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¿Kevin Warsh impondrá un cambio pro Donald Trump en la Reserva Federal luego de ser nombrado presidente de la FED?

Donald Trump y Kevin Warsh

 

El nuevo responsable de la FED aspira a dar un volantazo en la gestión de la institución, reducir el balance, tipos más bajos y menos exposición pública.

Kevin Warsh impondrá un cambio de régimen tras ser nombrado presidente de la Reserva Federal

Él ha pasado la última década anhelando la presidencia de la Reserva Federal. Una meta que acaba de conseguir tras la confirmación del Senado, gracias a la mayoría de los republicanos. Releva a Jerome Powell, objetivo recurrente de ataques (legales y verbales) de Trump y cuyo mandato termina oficialmente este viernes. Warsh, millonario y con la vida resuelta, se dispone a cumplir su sueño en un momento decisivo para el Banco Central de Estados Unidos.

Ya pudo presidir la FED hace ocho años, cuando Donald Trump, que entonces exprimía su primer mandato como presidente de Estados Unidos, barajó su nombre para el puesto antes de, finalmente, decantarse por Powell. Una decisión de la que enseguida se arrepintió. El mandatario republicano llegó a decir que Warsh era demasiado guapo y joven para un cargo tan insigne. Ahora, con 56 años, el economista nacido en Albany (Nueva York) se dispone a ejecutar un cambio de régimen en la FED, tal y como él mismo manifestó durante la audiencia pública en el influyente Comité Bancario del Senado, que tenía que avalar su nominación.

A lo largo de su carrera, Warsh ha dejado un visible reguero de críticas hacia la organización y estrategia de la Reserva Federal. Con discursos bien armados, con toques literarios y frecuentes referencias históricas, ha lanzado dardos mordaces contra Powell y los funcionarios de la FED. En un famoso discurso pronunciado en 2016, criticó el pensamiento grupal de economistas y bancos centrales por propiciar políticas repetitivas, modelos equivocados y resultados económicos decepcionantes. Citando a Copérnico y a Ptolomeo, escribió: Las economías no mueren de vejez, mueren por errores de política. Y agregó en lo que es uno de sus mantras desde entonces: Todos los modelos económicos están equivocados, pero algunos son útiles.

Contra la expansión del balance

Conoce la institución. Fue gobernador entre 2006 y 2011 bajo la presidencia de Ben Bernanke. Entonces fue el enlace entre el banco central y Wall Street durante la crisis financiera de 2008, que colapsó el sistema financiero. Graduado en economía en Stanford y Harvard, trabajó como asesor financiero en Morgan Stanley, donde tejió una red de contactos en el exclusivo mundo de las altas finanzas neoyorquinas. Esta experiencia le sirvió para ayudar a diseñar los mecanismos de rescate que la Reserva FEDeral lanzó en la Gran Recesión para evitar la caída generalizada de la gran banca.

Tras la gran crisis financiera, abandonó la FED en 2011, molesto por la persistencia de las medidas de estímulo monetario. El banco había lanzado el Quantitive Easing (QE) o Facilidad Financiera, un mecanismo de compra de bonos y deuda corporativa cuyo objetivo era inyectar dinero en un sistema financiero deshidratado y seco tras la caída de Lehman Brothers. Esa política inaudita hasta entonces incrementó el balance de la FED, que cambiaba el dinero nuevo por títulos de deuda. Cuando la primera gran ola de la crisis aún se estaba replegando, Warsh defendió que era momento de desmontar aquel andamiaje financiero. Sin embargo, Bernanke consideraba que aún había riesgos que acechaban sobre la economía.

Desde entonces, Warsh ha censurado la dimensión del balance del banco central, la forma de elaborar las previsiones, los datos y estadísticas, y la orientación de la política monetaria de los últimos años. Ha acusado a los responsables de la Reserva FEDeral de ser complacientes con la inflación, de dejarse llevar por el statu quo y de sobrepasar su mandato de política monetaria.

Nuevas herramientas: Menos presencia pública

No hay más que repasar la intervención de Warsh durante su examen en el Senado para captar su declaración de intenciones. De aspecto aseado y formas elegantes, dejó claro lo que piensa. Dijo que en la crisis de la covid, la FED no dio en el clavo. El fatal error político de hace cuatro o cinco años sigue siendo un legado con el que lidiamos, insistió. Warsh también dejó claros sus principios en su comparecencia en el Senado. Eso implica un cambio de régimen en la conducción de la política monetaria, subrayó. Significa utilizar las herramientas de manera diferente. La Reserva FEDeral tiene una herramienta de tipos de interés y una herramienta de balance. En mi opinión, la herramienta de tipos de interés llega a los rincones más vulnerables. Es más justa. La herramienta de balance beneficia desproporcionadamente a quienes poseen activos financieros. Por lo tanto, necesitamos un nuevo marco, nuevas herramientas. Y añadiría nuevas formas de comunicación, dijo ante los senadores que debían aprobar su nominación.

