
Amigos lectores:
I. Arranca el PDF del Papel Literario 2026 con un homenaje a Armando Durán (1937-2025), páginas 1 a la 9, más tres novedades: la incorporación de las columnas de Carolina Guerrero, Cristina Raffalli y Mario Morenza, reunidas en la página 10:
–Angelus Novus es el nombre escogido por Carolina Guerrero, investigadora y profesora de la Universidad Simón Bolívar, especializada en temas de las ciencias políticas y el pensamiento contemporáneo; Guerrero fue mi compañera de trabajo en 1995 y 1996, mis primeros años en el Papel Literario.
–Las alas del deseo, columna de Cristina Raffalli, que estará dedicada al cine. Se trata, en realidad, de un regreso: con ese mismo nombre, Raffalli -periodista, narradora y profesora universitaria residenciada en Francia- fue columnista de estas páginas en 1997 y 1998.
–El vuelo detenido, de Mario Morenza, también es un regreso: entre los años 2019 y 2023 la publicamos en numerosas ocasiones. Morenza es narrador, investigador literario y profesor universitario. En 2016 ganó el Concurso de Cuentos de El Nacional.
II. En los últimos 25 años de su vida, cuando menos, Armando Durán insistía en que él no era más que un periodista. De hecho, en la solapa de ese volumen insuperable que es Venezuela en llamas (2004) se encargó de martillar esta frase: “Todos sus documentos de identidad siempre han registrado una única profesión: periodista”. Era periodista, cierto, pero de un bagaje excepcional: Doctor en Filología y Letras en la Universidad de Barcelona, España; autor de dos volúmenes de relatos publicados por Monte Ávila Editores; de dos iluminadores estudios literarios sobre la novela sentimental caballeresca; profesor en la Universidad de Michigan y luego en la Universidad Central de Venezuela; político de una notable armadura para la estrategia; parlamentario durante diez años; tres veces ministro en gobiernos de Acción Democrática: de Información y Turismo, de Relaciones Exteriores, y de Secretaría de la Presidencia; embajador en Uruguay y España; además de lector disciplinado, refinado cocinero, navegante y analista dotado de una inagotable inteligencia desmitificadora. Una mente esclarecida, que desafiaba a quienes tuvimos el privilegio de su amistad.
III. Siete textos conforman el dossier:
Cristina Guzmán, exesposa y generosa amiga de Durán hasta su final (quien me prestó una ayuda invaluable para armar este dossier), escribe Armando Durán de cerca: “De Armando debo y puedo precisar con absoluta propiedad que dos pasiones llenaron su existencia: la literatura y la política. Su excepcional conocimiento de la historia de Cuba hizo de él una fuente irrebatible”.
Belén Rojas Guardia, ofrece un breve texto titulado Inolvidable jefe: “A veces el corazón tiene una necesidad que nos exige detenernos, sacarle tiempo al tiempo para despedir a un amigo, a un inolvidable jefe, a la persona que no solo fue el artífice de mi profesión sino, además, un hombre notable que marcó una etapa que ya no existe”.
Fernando Luis Egaña, Mi amigo Armando Durán: “Hablábamos de historia, periodismo, de las situaciones presentes y de un asunto que le era preferido: Cuba. Su espíritu crítico podía ser demoledor, pero su inteligencia y vasta cultura le permitían reconocer argumentos contrarios, e incluso aceptarlos a regañadientes”.
Tulio Álvarez-Ramos, también amigo de Durán, Entre barcos, libros y batallas: el testigo y la palabra: “Escribía con la doble autoridad del testigo y del analista. Como testigo, porque había vivido la revolución cubana desde sus inicios y conocía a sus actores; como analista, porque su formación filológica le permitía desmontar los discursos y mostrar las contradicciones internas. En sus páginas se percibe la convicción de que el chavismo no podía entenderse sin la sombra de Cuba, y que la historia venezolana reciente debía leerse en diálogo con la experiencia caribeña”.
Por mi parte, escribí Durán, señor de la distancia, luego de leer y releer sus libros en diciembre, en los que sigo la pista al vínculo indisoluble que Armando mantenía con el distanciamiento: “Durán formula en 1972 el que será su modo de observar y reflexionar sobre los hechos -especialmente políticos- a lo largo de las décadas siguientes: una constante tensión entre distancia analítica y aproximación sensible, un enriquecedor intercambio entre los parámetros de lo racional y el dictado de sus pálpitos”.
