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Lula Da Silva le devuelve el favor a Cristina Kirchner, por Pedro Benítez

El amor con amor se paga. El presidente brasileño Luis Ignacio Lula Da Silva vuelve a demostrar que es amigo casi incondicional de quienes han sido sus amigos, aún en las peores circunstancias. Insistamos aquí en el casi, porque ciertas condiciones aplican.

Sin embargo, hoy puso de manifiesto que Cristina Kirchner se encuentra en el grupo de sus amistades incondicionales. Hace pocas, aprovechó su paso por la Cumbre del Mercosur en Buenos Aires para abrir un espacio en su agenda y, acompañado de un nutrido grupo de seguridad, visitar a la ex mandataria argentina que desde la noche del pasado 17 junio cumple detención domiciliaria en su apartamento ubicado en el barrio Constitución de esa ciudad. Ese día la Corte Suprema de su país confirmó la condena dictada por el Tribunal Oral Federal N°2 en la causa “Vialidad”, por la cual ha recibido una pena de seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.

Para tal fin la embajada brasileña en Argentina solicitó y obtuvo permiso judicial correspondiente, que fue coordinado por las dos cancillerías.

El encuentro, que duró 50 minutos, dejó como testimonio unas pocas imágenes y el posteo en la red social X por parte de los dos lideres suramericanos sendos mensajes de mutuo afecto y compromiso político. El de Lula ha sido más escueto y personal, mientras que el de Cristina consistió en un comunicado en el cual equiparó su situación jurídica con la defensa misma “LA DEMOCRACIA ARGENTINA”, que, según ella, se encuentra amenazada por la “AUTÉNTICA DERIVA AUTORITARIA” del gobierno de Javier Milei, al que atacó por todos los flancos en la cantidad de caracteres que su cuenta en X le permitió.

Lula Da Silva y Cristina Kirchner

Lula también fue perseguido, también le hicieron lawfare

En claro contraste resalta el frio saludo entre Milei y Lula, que fue a recibir de manos del argentino la presidencia pro tempore del Mercosur. Aunque tensa, la reunión presidencial transcurrió civilizadamente con Milei, por un lado, exigiendo del bloque una mayor apertura comercial y amenazando con hacerlo unilateralmente, y con Yamandú Orsi (Uruguay) y Santiago Peña (Paraguay), por el otro, quejándose de la falta de avances del grupo en ese sentido.

Por supuesto, la señora Kirchner no iba a dejar pasar la ocasión para hacer que los focos mediáticos internacionales la enfocarán.

Una vez más se comparó con el presidente brasileño: “Lula también fue perseguido, también le hicieron lawfare hasta meterlo preso, también intentaron callarlo. No pudieron. Volvió con el voto del pueblo brasileño y la frente en alto”.

La expresión “lawfare” (guerra jurídica con fines políticos) la popularizó ella, incluso antes de que Lula fuera condenado y detenido en abril de 2018. Con eso calificó a todas las investigaciones judiciales en su contra (por aquellos días eran diez) como una persecución política por parte del “partido judicial”, representante de los intereses de la “derecha neoliberal”.

  

Lula aprovecha la reclusión

Cuando regresó al poder a raíz de las elecciones de 2019, como vicepresidenta de Alberto Fernández, se consideró absuelta por el voto popular que recibió su coalición. Eso lo afirmó abiertamente en una carta que dirigió a la Corte Suprema argentina. Es de suponer que, según ese mismo razonamiento, el voto popular que entonces la absolvió, en noviembre de 2023 la condenó, cuando su grupo perdió las elecciones ante Milei. A ese detalle, como cabe esperar, no ha vuelto a hacer referencia.

O solo cuando le conviene. De ahí la comparación con el caso de Lula quien estuvo en prisión 1 año y 7 meses (abril 2018/noviembre 2019), tras agotarse en segunda instancia la apelación de su condena por corrupción y lavado de dinero relacionada con el caso de un apartamento de lujo. Pero otro fallo ordenó su excarcelación y en 2021 la Corte Suprema de Brasil declaró como inconstitucional el proceso judicial en su contra, anuló las condenas, permitiéndole recuperar sus derechos políticos y postularse nuevamente a la presidencia.

Sacando partido de las torpezas de Jair Bolsonaro como presidente, Lula aprovechó esos 580 días de reclusión en un penal para voltear el cuadro político del país, que en 2018 había sido claramente desfavorable al Partido de los Trabajadores (PT) y ganar la elección de 2022. Hizo de sus problemas con la justicia una causa política.

Rechazo a Cristina Kirchner

Aunque no se permitió el ingreso de presidentes extranjeros a la sede de la Policía Federal en Curitiba, donde cumplía condena, sin embargo, varios líderes internacionales le expresaron su apoyo y algunos intentaron visitarlo o enviaron mensajes de solidaridad. Fueron los casos de Pepe Mujica, Fernando Lugo, Alberto Fernández (entonces candidato presidencial), Evo Morales (fue el mandatario que más exigió su liberación en foros internacionales), la misma Cristina Kirchner, o José Luis Rodríguez Zapatero (uno de los pocos que logró ingresar y reunirse con él directamente).

El PT aprovechó esos apoyos para organizar una campaña nacional e internacional que hizo de Lula el jefe de la oposición en Brasil.

Es eso lo que Cristina, claramente, pretende hacer ahora. Y parece que lo está consiguiendo. Que por ese camino consiga se anule la sentencia en su contra, consiga la habilitación y otra eventual candidatura presidencial es lo que está por verse.

Por ahora, al gobierno de Javier Milei no parece molestarle que ella sea la jefa de la oposición. Al contrario, los estrategas políticos del presidente liberal-libertario consideran que le conviene. Al final de día Cristina Kirchner cuenta con un rechazo mayoritario de sus conciudadanos y su fuerte protagonismo impedirá la renovación en las filas opositoras. Ese es el cálculo.

@PedroBenitezF. – Al Navío