
Todo podría resumirse diciendo, por ese lado vamos mal. Así lo cree Humberto González Briceño abogado, experto en Negociación, Conflicto y Pacificación. Escribe en el Diario de La Nación, San Cristóbal; Noticiero Digital; Semanario La Razón, Costadelsolfm.org, y diario El Nacional de Caracas. Lo suyo es un llamado de atención, un pedido de rectificación de la política de la oposición al régimen de Nicolás Maduro y los suyos.
José Jorge Zepeda Varas entrevisto a Humberto González Briceño.
Le cuento por qué lo llamo. Hace un par de días, el 21 de enero, para ser preciso, leí un artículo publicado en El Nacional, en donde hace una aseveración que merece ser conocida y comentada. Dice usted que la estrategia de la oposición para combatir a la dictadura de Nicolás Maduro y los suyos tienen una falla de origen sin solución. ¿Por qué?
Uno de los problemas que ha tenido la oposición venezolana desde el año 1999 ha sido caracterizar a quien se enfrenta. Es un problema de la mayor importancia. Porque lo que ocurre a partir del año 1999 es que se da una reestructuración del régimen político en Venezuela. No solo se cambia la Constitución del año 61, sino porque el régimen de Chávez comienza a hacer cambios estructurales al sistema político. Es un proceso en donde progresivamente han ido tomando el control de todas las estructuras del Estado. ¿Qué quiere decir esto? Que hay un marco legal que es la Constitución y unas leyes en donde las instituciones son controladas por el chavismo. Existe un Consejo Electoral, una Asamblea Nacional, un Tribunal Supremo de Justicia, unas Fuerzas Militares subordinadas en su totalidad al chavismo.
Esto no ocurre de la noche a la mañana, es un proceso progresivo y lo que tenemos hoy es prácticamente lo que denomino, el Estado Chavista.
Cuando usted me pregunta por qué la falla de origen que tiene la oposición venezolana es porque desde el año 1999 hasta hoy han planteado confrontar a un mal gobierno, no al régimen político. Ese es el problema. Cuando deciden enfrentarse al gobierno es preciso saber que hay una diferencia entre gobierno y Estado. El problema no es el Estado. La oposición acepta la Constitución del año 99. En mi opinión, esa Constitución le permite al chavismo mantenerse en el poder eternamente, legalmente, porque no hay contrapesos institucionales.
Usted ve que en Colombia y en Brasil hay gobiernos de izquierda o de derecha, se alternan. Eso es posible porque la estructura del Estado no está dominada por un solo factor político, sino que hay pesos y contrapesos. Hay un tribunal de Justicia, hay unas Fuerzas Militares. El caso de Venezuela es la situación militar, en donde no se puede hablar de que hay Fuerzas Armadas, porque las Fuerzas Armadas de Venezuela nos hace pensar que hay fuerzas institucionales, pero no es así, hay unas fuerzas chavistas, Por eso es que mientras no se ataque al corazón del problema, que es el régimen político, la Constitución del 99, veremos lo que pasó el 28 de julio y el 10 de enero. De qué sirve ganar elecciones si ellos en la cara te dicen nos robamos las elecciones legalmente. Usted y yo podemos discutir que eso no es legal; pero no hay manera, porque en realidad se superó la fase institucional.
Lamentablemente no es que abogue por la violencia, pero al igual que el modelo cubano, no hay manera de salida sino es por la vía de la fuerza. Son palabras mayores, porque, quién pone la fuerza, cuánto es el costo humano y material de esa empresa.
A ese punto hemos llegado y mientras eso no se entienda, seguiremos engañándonos de que hay que negociar, de que hay que participar en elecciones, pero no hay perspectivas reales de salir del chavismo, de sacarlo del poder por la vía electoral.
Partamos de la más que probable realidad que por el camino de la vía electoral no hay caso. Ahí no hay nada que hacer. La oposición jamás podrá cambiar de esa forma al régimen venezolano. La vía armada que muchos rechazan -entre los que me encuentro- parece la única salida. ¿No es posible una rebeldía social de proporciones que evite que la mayor parte de los muertos lo ponga la oposición y todo termine en una aventura fracasada?
Teóricamente, el modo de resolver esto es por una vía de facto. ¿Hay condiciones para ello? En este momento no, porque hay una población civil desarmada. Hay algo más grave todavía que no se puede desestimar. Extraoficialmente podríamos redondear que hay cerca de 10 millones de venezolanos orbitando por todo el mundo. Eso significa 10 millones de personas menos dentro del país haciendo fuerza, masa crítica para sacar a ese régimen. 10 millones de personas menos protestando, reclamando. Venezuela ha quedado reducida a un cascarón. Es un país más pequeño, depauperado, que es muy fácil para ellos controlarlo. Inclusive electoralmente, porque los venezolanos autoexiliados habrían votado por la oposición y aumentado muchísimo más la ventaja en favor de Edmundo González. Pero no están en Venezuela. Así, el chavismo prácticamente controla todos los espacios.
