
Pedro Coronado, “Pedrito” quien hizo del reporterismo su vida y la escuela de periodismo que estuvo guiada por su padre putativo: Marcos López Inserni, que durante más de tres décadas y media llevaron la voz de una sociedad levantaba en los albores del progreso y la reivindicación política y social de una comunidad.

Era Pedro el fablistan que cuidaba con decoro el instrumento de trabajo cual joya patrimonial e inseparable de su templo, por eso que, para él su máquina de escribir: la Olivetti de carro largo que tecleaba día tras día, la cuidaba con celo, como el Jesús de Nazaret vigiló con sigiló su entrada triunfal a Jerusalén un domingo de ramos. Un tiempo como el que recibe a este “Coronado” en el cielo.
A sus 75 años de vida respiró el sueño de aquel hombre nacido peninsular, “Tacariguero”, de la pequeña aldea de humildes pescadores anclada en la “otra costa”, como le llamamos los cumaneses a un brazo del yunque que dibuja el espigón, y contiene las aguas caribeñas del “Golfo de Cariaco”.
“Pedrito” Coronado, con quien desde joven compartí al igual que el extinto Pedro Bastardo mis primeras aulas experienciales del periodismo impreso, coronó el cielo similar al último “mohicano” de “Tacarigua” en el “Siglo XXI”, periódico cumanes que fue barrido por la vorágine y la maledicencia de una plebe cocinada en los hornos del pensamiento hegemónico del leninismo y chauvinismo más rancio del canibalismo surdo en Venezuela.

Hoy me nace hiperbolizar la figura de un hombre humilde, difícil de conseguir en estos tiempos, por ello, me atrevo a decir en este sencillo homenaje posmorten, referenciando lo que nos revela la palabra bíblica en Eclesiastés 3:1, “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”.
Es tan cierto esta aseveración que la exégesis del verso nos lleva a concluir que la vanagloria del mundo se olvida, y que la soberanía de Dios en los ciclos de la vida, indica que cada evento tiene un momento señalado por Dios.

Hoy “Pedrito” como le decíamos cariñosamente en los pasillos de la vieja casa de calle Sucre de vecindad San franciscana donde funcionaba el rotativo de Cumaná, nos lleva inexorablemente a poner a Dios por delante de todo, como debe ser.
Nos lleva a remembrar que en el día de su siembra, los cristianos celebramos con denuedo el texto de (Zacarías 9:9), que es una profecía mesiánica que anuncia la llegada del rey de Sion: “¡Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, ¡sobre un pollino hijo de asna”!. Este versículo destaca la humildad y la misión salvadora del Mesías, cumplida por Jesús en su entrada triunfal a Jerusalén.

