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El colapso económico y social obligó a Cuba a buscar una forma honrosa de entregarse a los Estados Unidos

John Ratcliffe CIA izquierda

 

La insólita reunión entre el director de la CIA y el ministro del Interior cubano supone el mayor hito en dos meses de opacas conversaciones marcadas por la asfixia del país. En esta imagen publicada por la CIA el jueves 14-5-2026, el director de la CIA, John Ratcliffe, a la izquierda, encabeza una delegación de Estados Unidos a La Habana para reunirse con funcionarios del Gobierno de Cuba.

Estados Unidos y Cuba intensifican las negociaciones, mientras la isla entra en colapso.

En una solemne sala de reuniones de La Habana, el director de la CIA está sentado en la misma mesa frente al ministro cubano del Interior y el jefe de inteligencia de la isla. Una escena impensable, casi una herejía durante tantas décadas, se ha hecho realidad este jueves.

La reunión, incluida una serie de fotos del encuentro publicada por la propia agencia de inteligencia estadounidense, es hasta ahora el mayor hito en los dos meses de opacas negociaciones en marcha entre Washington y La Habana. El simbólico encuentro, donde ambas partes han anunciado que se comprometen a abordar seriamente cuestiones económicas y de seguridad, llega en un momento de máxima debilidad para el castrismo, asfixiado como nunca por el cerco energético impuesto desde finales de enero por Donald Trump.

Un día antes de que el Boeing C-40B Clipper, el avión de los viajes de Estado, aterrizara en La Habana con una delegación oficial encabezada por John Ratcliffe, el director de la CIA, las autoridades cubanas habían anunciado un nuevo y catastrófico parte de guerra. No tenemos absolutamente nada de combustible. Ya no tenemos reservas, dijo en la televisión cubana el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy.

El día del anuncio, el pasado miércoles, la isla sufrió apagones que en algunas zonas alcanzaron las 22 horas sin luz, una constante durante los últimos meses. La crisis terminal de abastecimiento está además desencadenando problemas graves en servicios básicos como hospitales o transporte. Los cubanos, cada vez más al límite, miden sus protestas con caceroladas, calles cortadas por la basura acumulada a la que prenden fuego, o gasolineras que no funcionan atacadas a pedradas. En medio del colapso, el aparato represivo castrista es de lo poco que sigue en pie.

Desde que Trump colocó a Cuba en su diana, justo después del ataque quirúrgico sobre Caracas para llevarse en helicóptero al presidente venezolano, Nicolás Maduro, hasta una cárcel de Nueva York, se han sucedido las señales, muchas veces contradictorias, sobre el futuro de la isla.

A la vez que imponía el severo cerco energético, el mandatario estadounidense mandaba señales de apertura hacia una posible vía diplomática. Mientras permitía la llegada en marzo de un buque ruso con 100.000 toneladas de crudo, que alivió solo temporalmente otro de los momentos críticos de desabastecimiento, lanzaba bravuconadas como esta: Vamos a tomar Cuba casi de inmediato. A cada golpe o amenaza les ha ido sucediendo una cierta tregua, siguiendo el manual clásico de negociación agresiva del magnate republicano.

Esta misma semana, tanto el secretario de Estado, Marco Rubio, como el propio Trump lanzaron mensajes conciliadores. Poco antes, habían endurecido aún más las sanciones con castigos a cualquier persona o entidad no estadounidense que mantenga relaciones comerciales con la isla, especialmente en los sectores de la energía, la defensa, la seguridad y las finanzas.

Como antesala de la reunión de la CIA, el Departamento de Estado emitió un comunicado ofreciendo a la isla 100 millones de dólares en ayuda, aceptada por el castrismo este jueves, a cambio de reformas significativas al sistema comunista de Cuba.

En este contexto de ofertas y castigos, los medios estadounidenses han informado también de que Estados Unidos planea procesar judicialmente al expresidente de Cuba Raúl Castro, que no ha dejado por completo el poder, acusado del derribo en 1996 de un avión de una organización humanitaria de exiliados cubanos en Miami.

Los mensajes del castrismo también han sido ambivalentes. Desde una actitud colaborativa para sentarse a la mesa a los mantras habituales, como la advertencia de que cualquier agresor externo que avance sobre la isla chocará con una resistencia inexpugnable.

Las reacciones a la reunión de este jueves han sido templadas. El Partido Comunista de Cuba la encuadró en parte de los esfuerzos por afrontar el escenario actual. Mientras que el Ministerio del Interior, al frente del gran aparato de espionaje y de represión, habló de desarrollar la cooperación bilateral, además de subrayar su enfrentamiento y condena de manera inequívoca al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones.

El fantasma heredado de la Guerra Fría que sitúa a Cuba como refugio para los adversarios de Estados Unidos, según el propio comunicado de la CIA tras la reunión, es uno de los argumentos sobre los que, al menos en público, insiste la Casa Blanca, enfrascada en una campaña política y militar para recuperar su influencia sobre la región que está haciendo estallar las costuras del orden internacional.

David Marcial Pérez- Carla Gloria Colomé – El País de España.