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El sonido de la emoción en un recorrido por el Romanticismo musical, por Emilio Figueredo

 

El romanticismo fue un movimiento cultural y artístico que surgió en Europa a finales del siglo XVIII como reacción a la Ilustración y el Neoclasicismo. Se caracteriza por priorizar la emoción y la imaginación sobre la razón, exaltando el individualismo, la libertad creativa y una conexión profunda con la naturaleza. Este movimiento influyó en la literatura, la pintura, la música y la política, valorando la subjetividad, el pasado (especialmente la Edad Media) y lo exótico.

I. Los albores del Romanticismo (1800–1830)

Donde la emoción comienza a desafiar la forma clásica.

Niccolò Paganini – Capricho No. 24 en la menor, Op. 1: Maria Dueñas. Virtuosismo demoníaco; el violín como espejo del genio individual.

 

Ludwig van Beethoven – Sinfonía No. 5 en do menor, Op. 67: I. Allegro con brio: Gardiner. El destino golpea la puerta: drama, energía y triunfo.

 

Franz Schubert – Sinfonía No. 8 “Inconclusa”: Von Karajan. Allegro moderato melancolía y lirismo interior.

 

Carl Maria von Weber – Der Freischütz: Obertura Fantasía, Erich Kleiber. Naturaleza y leyenda germánica: el primer drama musical romántico.

 

II: El Romanticismo pleno (1830–1870)

La emoción domina: el arte como expresión personal.

Félix Mendelssohn – Obertura Sueño de una noche de verano, Op. 21: Andrés Orozco. Hermosa pieza inspirada en la comedia de Shakespeare

 

Frédéric Chopin – Nocturno en mi bemol mayor, Op. 9 No. 2: Claudio Arrau. El piano se convierte en confesión íntima del alma

 

Robert Schumann – Carnaval, Op. 9: “Florestan” y “Eusebius” Vladimir Ahkenazy. Dos rostros del espíritu romántico: Exaltación y ensueño.

 

Hector Berlioz – Sinfonía fantástica, Op. 14: IV. Marcha al suplicio. Daniele Gatti. Pasión, delirio y autobiografía musical.

  

Franz Liszt – Les Préludes: Daniel Barenboim. El nacimiento del poema sinfónico.

 

Gioachino Rossini – Guillermo Tell: Obertura (final): Myung-Whun Chung.  La ópera entra en la era romántica.

 

Gaetano Donizetti – Lucia di Lammermoor: “Il dolce suono” Anna Netrebko. (Escena de la locura).

 

III. El esplendor sinfónico y la espiritualidad romántica (1870–1900)

El romanticismo alcanza su madurez y grandiosidad.

Brahms Sinfonia N° 1 en do menor, IV Allegro non troppo: Abbado. Brahms el continuador de Beethoven, expresión de lucha interior convertida en armonia. Los silencios cobran importancia.

 

Wagner- Tristan e Isolda: Prelude und Liebestod: Orozco. Liberación de la tonalidad y el deseo.

 

Bruckner- Sinfonía 7 en mí mayor, adagio: Jansons. Monumental y espiritual.

 

Tchaikovsky- Concierto para piano N° 1 en si bemol menor; I Allegro non troppo: Kissin/Karajan. Virtuosismo y pasión.

 

Albeniz: Suite Iberia, Triana: Obra maestra y evocadora.

 

Emilio Figueredo

Emilio Figueredo – Análitica.com