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Brasil dejo de tener importancia para Estados Unidos y Lula da Silva se pone bravo

Lula da Silva

 

El presidente brasileño quiere negociar con Donald Trump, pero también le advierte de que, si no, buscará nuevos socios.

Lula: No podemos aceptar el trato de Estados Unidos a Brasil.

Desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca, la relación de Brasil con Estados Unidos oscila como una montaña rusa. Mejora lentamente y con mucho esfuerzo de la diplomacia brasileña y en cualquier momento empeora a toda velocidad con un nuevo golpe propinado por Washington. No podemos aceptar el tratamiento de Estados Unidos a Brasil esta semana, proclamó este miércoles el presidente Luiz Inácio Lula da Silva en una reunión con su gabinete ministerial en Brasilia. Lula se refería a la amenaza de la Administración Trump de imponer nuevos aranceles días después de que EE UU designara dos bandas criminales brasileñas como terroristas. El mandatario izquierdista se ha envuelto de nuevo en la bandera y acusa a los Bolsonaro de ser unos traidores a la patria por instigar la injerencia trumpista.

Lula ya se ha puesto en marcha para responder a Trump con la misma receta que usó el año pasado: negociación diplomática. Voy a mandar otra carta al presidente Trump (…) Están induciendo al mundo a una violencia innecesaria, dijo ante sus ministros. También reveló que había descartado participar en el G7, en París, a mediados de junio, pero que ahora ha decidido asistir. La cumbre le daría la ocasión de explicarle a Trump en persona la postura de Brasil, es decir, que el nuevo tarifazo estadounidense se apoya en premisas falsas.

Washington anunció el martes que sopesa castigar a Brasil con un arancel del 25% por competencia desleal y este miércoles le ha incluido en un paquete de muchos otros países a los que quiere castigar por usar trabajo forzado.

Y si Washington rechaza negociar, Brasilia no se quedará de brazos cruzados, advirtió el veterano político brasileño: Tienen derecho a no querer negociar. Ahora bien, no nos vamos a echar a llorar; buscaremos otros socios. Si no quieren comprar, venderemos a quien quiera. Si no quieren invertir aquí, buscaremos a otros.

Brasil, con 210 millones de habitantes, prefiere un mundo multipolar y alianzas variopintas a ser sumiso ante Washington. Esta misma semana su canciller, Mauro Vieira, visitó Pekín. A la vuelta, el titular de Exteriores participó en un acto en París donde se cruzó brevemente con el representante de Comercio de EEUU, Jamieson Greer. Y, según Folha de S. Paulo, el estadounidense le dijo que mantiene un diálogo fluido con Brasil.

Para Lula, la soberanía es intocable. Y además, defenderla con ardor frente a Trump hasta ahora le favorece en las encuestas. Además, perjudica a su rival Flávio Bolsonaro. La reunión ministerial ha estado presidida por el lema El PIX es nuestro, en referencia a un sistema de pagos instantáneo y gratuito que usan millones de brasileños y que Estados Unidos considera una amenaza a las tarjetas que dominan el mercado y son estadounidenses.

Como la diplomacia brasileña nunca vuela todos los puentes, el presidente ha centrado las críticas en el secretario de Estado, Marco Rubio. A Brasilia le debió escocer que colocara a Brasil, junto a Nicaragua, Cuba y Venezuela, entre los países latinoamericanos que Rubio no considera aliados de la superpotencia.

Somos un gran país, tenemos mucha historia y no podemos aceptar el trato de Estados Unidos a Brasil esta semana, afirmó el presidente Lula. A este Marco Rubio no le gusta Latinoamérica, y menos aún Brasil. Es un latinoamericano frustrado, completó.

Hace menos de un mes, Trump encontró un hueco en su agenda para recibir a Lula. Fue una segunda reunión formal en persona, cordial. La visita culminaba meses de paciente diplomacia brasileña para recomponer la relación con Trump y que retirara completamente las sanciones y los aranceles de 2025, anulados estos últimos por el Supremo de EEUU.

La alegría por la distensión le duró poco a Lula. El republicano también encontró tiempo para recibir a Flávio Bolsonaro. El senador brasileño y aspirante a ganar las elecciones de octubre e impedir la reelección de Lula le pidió que designara terroristas al Primeiro Comando da Capital (PCC) y al Comando Vermelho (CV), cosa que Rubio anunció al día siguiente. A Bolsonaro hijo, esa medida puede beneficiarle en su discurso de mano dura contra el crimen, pero el tarifazo ya es otra cosa. El ultraderechista intenta desvincularse del nuevo castigo arancelario.

Naiara Galarraga Gortázar – El País de España