En esta situación que vivimos, en la cual no nos llega lo que queremos, vamos a la cama en la noche encomendando a la voluntad divina todo lo que apreciamos. Así rezamos nuestras oraciones y nos disponemos a descansar hasta el día siguiente.
A veces no podemos dormir. Son muchas las inquietudes que vienen a nuestra mente en esa soledad de las luces apagadas. Aunque dando vueltas y vueltas sin respuestas, siempre el cansancio vence desilusiones y esperanzas que nos parecen vacías.
Viviendo en el trópico, el amanecer resulta mágico. El canto de las aves, grandes y pequeñas, nos dispara el abrir de los ojos. Es la música que nos despierta a un nuevo día. Es cuando nos damos cuenta que no ha sido una equivocación nacer en esta tierra y de vivir en ella.
Dios nos ha bendecido, y solo nos pide que no dejemos de luchar.