IV. Pero todavía me falta comentar las dos entrevistas, de insoslayable valor, que traen estas páginas, que afinan los contenidos del dossier:
-Una, la que Armando Durán le hizo a Gabriel García Márquez en junio de 1968, publicada en el número 185 de la Revista Nacional de Cultura -julio a septiembre de 1968-, entonces dirigida por Simón Alberto Consalvi. Material precioso, entre otras razones, porque incluye 6 o 7 ilustraciones realizadas por Pedro León Zapata. Toca recordar que el año anterior, mayo de 1967, García Márquez había publicado Cien años de soledad y lo había impulsado a la fama: “Lo peor que le puede suceder a un hombre que no tiene vocación para el éxito literario, en un continente que no está acostumbrado a tener escritores de éxito, es publicar una novela que se venda como si fueran salchichas. Ese es mi caso. Me he negado a convertirme en un espectáculo, detesto la televisión, los congresos de escritores, las conferencias, la vida intelectual, y he tratado de encerrarme dentro de cuatro paredes, a diez mil kilómetros de mis lectores, y sin embargo ya me queda muy poca vida privada: mi casa, tú lo has visto, parece siempre un mercado público. Esta es mi cuarta entrevista en los últimos quince días”.
-La otra entrevista -documento excepcional-, es un fragmento de un proyecto más ambicioso, que Juan Carlos Zapata adelantaba con Durán. Lean lo que narra Zapata: “En julio de 2025 le dije a Armando Durán que hiciéramos un libro de entrevistas sobre su trayectoria como periodista y político. Comenzamos. Yo desde Madrid, y él desde Caracas. Trabajaríamos a cuatro manos. Que él corrigiera el texto que le enviaba de adelanto y al mismo tiempo seguíamos conversando. No pudimos acabar el proyecto. Pero quedaron estas respuestas. Estas y otras más que por razones de espacio no se incluyen en esta entrega. Yo solía conversar con Armando. Siempre estaba dispuesto a cualquier consulta que le hiciera. La última vez que vino a Madrid comimos y comimos bien. En medio de una de las conversaciones me dijo que toda entrevista tenía que estar justificada y me preguntó, qué era lo que justificaba aquello que estábamos haciendo. No estaba convencido de que su vida justificaba el proyecto. Lo lamentable, Armando, y lo escribo para que lo leas donde quiera que estés y espero que sea en el cielo, es que ahora tu muerte justifica la aparición de estas notas. Descansa en paz”.
Añadiré, aunque luzca redundante, que el de Zapata es el intercambio con un hombre que sabe que está en el trecho final de su vida, pero que mantiene intacta su entereza, su sentido de la dignidad, la vitalidad de su mente.
V. Les cuento, antes de cerrar, de las tres columnas que vienen en la página 10:
Carolina Guerrero escribe en La catástrofe, un día después: “La experiencia de la catástrofe supone la eventualidad de atravesarla sin advertirla. El arrojo de intentar comprender lo que se vive es francamente inusual. En ese sentido la historia, como registro, deviene en una acumulación de datos que se supone son relatados con “pensamiento crítico”. La sola frase es pretenciosa. ¿Existe el pensamiento en el deslinde de lo crítico? Solo si se admite que pensar es el tránsito de cualquier cosa a ras del cerebro”.
Cristina Raffalli en Magallanes, magnífico y vencido: “Un océano emerge gota a gota hasta colmar la pantalla. Una luz pictórica atraviesa grietas y rincones para alumbrar la agonía, el escorbuto y el miedo. Un grano de arena cae en silencio y el tiempo se convierte en tormenta que no cesa. El espectador sentirá el vértigo de cada ola, como si fuera uno de los doscientos treinta y siete hombres que conformaron la azarosa gesta. Verá la Patagonia y sus montañas de hielo; besará la arena cuando la embarcación alcance las costas de Filipinas, y pagará con su sangre la fiebre evangelizadora”.
Mario Morenza escribe en Teoría literaria (1/2): “Dije que probablemente hubiera vida en otros planetas, además de miles de sistemas solares. La muchacha, ruborizada, me dijo que existían, sí, esas absurdas teorías, pero que, si quería la primera comunión, ser bendecido, es decir, graduarme de católico, debía cooperar y aceptar lo que ella explicara “y por favor, no menciones más al fulano Carlos Satan”. No la corregí”.
VI. Que tengan todos un año bueno y esperanzador.

