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Como deberá responder América Latina y el Caribe ante los impactos económicos y así lo dijo Ilan Goldfajn

Ilan Goldfajn

 

Tres prioridades de política que realmente importan: Proteger a las personas pobres y vulnerables, mantener la disciplina fiscal y diversificar y fortalecer las cadenas de suministro. Ilan Goldfajn, presidente del Grupo del Banco Interamericano de Desarrollo

Cómo debería responder América Latina y el Caribe ante los impactos.

Los impactos económicos globales rara vez son unidimensionales. Suelen presentarse en capas que interactúan y se refuerzan entre sí.

El conflicto que involucra a Irán es un claro ejemplo. Lo que comenzó como un conflicto geopolítico se ha convertido en una perturbación de oferta de múltiples dimensiones. Los precios de la energía están aumentando. Las cadenas de suministro se están ajustando. Los mercados de fertilizantes están bajo presión. Estas fuerzas avanzan simultáneamente, afectando la inflación, el crecimiento y los balances externos de los países en todo el mundo.

América Latina y el Caribe han mostrado resiliencia hasta ahora. Esto refleja años de mejoras en la gestión económica en gran parte de la región, lo que ha permitido a los países entrar en este período desde una posición de mayor estabilidad.

Hasta el momento, las proyecciones de crecimiento para América Latina y el Caribe se han mantenido constantes desde el inicio del conflicto a nivel general. Los mercados laborales también se han sostenido, con un desempleo cercano al 6%, el nivel más bajo en más de una década.[1]  El ánimo de los inversionistas también se ha mantenido relativamente estable, con diferenciales soberanos de alrededor de 219 puntos básicos para la economía mediana, por debajo de los niveles previos a este episodio. [2]

La región también enfrentó este escenario con amortiguadores reales. Alrededor del 60% de la generación de electricidad en América Latina y el Caribe proviene de fuentes renovables, aproximadamente el doble del promedio mundial. Esto ayuda a reducir la exposición directa a las variaciones en los precios del petróleo.

Resiliencia no es inmunidad

Sin embargo, la resiliencia no implica inmunidad. Este impacto es significativo y puede prolongarse en el tiempo. Incluso cuando el efecto inmediato ha sido manejable, un entorno global más débil podría empezar a afectar gradualmente a la región. Los niveles de deuda siguen siendo elevados, los costos de financiamiento han aumentado y la incertidumbre continúa presionando las condiciones financieras. A esto se suma que la región entra en este período con un crecimiento de largo plazo débil, de alrededor del 1% anual en promedio durante la última década.

Dónde impactó el choque — y dónde la región mostró resiliencia

El choque, canal por canal. Qué se movió y qué se mantuvo, tres meses después del impacto.

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Tabla BID 5 6 2026

Un mecanismo de transmisión merece especial atención: los precios de los alimentos. A medida que aumentan los precios de la energía y los fertilizantes, los precios de los alimentos tienden a seguirlos, a menudo acumulándose con el tiempo y con un rezago de hasta un año. El gas natural, que se mueve estrechamente con los precios del petróleo, es el principal insumo para producir fertilizantes nitrogenados, por lo que un aumento en los precios de la energía rápidamente se traduce en una presión sobre la producción de alimentos. Este efecto es particularmente intenso en las economías más dependientes de las importaciones. De hecho, ya se refleja en el aumento de la inflación alimentaria en gran parte de la región, con excepción de los países del Cono Sur, que son importantes productores de alimentos.

Los precios de los alimentos son el canal que muestra con mayor claridad el impacto posterior al choque 

Los precios de los alimentos muestran la señal más clara tras el choque en América Latina y el Caribe.

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Para los hogares de bajos ingresos, esto representa un riesgo importante. Los alimentos constituyen una gran proporción de su gasto, por lo que el aumento de precios puede erosionar rápidamente su poder adquisitivo y empujar a más familias hacia la pobreza, con incrementos de entre 0,3 y 0,8 puntos porcentuales.

Prioridades de política

Las decisiones de política que se tomen ahora determinarán cómo se absorbe este impacto a nivel macroeconómico y en qué medida puede afectar a los más vulnerables. La respuesta de política debe ser temporal, focalizada y fiscalmente responsable para proteger el crecimiento, apoyar la seguridad económica y fortalecer la resiliencia.

