver conflictos y construir relaciones saludables un día a vez.
Estas integridades permiten gestionar las emociones y aceptar las diferencias sin juzgar; teniendo la única guía segura a quien podemos pedirle lo fiadores confiables: Dios. “Porque todo lo puedo en él que me fortalece”. Él es el té de la fe; y su reservas es infinita en misericordia. Él nos modela con su palabra, no da el control de la lengua, su palabra tiene el poder de bendecir o destruir; dominarla es señal de madurez espiritual.
Por tanto, el mensajero, es decir, el periodista, tiene que vivir la humildad y la parcialidad, condición necesaria que nos advierte contra el favoritismo y la injusticia de la ostentación. Debemos ser mensajeros del bien, por tanto, estar atento; compasivos con los huérfanos, las viudas y los vulnerables. Sabedor que ética de hombre del mundo es transversalmente corruptible, por viene dado por el conflicto de la sangre y la vanagloria, de la adoración del poder circunstancial, mientras que la norma de Dios, está proporcionalmente en correspondencia con la moral de lo trascendente, lo está más allá del plano terrenal; y que se eterniza en el tiempo, es una marca que traspasa todo entendimiento.
Es por ello, que la comunicación constante con Dios; su palabra y oración es la manera más eficaz para alcanzar el verdadera fuente de poder; el swagger que nos caracterizará; ella nos rubrica un estilo, un carisma de ser, una entidad de mucha seguridad y actitud frente al inicuo mundo que purgó Jesús, tal como los dijo el Apóstol Santiago con el ánimo para alcázar la rúbrica de la invocación: de unos por los otros, para mostrar y reconocer que ella, la oración, con su energía, el justo puede mucho.
Cuando el periodista supere este escane, encontrará la libertad; y estará mejor salvaguardo en su cobertura espiritual, porque incentivará e impregnará la verdad en luz y protegerá su corazón para Dios; y asumirá el consejo y el legado del Rey Salomón: “sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida”. Proverbios 4:23
Cuando el periodista se esfuercen por mantener el sentido apologético más elevado de su responsabilidad profesional, conscientes de su obligación de informar oportuna y verazmente, y de buscar siempre a Dios y su justicia, es decir, la verdad en las explicaciones e interpretaciones de los hechos, su arrojo será de creíble, y su carácter marcará un modelo.