El economista cree que el balance de la FED, que está en unos 6,7 billones de dólares, frente a los nueve que llegó a estar tras la pandemia o los cuatro tras la crisis financiera, no es más que un instrumento de política fiscal, que no beneficia a los hogares. Además, sostiene, en contra de otras opiniones, que los tipos deben ser más bajos para absorber la ganancia de productividad que está generando la inteligencia artificial (IA).

También quiere dar un giro a la estrategia de comunicación, reduciendo las llamadas orientaciones prospectivas, porque cree que condicionan las decisiones futuras. Incluso piensa en limitar las conferencias de prensa posteriores a las decisiones del Comité FEDeral de Mercado Abierto (FOMC), que decide sobre las tasas.

Apuntalar la independencia

Sin embargo, la primera prueba de fuego de Warsh es demostrar la independencia respecto a la Casa Blanca. Trump ha coaccionado a Powell para que se atenga a su deseo de rebajar los tipos de interés de forma más agresiva. El mismo día que Warsh compareció en el Senado, el presidente republicano se encargó de marcarle los límites. Deberíamos tener el tipo de interés más bajo del mundo, dijo en una entrevista en la CNBC, donde aseguró que se sentiría decepcionado si una Reserva FEDeral liderada por Warsh no cumpliera con la promesa de bajar las tasas de forma inmediata.

El presidente nunca me pidió que predeterminara, me comprometiera, fijara ni decidiera sobre ninguna tasa de interés en ninguna de nuestras conversaciones, ni yo jamás habría accedido a hacerlo, manifestó Warsh en el Capitolio. El nuevo gobernador, casado con Jane Lauder, heredera del imperio de Estée Lauder, cuya fortuna se calcula en cerca de 2.000 millones de dólares, se ha esforzado por defender su independencia respecto a Trump. Es el presidente del banco central con mayor patrimonio personal de la historia de la institución. Se ha comprometido a deshacerse de los activos que puedan incurrir en conflicto de intereses en un plazo de 90 días.

Permítanme ser muy claro: la independencia de la política monetaria es esencial. Los responsables de la política monetaria deben actuar en interés de la nación. Sus decisiones son el producto del rigor, la deliberación y una toma de decisiones libre de interferencias, señaló. Pese a sus palabras, no ha conseguido despejar las dudas sobre su independencia.

Quizá por su vacilación al contestar a una pregunta que le lanzó la senadora demócrata Elisabeth Warren: ¿Perdió Donald Trump las elecciones de 2020? La cuestión tenía su miga, porque el republicano sostiene sin pruebas, y pese a que todos los jueces le han dejado en evidencia, que los demócratas le robaron aquellas elecciones, y ha arrastrado a muchos conservadores a esa teoría de la conspiración.

Buscar consensos en una FED dividida

Warsh, además, desembarcará en una FED más dividida, con una inflación creciente (3,8% interanual), y dudas sobre el camino a seguir. La presión de la Casa Blanca ha abierto una brecha en la institución, donde empiezan a ser habituales las voces discordantes con la decisión sobre los tipos. Durante años, todos los miembros del Comité FEDeral de Mercado Abierto (FOMC) votaban de forma unánime. Así fue durante casi dos décadas, entre septiembre de 2004 y septiembre de 2024. Desde entonces, coincidiendo casi con el regreso de Trump a la Casa Blanca, se suceden las voces disidentes. En la última reunión se produjeron tres votos discordantes, la mayor disensión en casi 35 años.

Deberíamos tener una deliberación amplia y sólida dentro del FOMC. Yo tiendo a preferir reuniones más desordenadas que algunos otros, donde la gente no llegue con discursos ensayados, sino donde podamos tener una buena pelea familiar, dijo Warsh hace un par de semanas. Si el banco central tiene esa buena pelea familiar, creo que tomará mejores decisiones. Y, si llegan a cometer errores, los corregirán más rápido, añadió. En realidad, está abonando el terreno a las esperadas discrepancias en la institución con su llegada. Él siempre había sido defensor de subir las tasas para combatir la inflación, pero durante el último año ha virado su postura, coincidiendo con las exigencias de Trump de tipos más bajos.

Por último, su mandato estará también marcado por la presencia en la junta de gobernadores del anterior presidente. Jerome Powell abandona la presidencia, pero permanecerá en la junta como un simple gobernador por un tiempo sin determinar. Se espera que no organice una oposición contra Warsh; Powell ha anunciado que tendrá un papel discreto. Está por ver qué influencia tiene en el Comité de Mercado Abierto. Si supone un acicate para los más halcones o, por el contrario, representa un voto de apoyo oculto a Warsh al mantenerse al margen de cualquier polémica. Lo que está claro es que ha empezado un cambio de régimen en la Reserva FEDeral.

Jesús Sérvulo González – El País de España