Sin duda, uno de los momentos que quedará en la memoria colectiva del país fue cuando se escapó del cuidado de su madre, hermanas y abuelos, que estaban en la primera fila de la ceremonia religiosa, para ir de banca en banca recogiendo rosas blancas que tenía cada uno de los presentes y ponerlas encima del féretro de su progenitor.
Durante los tres actos de la última despedida del senador Miguel Uribe –Capitolio, Catedral Primada y Cementerio Central-la mayoría de miradas se quedaron con el pequeño Alejandro. A sus cuatro años le dijo adiós a su padre, la misma edad en la que el congresista fallecido también enterró a su madre, la periodista Diana Turbay.
Como esta escena, fueron varios los momentos en los que quedó retratado el sumo dolor que embargó a Colombia en los últimos días. La despedida final del senador Uribe comenzó a las 8:30 de la mañana, en el capitolio del Congreso.
La despedida en el Congreso
Con un acto privado de la familia para rezar el rosario en el salón elíptico del Congreso comenzó el tercer día de cámara ardiente en homenaje al senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay. A las 10 de la mañana, por el pasillo central del Salón Elíptico, pasó su padre, Miguel Uribe Londoño, acompañado de otros familiares y del abogado Víctor Mosquera.
Por tercera vez, Uribe Londoño, antes de saludar a los demás asistentes, se acercó a abrazar el féretro donde yacía el cuerpo de su hijo. Fueron cerca de 15 minutos en los que los asistentes se aproximaron a la familia para expresar su respaldo.
En el recinto estuvieron presentes figuras políticas del exterior, como el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau; el encargado de negocios de la embajada, John McNamara; y el senador Bernie Moreno. Asimismo, asistieron congresistas de diferentes sectores políticos, gobernadores, alcaldes, entre otros.
El homenaje inició a las 10:30 de la mañana. Las primeras palabras las pronunció el presidente del Senado, Lidio García, quien invitó a bajar el tono y a aprender a vivir en paz a pesar de las diferencias y dejar a un lado las rupturas.
Acto seguido, Julián López, presidente de la Cámara, se solidarizó con la familia e hizo un llamado a recuperar la confianza en las instituciones mediante la transparencia. La política sin garantías es un campo minado, manifestó.
En nombre del expresidente Álvaro Uribe Vélez, el director del Centro Democrático, Gabriel Vallejo, leyó unas palabras escritas por el exmandatario para el homenaje al senador. En su discurso, pidió celeridad en la investigación y el apoyo de órganos de inteligencia de países aliados.
Todas las personas que se encontraban en el salón se pusieron de pie en el momento en que Uribe Londoño subió al atril para dar sus palabras. El sonido de los aplausos llenaba el recinto cada vez que evocaba lo que su hijo fue en vida.
Fue más de una hora de homenaje en el Congreso, que culminó con un pasillo de honor por el que pasó el féretro, escoltado por miembros de la guardia, mientras los asistentes ondeaban pañuelos blancos.
La eucaristía
El tramo entre el capitolio y la Catedral Primada no es muy largo, de poco menos de 300 metros, pero le tomó más de 10 minutos hacer el recorrido al cortejo fúnebre, que era encabezado por el cofre y los siete miembros del batallón Guardia Presidencial que lo escoltaban. La marcha fue lenta y pausada.
Mientras tanto, en el máximo templo de la fe católica en Colombia se apoderó el silencio. Solo se escuchaba los gritos que pedían justicia, justicia, justicia desde la parte externa del perímetro de seguridad que se hizo en la Plaza de Bolívar. El féretro y sus escoltas entraron acompañados de las notas de la Filarmónica de Bogotá y de la canción Fuerza, Miguel, de la cantautora Andrea Botero.
El féretro fue ubicado en la nave central, justo al frente de la primera fila en la que estaba su familia por un lado y en el otro los expresidentes de Colombia. Hicieron acto de presencia César Gaviria y su exesposa, Ana Milena Muñoz; Ernesto Samper y su esposa, Jacqueline Strauss; y Juan Manuel Santos y su esposa, María Clemencia Rodríguez. A sus espaldas estaban Lina Moreno y su hijo Jerónimo Uribe, en representación del expresidente Álvaro Uribe, actualmente cumpliendo detención domiciliaria.
