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El gen de la autodestrucción en YPF (Argentina) y Pdvsa (Venezuela) y los límites del Estado empresario, por Benjamín Tripier

Benjamin Tripier

 

Análisis de entorno.

La lección para la región es clara: Aún cuando una empresa estatal funcione bien hoy, si el diseño de propiedad y control no limita la discrecionalidad futura, su éxito puede ser apenas transitorio.

El problema de fondo de muchas empresas estatales latinoamericanas no es operativo sino de diseño de control y gobernanza. Cuando el Estado mantiene la mayoría accionaria, la empresa queda estructuralmente expuesta a convertirse en instrumento del gobierno de turno, aun si durante algún período logra buenos resultados. En otras palabras, la misma arquitectura que en una etapa puede sostener profesionalización, en la siguiente puede facilitar captura política, subsidios cruzados, opacidad, corrupción y destrucción de valor.

Ese es el verdadero “gen de la autodestrucción”: no una falla moral inevitable ni un destino biológico, sino una gobernanza corporativa que permite que la lógica política sustituya a la lógica empresarial. En América Latina, esa sustitución ha sido recurrente. La historia de Pdvsa es el caso más dramático; la de YPF, aunque distinta en intensidad y contexto, confirma que los ciclos de intervención, litigio, cambio de reglas y reorientación política forman parte del riesgo cuando el accionista controlador es el Estado.

La lección para la región es clara: aun cuando una empresa estatal funcione bien hoy, si el diseño de propiedad y control no limita la discrecionalidad futura, su éxito puede ser apenas transitorio. El desempeño presente no invalida el riesgo estructural; al contrario, muchas veces lo disimula hasta que ya es tarde… Y si le va bien hoy, despierta el apetito para el futuro.

Las empresas estatales pueden operar razonablemente bien mientras coincidan cinco condiciones: disciplina profesional, límites políticos, precios relativamente racionales, acceso a capital y una cultura gerencial orientada a resultados. El problema es que, con mayoría estatal, esas cinco condiciones no dependen de la empresa sino del gobierno. Si cambia el poder, cambia la empresa.

Allí aparece el patrón latinoamericano: el Estado usa la empresa para fines que no son empresariales. La convierte en vehículo de empleo político, caja fiscal indirecta, instrumento de subsidios, palanca geopolítica o estructura de repartición de rentas. El deterioro no siempre es inmediato. A veces llega por capas: primero se debilita la meritocracia, luego se distorsiona la inversión, después se tolera la opacidad y, finalmente, la empresa deja de producir valor y pasa a producir excusas.

Por eso el debate no debe ser “si antes funcionó” o “si todavía puede salvarse”. El debate correcto es si el diseño institucional reduce o amplifica el riesgo de captura. En la mayor parte de América Latina, lo amplifica.

YPF y Pdvsa

YPF y Pdvsa como advertencias

Pdvsa demuestra hasta dónde puede llegar la degradación cuando una empresa estratégica queda subsumida en un proyecto político. Lo que fue una petrolera de referencia mundial terminó asociada al colapso operativo, a la pérdida de capacidades técnicas, a no pagar sus deudas, a redes de corrupción de gran escala y a una mezcla tóxica entre poder político, negocio petrolero y estructuras criminales.

En Venezuela, ya no se trata de “recuperar la vieja Pdvsa”; el nivel de destrucción institucional hace más razonable pensar en su desmontaje, fragmentación funcional y reemplazo por un ecosistema nuevo, con regulador fuerte, operadores diversos y Estado no controlador.

YPF, por su parte, muestra algo distinto pero útil para la comparación. Es una empresa de alto valor estratégico, con activos relevantes y etapas de desempeño exitoso, pero también con una historia atravesada por privatización, reestatización, litigios internacionales y alta dependencia de decisiones gubernamentales. El hecho de que hoy pueda lucir robusta no elimina el problema de fondo: mientras el Estado conserve el control, siempre existirá la posibilidad de que otra administración use la empresa con criterios políticos, fiscales o ideológicos distintos a los de la racionalidad corporativa.

No se trata de igualar ambos casos. Pdvsa representa la forma extrema del colapso; YPF, una forma más sofisticada del mismo riesgo de diseño. Pero ambas advierten lo mismo: la mayoría estatal no garantiza continuidad de buen gobierno corporativo.

Línea de tiempo sintética

Pdvsa

*Profesionalización y expansión bajo lógica corporativa.

*Politización creciente y conversión en instrumento de proyecto político.

*Pérdida de autonomía técnica y debilitamiento de controles.

*Escalada de corrupción, sanciones, judicialización internacional y colapso operativo.

*Punto actual: la discusión ya no es cómo restaurar el pasado, sino cómo sustituir la arquitectura institucional.

YPF

*Etapas de reorganización y desempeño competitivo.

*Reestatización con mayoría estatal y retorno del control político.

*Exposición a litigios por decisiones soberanas con impacto corporativo.

*Períodos de recuperación operativa conviviendo con fragilidad estructural.

*Punto actual: empresa exitosa en el presente, pero sin blindaje suficiente ante futuros cambios políticos.

Qué hacer en la región – Medidas recomendadas

La conclusión práctica no es privatizar por dogma, sino rediseñar por prudencia. El objetivo debe ser quitarle al Estado la capacidad de destruir lo que hoy administra bien y mañana podría capturar mal.

