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Las 12 horas que sacudieron al Gobierno español y la presión en el PSOE para adelantar las elecciones generales

Pedro Sánchez en una comparecencia en la sede del PSOE.

Crece la presión en el PSOE para que Sánchez adelante las elecciones generales.

La intención de Pedro Sánchez de celebrar las elecciones generales en 2027 no cuenta con el respaldo unánime del PSOE. Los partidarios de adelantarlas y convocarlas lo más lejos posible de las autonómicas y municipales de mayo de ese año, una tesis que hasta ahora Emiliano García-Page defendía en soledad, se multiplican conforme se conocen más detalles de las grabaciones recopiladas por la UCO, la unidad anticorrupción de la Guardia Civil, en las que los dos últimos secretarios de Organización, José Luis Ábalos y Santos Cerdán, y Koldo García se explayan sobre las mordidas que presuntamente se repartían a cambio de contratos públicos. Los audios suponen un antes y un después y exigen una respuesta mucho más rápida y contundente, según la veintena de cuadros consultados por EL PAÍS que incluye a miembros de la dirección del PSOE, barones, alcaldes, diputados y senadores. Lo que Sánchez ha planteado por ahora es una reestructuración de la dirección del PSOE y una autoría externa de las cuentas socialistas, para disipar las sospechas de financiación ilegal. Es insuficiente, sentencia en privado un integrante de la cúpula socialista.

Un peso pesado del PSOE andaluz, la federación con más militantes, conviene que la mejor opción es que Sánchez convoque elecciones aunque sería suicida. La duda en la que se debaten los socialistas es cuál es la prioridad, aguantar para ver si se puede retener el Gobierno o proteger el poder territorial, ante un horizonte electoral funesto según la mayoría de encuestas aunque el PSOE se mantenga en una estimación de voto cercana al 30%. Me gustaría que las generales fuesen antes y que sea una decisión que se pueda colegiar, reclama un secretario general autonómico, que justifica que ese escenario permitiría hacer una campaña más focalizada en el territorio. El problema es aguantar dos años en esta situación, lo veo imposible, y encima sin Presupuestos, añade otro líder territorial. La inquietud alcanzó todavía más intensidad porque en el partido se esperaba que Cerdán hubiera entregado este viernes su acta de diputado. El temor a que no lo haga agitó todavía más al partido que un miembro de la dirección federal define en estado catatónico. No es lo mismo leerlo que oírlo. Esto es una tortura, una deflagración lenta que no sabemos cuándo acabará, lamenta un sanchista de siempre.

La hoja de ruta de Sánchez se percibe como un horizonte demasiado lejano mientras en el partido y en el Gobierno gana enteros la sensación de que las legislativas se adelanten a otoño, una decisión que solo corresponde al presidente. Lo que nadie quiere es un superdomingo electoral dentro de dos años. Una conjunción de elecciones sería un plebiscito nacional y eso puede llevarse por delante alcaldes y algún presidente autonómico, rechaza un tercer líder autonómico. También hay, por el contrario, quienes recuerdan que cinco ministros —María Jesús Montero (Andalucía), Óscar López (Madrid), Pilar Alegría (Aragón), Ángel Ángel Víctor Torres (Canarias) y Diana Morant (Comunidad Valenciana)— son los secretarios generales del PSOE en sus comunidades y sus campañas estarán condicionadas por la política nacional.

El alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna, es quien ha ido en público más lejos pidiendo un Congreso Extraordinario del PSOE y que Sánchez no se presente a la reelección, además del adelanto de las generales. Hay que actuar de otra manera, los socialistas no nos merecemos esto, hay miles de cargos en este país, alcaldes, concejales, diputados, personas honradas trabajando en los gobiernos, expresó Osuna, que confía que se tomen más medidas que las que anunció el presidente del Gobierno. El alcalde de la capital extremeña recalcó que no le parece lógico que Cerdán, que fue elegido apenas hace seis meses en el 41º Congreso Federal de finales del año pasado en Sevilla, sea sustituido el 5 de julio en un comité federal, el máximo órgano de decisión del partido, cuyos componentes el área de Organización de Ferraz —es decir, Ferraz— negoció con las federaciones del partido. Por esa razón, insistió en la alternativa de un congreso extraordinario. No pueden opinar los mismos que eligieron en ese congreso. Parte de esos miembros del Comité Federal los eligió precisamente Santos Cerdán, apostilló.

