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Eligio Damas: Nunca he dejado de toparme con las nubes

 

Nunca he dejado de toparme con las nubes

 

Las nubes siempre se me ponen en el medio

o yo a ellas les pongo.

Nunca, desde que salí solo, por primera vez, a la calle del barrio,

dando mis primeros pasos, mi inicial aventura,

he dejado de toparme con las nubes.

Para ver detrás de ellas, aunque sé un poco, he tenido que hacer grandes esfuerzos.

Se endurecen y ensanchan, cuando me levanto en la punta de los pies,

elevo las manos, les jorungo, hago cosquillas, intentando estremezcan, agiten y

se aparten.

Suelo ver y hasta avanzar algo, pero ellas me atrapan, lo que dejo atrás de ellas, se adelanta, me ocultan lo que intento ver y alcanzar.

Cuando me imagino estar arriba por haberme montado sobre alguna de ellas, solo sueño, pues otra y otras se me ponen por arriba.

No sé, en verdad, si quieren mantenerme a sus pies, o debajo de ellas, pues pudieran no tener dónde y cómo pararse,

ignorantes de todo lo que detrás de ellas sucede o intentan protegerme,

mantenerme ignorante para que no me emborrache, contamine y suicide. Lo cierto es que, poco, muy poco sé, lo que de detrás o más arriba de ellas hay y acontece,

porque mucho está por acontecer.

Pero lo que allá acontecería, aquí en parte ha acontecido,

insisto en apartarlas, abrirle grietas para mirar arriba,

  

y descuido el deber de mirar hacia abajo y los lados, mi horizonte.

Esto enloquece y es como un intentar doblegar el orgullo. Pero solemos negarnos a mirar hacia abajo, atrás y a los lados.

Las nubes, sabias, por algo están cerca del futuro, me niegan mirar lo que detrás de ellas está, pues sería un mirar sin entender pues, para esto, debo mirar atrás y hacia abajo y a mi alrededor.

Por eso, todo eso, he dado por pensar que me protegen, que nada sepa de lo detrás de ellas acontece;

o si acaso, muy poco, tan poco que sólo lo imagino.

El saber demasiado, porque las nubes nunca estarían y nada ocultarían,

generaría muchas ambiciones y hasta supuesta sabiduría

que, al hombre haría quieto; todo está resuelto y respondido, solo basta mirar al cielo. Uno que me estaría vedado entrar, por tramposo.

Quien no sabe, porque las nubes se lo impiden, pero quiere saber,

se la pasa jorungándolas, intentando alzarse por encima de ellas, estar de pie, invitando a los demás a

hacer como él es, abriendo grietas en las nubes, porque su verdad, la verdad, no está a cielo abierto, sino envuelta en las nubes y más arriba de ellas.

Y por el esfuerzo que cuesta encontrarla, rompiendo apenas pedacitos de nubes,

viendo a través de pequeños orificios y hacia diminutos espacios, uno siempre

termina perdiendo. Llega tarde, después que los rapaces han destruido todo.

Todo eso, por no mirar atrás y al ayer.

La vida para unos es fácil, para otros cuesta demasiado.

Saber poco y sabiendo que poco uno sabe, nos hace menos arriesgados y más prudentes.

Pero hay que respetar a las nubes, pues vuelan, ocultan, despejan y soportan, es mejor estar dentro de ellas que por arriba,

habiéndolas roto en pedazos, valiéndose de la fuerza, ignorando el orden de los pasos.


Eligio Damas: Profesor, especializado en Historia. Nació en Cumaná, lleva unos cuantos años viviendo en Barcelona. Ha sido militante y dirigente político. Desde hace varios ha publicado en diarios y revistas. Escritor de artículos sobre temas diversos; cuentos, novelas y ensayos. Tres de sus novelas, “La Tía Panchita”, “La Mudanza” y otra sin título definitivo, están sin editar. Con la novela “El Crimen Más Grande del Mundo”, se ganó el premio nacional de narrativa del 2010, del Fondo Editorial IPAS.ME.