1. Reducir la participación estatal a una minoría significativa, idealmente entre 20% y 30%.

2. Colocar el resto del capital en mercado abierto con free float suficiente y exigencias reales de transparencia.

3. Separar regulación, política sectorial y propiedad accionaria; el regulador no puede confundirse con el operador.

4. Establecer juntas directivas independientes, con perfiles técnicos, períodos estables y remoción no discrecional.

5. Prohibir el uso de la empresa como caja fiscal indirecta, empleador político o brazo de subsidios ocultos.

6. Subsidios, cuando sean necesarios, dirigidos al ciudadano y no a la empresa.

7. Diseñar mecanismos de quiebra, reestructuración o sustitución operativa para evitar la ficción de que toda empresa estatal debe sobrevivir por razones simbólicas.

Tener ADRs, listar bonos o exhibir reportes internacionales no alcanza. Cuando el control accionario sigue en manos del Estado, esos salvavidas pueden quedar flotando solos, como ocurrió en otros casos regionales (la Electricidad de Caracas), sin capacidad real de impedir la captura política.

Implicaciones para Venezuela

En Venezuela, el margen de corrección incremental parece agotado. Pdvsa representa demasiado del daño acumulado: destrucción de capacidades, deuda gigantesca impaga, opacidad, corrupción y mezcla con intereses ilegales. La salida más seria no parece ser su “rescate sentimental”, sino su reemplazo por una arquitectura nueva que parta de tres principios: Estado regulador, Estado minoritario y mercado vigilado.

Ese enfoque no solo tendría valor económico. También sería una señal política de ruptura con el modelo chavista de apropiación institucional. Mantener intacta la estructura de control estatal sobre Pdvsa equivaldría a dejar sembrado el mismo gen que produjo el desastre.

El punto principal queda establecido: cuando el Estado es dueño mayoritario, la calidad de la gestión puede variar, pero la vulnerabilidad de fondo permanece.

Con eso resuelto, pasemos al análisis de la dinámica del momento. Es decir, desde el gen hacia los escenarios. Porque una vez agotada la discusión sobre las causas estructurales del deterioro, lo relevante es estimar cómo se está reordenando la probabilidad de las distintas salidas posibles para Venezuela.

Escenarios

Mirando hacia adelante, los escenarios que siguen no explican el pasado, sino que estiman, con las mejores señales disponibles, qué caminos de salida son hoy más probables y cuáles se están quedando sin base política y social.

Escenario A: transición de rediseño institucional

**Probabilidad estimada: 50%**

Escenario B: reciclaje autoritario con maquillaje corporativo

**Probabilidad estimada: 20%**

Escenario C: ruptura por fatiga social y colapso de expectativas

**Probabilidad estimada: 30%**

Gana fuerza una transición democrática con rediseño regulatorio y corporativo, desmonte progresivo del Estado empresario y apertura ordenada al capital privado. Este escenario ha recuperado impulso porque la esperanza volvió a instalarse como variable política, y con ella la expectativa de que el reciclaje autoritario ya no sea una salida aceptable.

La visita del general Caine, la presentación de Rubio en el Congreso de Estados Unidos y el tono de los discursos de María Corina Machado desde Oslo sugieren una reactivación del carril de presión externa y legitimidad política para una salida de fondo.

Porque tenemos que estar claros que hasta hace menos de dos semanas, persistiría un esquema de continuidad con retoques de imagen, alguna apertura petrolera y narrativa tecnocrática, pero sin desmontar el control político de fondo.

El escenario B cayó con fuerza porque la sociedad parece cada vez menos dispuesta a aceptar una versión “mejor administrada” del mismo modelo. La pérdida de credibilidad del chavismo y el agotamiento social, en conjunto con cada vez mayores limitaciones a su capacidad de maniobra,  reducen el espacio para una reingeniería cosmética del poder.

Si el escenario A no termina de materializarse, la población difícilmente aceptará volver al B. En ese caso crecería una dinámica de ruptura, fragmentación y desborde, con más conflictividad social, más arbitraje informal de poder y más espacio para economías criminales. El escenario C sube no porque hoy sea el preferido, sino porque la gente cansada ya no parece dispuesta a seguir administrando frustraciones sucesivas.

Cierre

La enseñanza regional es dura pero útil. En América Latina, el principal riesgo de una empresa estatal no es que hoy esté mal manejada, sino que pueda estarlo mañana sin que su diseño institucional lo impida. Esa vulnerabilidad es el gen de la autodestrucción.

Por eso, el mensaje para el análisis de entorno de esta semana debe ser concreto: no basta con mejorar la gerencia; hay que cambiar la gobernanza. Y no basta con esperar que aparezcan buenos administradores; hay que impedir que futuros malos gobiernos puedan destruir en pocos años lo que buenos equipos tardaron décadas en construir.

Y para que eso ocurra debemos impulsar el escenario A, que es el de María Corina y el que nos ayuda a arrancar de nuevo, pero con un direccionamiento claro a mejorar las condiciones de vida y volver a ser el país próspero que nunca debimos haber dejado de ser.

Contactos: Mail: btripierntn@gmail.com – Instagram: @benjamintripier  – Twitter: @btripier