En el marco de los 45 aniversarios de la Primera Iglesia Bautista de Cumaná, el joven Pastor Isler Rivas acudió a la invitación que le realizara su homologo Tómas Azócar, para que llevar la predica central del evento conmemorativo de tan importante fecha fundacional de esta Grey, que fuera inaugurada en año 1979 por carismático líder cristiano y teólogo de origen norteamericano Eugenio Kimler en compañía de su esposa Eva de Kimler.
El hermano Isler Rivas, quien es el Pastor titular de la Iglesia Bautista Central, ubicada en la avenida “Las Industrias” de la “Primogénita”, manifestó: “La Adoración es un estilo cotidiano de vida bañado por el agua viva de Cristo redentor”.
Esta aseveración la hizo la vertió, basado en el pasaje bíblico de (Juan 4:5-42), “Jesús y la samaritana”, que nos relata el encuentro del Hijos de Dios con aquella mujer extranjera junto al pozo de Jacob.
Imágenes del Pozo de jaboc.

Nos introdujo el predicador Rivas en una historia bíblica clave, donde Jesús, rompiendo barreras raciales y de género, le pide agua, ofreciéndole a cambio “agua viva” que da vida eterna, revelando que él es el Mesías y enseñando sobre la adoración en espíritu y verdad, lo que lleva a la mujer a convertirse en testigo y a muchos samaritanos a creer en Jesús.
Esta experiencia testimonial del Cristo redentor es conmovedora, respeto a nuestra contemporaneidad cristiana y nos invita a una renovación y develación de una fe verdadera en la inerrante palabra de Dios, que llama a reflexionar acerca de una adoración permanente, no solo en oración, sino, en acción y verdad sistemática de constante de nuestra comunión con un Cristo vivo en cada uno de nosotros, portadores de su espíritu Santo y de su voluntad divina.
Recordemos el texto bíblico de Juan 4: 12-15
Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es muy hondo; ¿de dónde, pues, vas a sacar esa agua viva? 12¿Acaso eres tú superior a nuestro padre Jacob que nos dejó este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y su ganado?
—Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed —respondió Jesús—, pero el que beba del agua que yo le daré no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.
—Señor —dijo la mujer—, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni siga viniendo aquí a sacarla.