Creo que una manera de entender lo que pasa en Venezuela es verlo a través del prisma de Cuba. Son procesos similares porque además el régimen venezolano usa tácticas cubanas. Estados Unidos y otros no han encontrado una manera de terminar con el régimen comunista. Entonces tenemos un problema similar con Venezuela. Si usted revisa qué opciones hay: la vía de la rebeldía civil para mí es un mito, porque mientras no haya un pueblo armado, dispuesto en la calle, no con la protesta pacífica, sino decidido a derrocar el régimen, no hay condiciones. Dentro de las Fuerzas Armadas no hay sectores dispuestos a levantarse. Porque ellos, al igual que en Cuba, han ido purgando posibles disidencias, posibles personas que se les pueden oponer. Internacionalmente hay un cuadro que tampoco luce favorable porque se requeriría por lo menos de un país -ni siquiera como una intervención militar internacional- o de un Estado que se comprometa a declarar la guerra con todo lo que eso connota- Eso tiene un costo. Esa nación hoy día no es los Estados Unidos, no es Brasil, no es Colombia y tampoco es Argentina, que ha sido muy beligerante. Yo argumento que hemos llegado a un punto en donde impera el pragmatismo. O sea, el gobierno realmente existente en Venezuela es el de Nicolás Maduro, porque tiene el control armado del país. Y enfrentarlo requiere escalar a un nivel de un costo que casi nadie está dispuesto a pagar.
Pongámonos en un escenario muy pesimista, derivado de su análisis. En el fondo, yo debería entender que, por ejemplo, el pronunciamiento hace pocas horas condenando el régimen de Maduro por parte del Parlamento Europeo o la declaración reciente de la conmemoración de la derrota de la dictadura de Pérez Jiménez en 1958 por parte de María Corina Machado, son todas declaraciones loables, pero que no sirven para nada.
Absolutamente es así, porque, a qué conduce que el Parlamento Europeo haga esa declaración. ¿Qué pasa? El problema es que se trata al chavismo como si ellos van a sentir vergüenza o pudor. ¡Oh! estamos cometiendo violaciones a los derechos humanos. Por vergüenza voy a renunciar. El argumento moral no existe con ellos. Es lo mismo que pasa en Cuba. Ahí no hay arrepentimiento. Ahí lo que hay es el deseo de mantenerse en el poder. Ellos lo han dicho. Los opositores creen, no, no, es que el chavismo dice eso es para desanimar a la gente. No. Lo dicen porque tienen una intención política de mantenerse en el poder. Con esto que se ha visto que para nosotros no es ninguna sorpresa, pero que a estas alturas haya políticos venezolanos que duden que el chavismo iba a llegar tan lejos. ¡Pero claro que sí!
Permíteme hacer una digresión, porque no es lo que yo diga, es que tengo que presentar por lo menos el principio de una evidencia para sostener mi argumento. Cuando se habla de las Fuerzas Armadas, María Corina Machado y Edmundo González, les hablan como si fuesen unas Fuerzas Armadas donde hay sectores institucionales. No existen. Todos son chavistas de la cabeza al último soldado. Pero claro, si yo quiero alimentar la esperanza de que algo puede pasar, cualquier cosa, entonces digo, ahí seguramente hay militares institucionales. De ninguna manera. Hay pugnas, pero no por la democracia. Hay riñas porque son mafias que se pelean para repartirse las rutas del narcotráfico, el lavado de dólares, la trata de blancas; pugnas para ver cómo se reparten el botín. Es una fuerza armada absolutamente corrompida desde la cabeza a los pies.
¿Cuál es la medida que ofrezco a la audiencia para demostrar que nada se puede esperar de esa Fuerza Armada? Absolutamente nada. Hace tres o cuatro años el régimen chavista metió preso al general Raúl Isaías Baduel, considerado un héroe del chavismo porque fue quien permitió -cuando le dieron el golpe de Estado a Chávez- el retorno de Chávez al poder, al punto de que Hugo Chávez lo nombró General en Jefe, la más alta jerarquía en la estructura militar. Pero luego Baduel se separa del chavismo y entonces el chavismo, siguiendo el manual cubano para enfrentar enemigos políticos, en una primera fase, hacen lo que se llama el linchamiento moral. Una campaña intensa para presentar a Baduel como un corrupto, un mujeriego, un tipo deshonesto, traidor aliado de Estados Unidos. Luego viene la segunda etapa muy bien ejercitada en el régimen cubano, el linchamiento físico. Es decir, meterlo preso y eventualmente asesinarlo, como en efecto ocurrió. Baduel fue literalmente asesinado. Murió porque se le negó asistencia médica y en ese momento, si usted revisa en Internet puede ver todavía comentarios de gente que decía no, el gobierno no se va a meter con Baduel, porque si le hacen algo se levantan las fuerzas armadas. Baduel fue asesinado, lo dejaron morir en una carpa, se desangró, no le operaron una hernia y una condición médica grave y no pasó absolutamente nada. Si una persona como él no logró conmover la fibra de esa fuerza armada, yo puedo entonces establecer un paralelismo y decir, pueden meter presa a María Corina Machado y no va a pasar nada. Pueden meter preso a Edmundo González. Es más, los pueden desaparecer físicamente y nada va a pasar. El gobierno puede tomar por asalto la embajada de Argentina. Ojalá los hechos me desmientan. Argentina no hará nada porque es una situación en la que ellos, por vía de la fuerza tienen el control, y la única manera de enfrentarlos es con una fuerza superior. De lo contrario, veremos lo que usted ha dicho, unas declaraciones del Parlamento Europeo. Más grave aún, unas sanciones de países como Estados Unidos, que no son sanciones, pero que el chavismo las utiliza como propaganda para justificar su fracaso. Entonces dice, la gente pasa hambre por las sanciones.