En esa misma ala, tres o cuatro filas más atrás se ubicó la delegación de los Estados Unidos, encabezada por el subsecretario de Estado, Christopher Landau, y el encargado de negocios en Colombia, Jhon McNamara. En el resto del recinto eclesial se vieron caras de la política nacional como Enrique Peñalosa, el representante Andrés Forero-uno de los mejores amigos de Uribe- Marta Lucía Ramírez, Angélica Lozano, Clara López -una de las pocas cercanas al gobierno Petro-, el gobernador Eduardo Verano, el excanciller Álvaro Leyva, entre otros.
Fue una eucaristía en la que hizo acto de presencia buena parte de las dignidades del clero bogotano que acompañaron al cardenal primado, Luis José Rueda, en la liturgia. Durante las casi dos horas de ceremonia, la solemnidad predominó, en el tono, solo fue rota por el pequeño Alejandro, que se acercó más de una vez al féretro y buscó la compañía de sus pequeñas primas.
Uno de los momentos de mayor atención fue el del saludo de la paz. Los tres expresidentes presentes y sus acompañantes se movieron de su lugar para ir directamente en búsqueda de la familia de Miguel Uribe. Uno de los abrazos más sentidos fue el de María Clemencia Rodríguez a la viuda. Volvieron a los asientos y se pasó a dar la comunión. El primado fue el encargado de impartirla a la familia, a los expresidentes y a las primeras filas, incluyendo al subsecretario Landau, del que llamó la atención pues presumían que era de confesión protestante.
El cierre de la ceremonia fue con los discursos de María Claudia Tarazona y Miguel Uribe Londoño. En el primero, la esposa hizo énfasis en que debía seguir adelante por su hijo y que debía seguirse el legado de amor de Miguel Uribe por Colombia. El discurso de cierre, el del padre, tuvo un tono más político y fue un llamado para que el Centro Democrático asuma las banderas de congresista asesinado para las elecciones de 2026.
La despedida final
A diez metros de la tumba de Luis Carlos Galán, candidato presidencial asesinado en 1989, fue sepultado Miguel Uribe Turbay en el Cementerio Central de Bogotá, junto a más de 30 expresidentes y líderes políticos. El féretro, custodiado por la guardia de la Escuela Militar, llegó a las 2:37 p. m. a la entrada principal sobre la calle 26, donde un fuerte dispositivo de seguridad con policías y militares resguardaba el acceso.
El cortejo avanzó por los pasillos del camposanto, el más antiguo de la capital, pasando frente a las sepulturas de Rafael Núñez —autor de la letra del himno nacional—, Gustavo Rojas Pinilla, jefe de Estado entre 1953 y 1957; y Carlos Lleras Restrepo, presidente entre 1966 y 1970. También reposan allí figuras como Alfonso López Pumarejo, recordado por sus reformas sociales en las décadas de 1930 y 1940.
En el centro del corredor principal se había dispuesto el espacio para su inhumación. La ubicación fue elegida por su valor histórico y su cercanía a otros dirigentes que marcaron la vida política del país. Alrededor, en silencio, familiares y allegados acompañaban el momento. María Claudia Tarazona, su esposa, y Miguel Uribe Londoño, su padre, se abrazaron. Alejandro, el hijo de cuatro años, dejó una rosa blanca sobre el féretro.
La ceremonia religiosa estuvo a cargo de monseñor Fadi Bou Chebl Abi Nassif, de la iglesia maronita, comunidad a la que se ha acogido la familia. En su mensaje, llamó a la paz y no a la venganza. Dios todopoderoso, acepta la oración nuestra con tu misericordia, recibe a nuestro hermano Miguel y corónalo con la corona que no se marchita jamás. Miguel, gracias por dar a tu familia y a Colombia lo que has dado, expresó.
Tras la misa, la Policía Militar realizó la salva de 21 cañonazos, acto ceremonial que consiste en disparar al aire —sin proyectiles reales— como muestra de honores solemnes. Mientras tanto, un quinteto de cuerdas de la Orquesta Filarmónica de Mujeres de Bogotá, conformado por tres violines, una viola y un violonchelo, interpretó piezas de Bach, Schubert, Johann Pachelbel y César Franck.
En el silencio posterior a la música y a los disparos de honor, junto a la tumba recién cerrada, María Claudia Tarazona y Miguel Uribe Londoño se abrazaron con fuerza, en un gesto que no necesitó palabras. A pocos metros, reposaban otros nombres que marcaron la historia del país; alrededor, los asistentes se retiraban despacio, dejando que el cementerio volviera a su quietud habitual y el luto de todo un país.
El Tiempo de Bogotá