La sensación que se extiende por el PSOE, y que valoran en el entorno de García-Page, es que la mejor fórmula es la que el presidente de Castilla-La Mancha puso sobre la mesa hace unas semanas. García-Page la defendió incluso en la Conferencia de Presidentes en Barcelona. El barón socialista contó con el respaldo esta semana de Felipe González. Si lo ha pedido él, entonces estoy de acuerdo con Page y no con [Alberto Núñez] Feijóo, le respaldó el expresidente. A diferencia de García-Page, que no pone fecha al adelanto de las legislativas, una decisión que depende de Sánchez, el líder del PP exige que los comicios sean inmediatos.

Ahora mismo hay un posible arrastre negativo, a todos nos gusta llevar la mochila con menos piedras y que nos juzguen por nuestra gestión. Evidentemente lo que queremos es estar lo más alejados posible, asiente el alcalde de León, José Antonio Díez. Que haya elecciones en 2027 no significa que sean en julio. Pueden ser en enero. Sería sensato. Es perfectamente compatible, opina un regidor desde hace años alineado, a diferencia del leonés, con la línea oficial de La Moncloa y Ferraz.

El remedio de Sánchez para solventar su peor crisis política en siete años con una reestructuración de la dirección del partido no ha amortiguado la preocupación interna. El aliciente para ir a elecciones es puramente ético, porque esto no es remontable y cada día irá a peor en el plano nacional, aunque podría ayudar a salvaguardar a muchos de nuestros alcaldes y poder territorial, piensa otro pedrista que se confiesa decepcionado con Sánchez por no prestarle al partido la atención que merecía y haber delegado primero en Ábalos y después en Cerdán. El regidor de una gran ciudad echa la vista atrás para defender la que, a su juicio, es la mejor baza que le queda al PSOE: En mayo de 2023 nos vino la ola. Ya hemos visto la injusticia de tantos compañeros que perdieron sus ayuntamientos y gobiernos autonómicos. No se puede repetir, aunque nadie se engaña y el adelanto de las generales sería un suicidio, no tanto por el PSOE sino por los socios de izquierda.

Las 12 horas que sacudieron al Gobierno y al PSOE: Santos me ha mentido en toda la cara

Este miércoles, como casi siempre cuando tiene sesión de control, Pedro Sánchez había llegado bastante temprano a la zona de Gobierno del Congreso, a pocos pasos de la entrada al hemiciclo. Allí están a esas horas miembros del Ejecutivo y del entorno más próximo del presidente que aprovechan para hablar con él en unos minutos relajados antes del pleno. Santos Cerdán es una de esas poquísimas personas ajenas al Gobierno que tenía autorización para entrar a esa zona cuando quisiera, por su estrecho vínculo con el presidente. Él ha sido mucho más que un número tres del partido. El negociador con Junts, el hombre que coordina todos los movimientos de los distintos dirigentes territoriales. Cuando llamaba Cerdán, todos sabían que era como si lo hiciera Sánchez.

A esa hora del miércoles, las 8.30, las portadas de algunos diarios ya hablan del informe Cerdán de la UCO que estaba a punto de salir. Sánchez y su hombre clave del partido las comentan indignados.

Cerdán insiste en su indefensión, en quejarse de una persecución. Él decía, en público y en privado, que lo único que podía haber era conversaciones en las que se interesaba por alguna obra pública pero no por contratos amañados, sino porque le presionaban los alcaldes para ver si la que les afectaba iba a estar terminada para la campaña electoral de 2023. Y Sánchez, y con él todos los demás, le creen.

Ese miércoles, antes de la sesión de control, Cerdán y Sánchez están un rato a solas en la zona de Gobierno. El presidente transmite su solidaridad a su mano derecha en el PSOE. Esto no puede ser, no puedes defenderte, es muy injusto, le dice. Cerdán y Sánchez habían hablado muchas veces de estas cuestiones. El presidente le hizo llegar su solidaridad varias veces en público y muchas más en privado. Están difamando a una persona honesta, le había dicho a Alberto Núñez Feijóo en la anterior sesión de control, cuando el PP ya apretaba duro sobre el informe que estaba preparando la UCO. Después de esa charla a solas, en el hemiciclo hay un momento extraño que captan las cámaras: Cerdán y Sánchez no se saludan, y él no lo menciona ante Feijóo. Pero diversas fuentes coinciden en que fue casual: el apoyo se lo había trasladado de forma cerrada minutos antes y lo haría también después, durante todo el día e incluso la mañana del jueves, cuando el entorno del presidente asegura que él mantiene de forma absoluta la confianza en Cerdán a la espera del informe.

