
En estas fechas las madres para permanecen en vigilia. Se recuestan para calmar los llantos de sus hijos ante las fuertes precipitaciones, pero aseguran que tienen las cholas pegadas de la cama por si tenemos que salir corriendo.
Lo que para algunas familias representa una crecida natural del río Orinoco, para habitantes de comunidades como La Laja y El Edén, en la parroquia Simón Bolívar, y Campo Rojo, en la parroquia Dalla Costa de San Félix, estado Bolívar, es sinónimo de miedo, pérdidas y desplazamientos.
En medio del barro y la humedad, estas familias tienen el fluvial en la puerta de sus viviendas, las cuales protegen con muros de contención, maderas y cualquier objeto que pueda evitar el desborde del agua.
Las madres para estas fechas permanecen en vigilia. Se recuestan para calmar los llantos de sus hijos ante las fuertes precipitaciones, pero aseguran que tienen las cholas pegadas de la cama por si tenemos que salir corriendo.
A pesar de que pareciera improvisados, muchos de ellos ya saben para qué casa de vecino correr a llevar sus enseres si el agua entra a sus viviendas y, además, saben dónde tendrán que desplazarse en caso de que Protección Civil clausure el lugar.
Yilexis Sucre, habitante de Campo Rojo, parroquia Dalla Costa, lleva más de 30 años en el sector. Asegura que nació ahí, en una barraquita, y al independizarse construyó una vivienda para ella y sus hijos.
Esto es terrible. La broma se pone fea por aquí. Nosotros estamos cerca de la represa. Aquí nos pega la ventolera muy fuerte. Nosotros ponemos las cosas en alto, hay barraquitas donde la gente se tiene que salir. Yo meto las cosas donde mi vecina porque se me mete el río. No podemos dormir porque se nos mete hasta abajo y hay culebras. Uno no puede dormir, puntualizó.
Hay años en los que se va del lugar ante las fuertes lluvias, mientras que en otras oportunidades ha permanecido en el sector. Para este 2025 pronostica que estará más fuerte que el año pasado, por lo que considera prudente salir, especialmente, porque tiene un hijo enfermo a quien no quiere arriesgar.
En la parroquia Simón Bolívar, sector El Edén, habita María Luisa Ortiz, propietaria de la bodega de la comunidad y vecina desde hace más de 35 años. De más de 60 años, asegura que todos sus hijos se mudaron a España hace años y ella permanece en el país. Al ser consultada sobre su deseo de emigrar, automáticamente pregunta: y a quién le dejo yo mi casita.
La casa de su juventud y vejez está llena de muros de contención y bloques, los cuales usa para intentar detener el agua cuando crece una laguna que rodea toda la barriada y pasa por la puerta de atrás de su casa.
Aquí lo que nos friega es la lluvia. Se llena toda la casa. Ese es el problema. Cuando viene la lluvia, todo el mundo se le daña. Hay tubos que botaban agua día y anoche, hace poco los arreglaron. Tú llegas a la esquina y por donde baja el agua hay unos huecos. Nadie arregla eso. El que no se ahoga, tiene que ponerse las pilas, comentó Ortiz.
Esperan que en las próximas dos semanas la situación recrudezca
Para vecinos de La Laja, la situación se ha mantenido controlada, pero el crecimiento del río es muy rápido. Según sus pronósticos, en aproximadamente dos semanas el agua entrará a sus viviendas y dependerá de factores climáticos si hay pérdidas materiales.
En El Edén coinciden en que durante los próximos 15 días hay que ponerse las pilas y recoger las cosas porque, además, insisten en que quedarse cuando el agua empieza entrar así no haya peligro de ahogamiento es sumamente peligroso.
En dos semanas vengan, para que vean que el agua llega a la casa. Eso nos quedan 15 días y nos tenemos que salir, declaró un vecino de El Edén.
El río Orinoco continúa subiendo
Según el reporte de la Capitanía del estado Bolívar, durante la primera semana de julio el Orinoco viene subiendo de forma constante. A pesar de que aún no se está en alerta verde, la cual se indica cuando la afluencia supera los 16,50 metros sobre el nivel del mar (msnm), este martes se alcanzó los 15,94 msnm, lo que tiene en alerta a residentes del sector.
Recientemente, organismos de seguridad alertaron que están haciendo vigilancia en las principales zonas de riesgo, puesto que el fluvial está creciendo hasta 12 centímetros por día.
En el estado Delta Amacuro, municipio Casacoima, se informó recientemente sobre la caída de un puente en el asentamiento campesino Cuya, el cual ha dejado incomunicado al sector.
Habitantes de Caroní temen que los efectos de las lluvias puedan hacerles perder lo poco que guardan en sus viviendas; además explicaron que la situación no acaba cuando cesan las lluvias, debido a que luego deben reorganizarse en sus casas.
Para José Peña, residente de la parroquia Dalla Costa, lo más complicado de estas situaciones es tener que guardar lo poco que tienen en bolsas o cajas y llevarlas a casas de otro familiar.
Se pensaría que el regresar para cuando terminen las lluvias, según sus cálculos a finales de agosto, es un alivio; sin embargo, Peña manifestó que luego vienen a recoger lo poco que la lluvia les deja, enfrentando estragos como paredes debilitadas, humedad, serpientes y aguas contaminadas alrededor de los sectores.
Luego de las lluvias necesitamos medicinas, apoyo, limpieza de las canales. Se viene la parte más difícil, puntualizó.
Francesca Díaz – Correo del Caroní