Destacan tres prioridades de política:

1. Proteger a los hogares pobres y vulnerables 

La respuesta debe basarse en apoyos focalizados. En este contexto, proteger a los hogares pobres y vulnerables es la primera prioridad.

Los sistemas de transferencias monetarias bien diseñados pueden ampliarse rápidamente para llegar a aquellos más afectados. Los estabilizadores automáticos, como el seguro de desempleo, también pueden desempeñar un papel importante para mitigar el impacto. América Latina y el Caribe se destaca a nivel mundial como pionera en el diseño e implementación de programas de transferencias monetarias. Estos sistemas ofrecen una base sólida para responder con rapidez ante estos impactos y llegar a los hogares que más lo necesitan.

En el Grupo BID estamos apoyando a los países a fortalecer estos sistemas mediante la mejora de la focalización, la ampliación de la cobertura y el aseguramiento de que puedan responder con rapidez cuando se presenten estos efectos adversos.2. Mantener la disciplina bajo presión

Este impacto es demasiado significativo para que los presupuestos públicos lo absorban por sí solos.

Las medidas mal diseñadas pueden debilitar la posición fiscal, distorsionar los incentivos y reducir la productividad. Los subsidios generalizados, por ejemplo, suelen ser costosos y gran parte de sus beneficios termina llegando a quienes no requieren apoyo. Asimismo, respuestas de emergencia deficientemente diseñadas pueden erosionar el capital humano y afectar la productividad, como ocurrió cuando la transición a las clases en línea generó pérdidas de aprendizaje entre quienes no contaban con acceso adecuado a la tecnología.

Frente a la presión por actuar con rapidez, el principio rector debe ser claro: no hacer daño. El desafío consiste en alcanzar una combinación de políticas que permita estabilizar el presente sin comprometer el futuro.

En el Grupo BID estamos brindando apoyo en materia de políticas para ayudar a los países a afrontar este impacto sin revertir los avances logrados con tanto esfuerzo.3. Respuesta estructural: diversificar y fortalecer la oferta

Este no es un evento aislado. Las disrupciones globales son cada vez más frecuentes, más complejas e interconectadas. Reducir la vulnerabilidad requiere más que medidas temporales. Exige acciones estructurales para diversificar la oferta, asegurar insumos clave y fortalecer la capacidad de la región para responder a futuras perturbaciones.

Varias vulnerabilidades destacan. América Latina y el Caribe es un importante productor de alimentos, pero sigue dependiendo de fertilizantes importados. Las fluctuaciones en los precios de los fertilizantes, por sí solas, pueden reducir el crecimiento hasta en 0,16 puntos porcentuales y aumentar la inflación en alrededor de 0,3 puntos porcentuales. La logística es otra limitación. Las disrupciones en el transporte marítimo global y en los procesos fronterizos pueden reducir el crecimiento hasta en 0,3 puntos porcentuales y añadir más presión a la inflación.

La agenda es clara. Los países necesitan diversificar sus fuentes de energía, ampliar la producción local y regional de fertilizantes, mejorar la logística y fortalecer la infraestructura comercial. Estas medidas reducirían la exposición a disrupciones externas y ayudarían a mantener la producción cuando los mercados globales enfrenten tensiones.

Esta es una oportunidad para que la región se posicione como un socio confiable y seguro en las cadenas de suministro globales, desde la agricultura hasta los minerales críticos. Avanzar en la cadena de valor puede impulsar el crecimiento, fortalecer la resiliencia y generar empleo.

El Grupo BID respalda esta agenda mediante financiamiento, líneas de crédito y plataformas de inversión que ayudan a los países y a las empresas a asegurar insumos clave —incluidos fertilizantes, energía y derivados del petróleo—, mantener la producción e invertir en proyectos de largo plazo en energía, agricultura e infraestructura.

Mirando hacia adelante

Para América Latina y el Caribe, el desafío es responder de manera que se proteja la estabilidad en el presente, al tiempo que se reduce la vulnerabilidad en el mediano y largo plazo.

Estos impactos no son una elección, pero sí podemos decidir cómo responder y cómo prepararnos para el futuro.

La prioridad debe ser proteger a los más vulnerables, mantener la disciplina y fortalecer la oferta de bienes clave.

En el Grupo BID, trabajamos estrechamente con los países y con socios de todo el sistema multilateral para convertir las medidas de hoy en fortalezas para el mañana. Lo importante no es solo superar este episodio, sino salir de él más fuertes.

BID