Llega la noche, y eldiario.es empieza a dar noticias muy inquietantes para el PSOE. El informe es demoledor, hay conversaciones de Cerdán hablando de amaños de contratos, y la imputación es segura. Incluso ahí, Sánchez decide apoyar a su número tres. Vuelven a hablar, le expresa su solidaridad por lo que cree una persecución injusta, dice que cree todo lo que le cuenta —que nunca ha estado presente en ninguna conversación de dinero extraño o de amaños en contratos— y autoriza un comunicado que elaboraron Cerdán y su equipo para defender su inocencia. Está tan de acuerdo con ese texto, que lo envía él mismo a un grupo que tiene el sector socialista del Gobierno, para que lo puedan ver todos los ministros. Y ordena difundirlo al máximo. También se envía al grupo de la Ejecutiva federal del PSOE, con autorización de Sánchez.

En ese momento, aunque la preocupación crece en todo el partido y en el Gobierno, Sánchez le dice a su entorno que tiene que haber una confusión en el informe. Que no es posible que Cerdán le esté mintiendo de esa manera tan burda y lleve haciéndolo años en los que han compartido miles de horas, reuniones, viajes, momentos de máxima tensión y de mucha confianza. Las apuestas en el entorno del presidente son a esas horas que el informe será un bluf, que al fin Cerdán podrá defenderse y explicar todo.

Algunos analizan ahora, con perspectiva, que Sánchez también fue presa de su propia obsesión con la persecución judicial contra el Gobierno y el PSOE de la que él y sus personas de confianza, Cerdán entre ellos, han hablado tantas veces. La cúpula en torno a Sánchez se instaló tanto en la idea de que todas las acusaciones contra ellos eran falsas que, pese a las noticias cada vez más inquietantes sobre Cerdán, el presidente decidió creerle. Además, Sánchez ha demostrado un nivel de desinformación impensable para un presidente del Gobierno. En su entorno insisten en que no supo nada concreto del demoledor informe de casi 500 páginas hasta que no lo publicó la prensa. Ni él ni su ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, tuvieron ningún tipo de información. Y por eso, señalan los suyos, medio Gobierno puso la mano en el fuego por Cerdán hasta quemársela entera.

  

Según explican varios dirigentes consultados, al contrario que José Luis Ábalos, que siempre llevó un ritmo de vida muy alto, hablaba mucho de dinero, se quejaba de que no le llegaba y de que otros en el Ejecutivo y sobre todo en empresas públicas ganaban mucho más que él, Cerdán era un hombre aparentemente muy austero, bastante gris en sus gustos, con un toque claramente rural que él siempre reivindica -va todo lo que puede a su pueblo en Navarra, donde realmente parece sentirse cómodo- sin coches caros, ni relojes, ni restaurantes finos, ni ningún lujo visible.

Con esa defensa cerrada de Sánchez se fueron él y los ministros a dormir el miércoles, confiando en que la UCO habría cometido en el mejor de los casos un error y en el peor un evidente exceso que se podría comprobar al leer el informe y que se volvería en su contra.

El jueves Sánchez ya no va al Congreso, pero Cerdán sí. El número tres del PSOE tiene aún el cuajo de negar todo. No me reconozco en esas conversaciones, nunca ha participado en una conversación de ese tipo, les dice a los periodistas.

Ya solo queda menos de una hora para que se publique el informe, pero en ese momento Sánchez sigue apoyándolo. Incluso después de que conociera la nota del Supremo que apunta que el juez ve indicios sólidos contra Cerdán. Sánchez y su equipo siguen en ese momento indignados con las filtraciones a la prensa sin que aún se supiera a ciencia cierta qué decían las conversaciones, cuál era el contexto. Esta filtración seguro que no la investiga el Supremo, se quejaban en su entorno poco antes de que apareciera el informe completo, respirando por la herida del proceso contra el fiscal general del Estado por otra filtración que afecta al novio de Isabel Díaz Ayuso.

Entonces sale el informe y es como una detonación simultánea en todos los despachos del poder del país. Sánchez lo lee en el suyo en La Moncloa, a solas, con asesores que le van dando detalles. El hemiciclo se llena de políticos, periodistas, asesores, girando sus móviles a la posición horizontal para leer mejor las demoledoras conversaciones entre Cerdán, Ábalos y Koldo García. Pensábamos que él no tenía nada que ver y de repente descubrimos que no solo pasaba por ahí, es que parecía el jefe de la trama, el que manejaba el dinero, resume un miembro del Gobierno.

Impertérrito, aunque con las manos temblorosas y cada vez más hundido en su escaño, Cerdán también lo lee con su mano derecha, Juanfran Serrano, a la vista de los periodistas en la tribuna de prensa, justo encima de su escaño, y los fotógrafos a su lado. Mientras, recibe decenas de mensajes que va borrando cuidadosamente.

En cuanto lo lee, Sánchez consulta con algunos miembros de su núcleo duro y tiene muy claro que Cerdán debe dimitir. Pero antes, el presidente hace algo inesperado, que solo se explica porque este es un asunto del que no puede responsabilizar a nadie más que a sí mismo, porque es él quien decidió confiar en Cerdán, que le acompaña desde 2014, como antes lo hizo en Ábalos.

Pero es que además le puso a él a limpiar el partido después de la crisis por la salida del anterior secretario de organización, apostó por él cuando se enfrentó con Adriana Lastra y ella acabó fuera de la cúpula y Cerdán con todo el poder, y le renovó la confianza en el congreso del PSOE hace seis meses, cuando ya había muchas sospechas y todos sabían que había sido él quien llevó a Koldo al PSOE y a Madrid. Cuando echó a Ábalos, Sánchez nunca quiso hablar con él. Mandó a Cerdán. Pero esta vez es diferente.

El presidente habla con Cerdán y le ordena que vaya a La Moncloa en cuanto acabe el pleno. Cerdán vota como los demás, sale más nervioso de lo que entra —estoy muy tranquilo, había dicho a la entrada— y se va a hablar con el líder. Algunos afirman que Sánchez quería que Cerdán le confesara a la cara lo que había hecho, que admitiera que le había engañado durante años. Pero sucedió lo contrario.

Incluso delante de Sánchez, con casi 500 folios inapelables, Cerdán lo niega todo. Dice que ese de las conversaciones no era él, que están manipuladas, que él nunca ha repartido dinero de comisiones, que eso es imposible. Sánchez ya no le cree. Le ordena que dimita y entregue el acta y lo comunique a los medios rápidamente. El presidente necesita anunciar las decisiones rápido porque a las 19.00 tiene un acto con el Rey y con Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, en el Palacio Real.

En cuanto Cerdán se marcha a Ferraz para escribir su comunicado con sus colaboradores, Sánchez reúne a su núcleo duro o al menos a los que pueden llegar rápidamente. Los ministros María Jesús Montero, Félix Bolaños, Óscar López, y su jefe de Gabinete, Diego Rubio, ven a Sánchez demacrado, muy tocado. El líder también habla por teléfono con muchos otros ministros y colaboradores. A todos les repite lo mismo: Santos me ha mentido en toda la cara, es increíble, me ha engañado durante años.

El presidente descarta las medidas más drásticas: su dimisión, que pide la oposición —esto no va de mí o del PSOE sino de un proyecto político que está haciendo cosas buenas para el país, diría después—, la convocatoria de elecciones, una crisis de Gobierno, una moción de confianza. Y se centra en la remodelación del PSOE, que anunciaría después, y una auditoria externa. Para muchos, muy poco para las dimensiones de la crisis.

Otros sostienen que en los próximos días Sánchez tendrá que madurar más movimientos porque el agujero de credibilidad que le deja la corrupción de sus dos últimos secretarios de organización es enorme.

El presidente se prepara entonces para comparecer en Ferraz, algo que no había hecho nunca desde que llegó a La Moncloa, y romper un silencio de 44 días sin admitir preguntas de la prensa. Antes de ir a Ferraz se cambia, se pone un traje muy oscuro, casi negro, como de funeral, se maquilla muy fuerte, con un tono mucho más sombrío de lo habitual, y con esa cara y ropa de sepelio llega ante los periodistas en una comparecencia muy seguida en televisión. Pidió perdón ocho veces, dice que nuca tenía que haber confiado en Cerdán, y trata de ganar tiempo para intentar recomponer su mayoría, reorganizar el PSOE y pensar en algún movimiento pare evitar un colapso definitivo que le lleve a unas elecciones en el peor momento posible, con una casi segura debacle para la izquierda que está en shock después de que el partido que llegó al poder contra la corrupción de Gurtel y del PP de Mariano Rajoy tenga a sus dos últimos secretarios de organización en un caso flagrante de amaños de contratos y enriquecimiento con comisiones de empresas constructoras.

Nadie sabe cómo va a salir Sánchez esta vez del agujero, el más profundo en el que ha estado en siete años en La Moncloa. La desolación es total. Tres golfos se pueden cargar un proyecto político que hacen miles de personas y sirve a millones. Es terrible, se lamenta un miembro del Ejecutivo. Pero no son tres cualquiera, sobre todo Ábalos y Cerdán, los dos a los que Sánchez les encargó dirigir el partido mientras él estaba en el Gobierno.

El País de España