Todos estos países que han condenado al régimen venezolano en la práctica tienen que sentarse a negociar con ellos. Entonces es una situación en la cual, por esa vía, es muy poco lo que se puede esperar hasta que no haya algún país como Estados Unidos que vea condiciones para que se produzca una ruptura interna, que hoy no luce probable, porque volvemos a lo mismo, hay que mirar con lo que pasa en Cuba y su habilidad para purgar la disidencia.
Ayudaría a orientar una estrategia política diferente poner los pies en la tierra para entender que esto es más difícil y complejo de lo que creíamos. Se requiere una estrategia de largo plazo. Si no, vamos a seguir dándonos cabezazos contra la pared y mucha gente irá muriendo en el proceso.
Estamos frente a una dictadura, qué duda cabe. ¿Pero cuál es la característica política de esta dictadura? ¿Es de izquierda, como muchos todavía suponen en América Latina? Hace no muchos días 100 organizaciones de izquierda le piden al presidente chileno que reconozca como legítimo el Gobierno de Venezuela.
Eso ocurre porque el régimen venezolano se mueve con mucha habilidad. Tiene un lobby sofisticado. Les dan dinero a grupos políticos, a guerrilleros. Tienen organizaciones simpatizantes no solo en Suramérica, sino en Europa. En España es cómodo levantar esas olas de solidaridad cuando hay dinero que se les entrega a las organizaciones.
Sin embargo, gobiernos como el de Boric, como el de Petro y el de Lula, que son de izquierda, entienden que la coalición política sobre la que están montados es tan diversa, hay gente que no aprueba esa cercanía con el gobierno de Maduro. Y si vemos la posición de estos tres presidentes, no quieren aparecer con Maduro, no por una cuestión personal, es que políticamente asociarse al chavismo tiene un costo y no quieren correrlo porque es un desprestigio. No está bien asociarse con unos gánsteres de la política.
Usted decía y creo que es una pregunta importante porque tiene que ver con el tema de qué es eso que tenemos al frente. Tiene todas las características de un régimen neofascista. En primer lugar, han ido borrando la separación entre sociedad y Estado. Un partido político que controla todo el movimiento político. Las Fuerzas Armadas son miembros de ese partido. Hay niveles alarmantes de adoctrinamiento en las escuelas. En Venezuela no se estudia la historia del país, ahora es la historia de Chávez hacia acá. Los contenidos educativos han sido sustituidos por propaganda política. La única manera de hacer política en Venezuela es morir en el intento. No voy a decir que es un régimen fascista porque no tiene conexión histórica con el fascismo de Mussolini. Pero al conservar elementos propios de un régimen fascista, creo que lo podemos caracterizar como neofascista porque tiene eso. Es importante porque un régimen de esta naturaleza no lo vamos a enfrentar haciéndole el juego, participando en elecciones como lo hicieron el 28 de julio del año pasado o como van a intentarlo este año, donde inclusive van a reformar la Constitución. ¿Para qué reformarla? Para ir a un modelo como el cubano.
La razón, la suya y la de la mayor parte de la gente a nivel interno e internacional, puede concluir que este es un momento del más profundo pesimismo. Pero creo que no hay que confundir el optimismo y el pesimismo con la esperanza, porque no tener esperanza lleva la resignación y la resignación a aceptar lo que hay. ¿Cuál es su esperanza?
Creo que hay que sacar de la política las categorías sicologistas, que hay que trabajar con la realidad. Tenemos la experiencia de un almirante norteamericano, James Stockdale. Él formó parte de un grupo de prisioneros vietnamitas en los años 60, y cuentas que los optimistas, los que vivían de la esperanza, fueron los primeros que murieron. ¿Por qué los optimistas fallecían? Primero porque es que cuando no se confirma la esperanza, viene la desesperanza. Entonces él propone que hay que tener un enfoque más estoico. ¿Cuál es la realidad a la que me estoy enfrentando? Esa realidad no es ni buena ni mala. Es la realidad que tengo en este momento.
Soy enemigo de propagar esperanzas. Creo que este no es un momento ni de esperanza ni de desesperanza. Es un momento de realidades, de entender que no es fácil. Este no puede ser el momento donde digamos, como dice María Corina, este régimen ya tiene los días contados, pero ¿quien cuenta esos días no? Este régimen tiene miedo, pero ¿donde está el miedo? Siguen metiendo gente a la cárcel, asesinando. Se genera más desaliento, porque es preferible decirle a la gente, como dijo Churchill, aquí lo que hay es sangre, sudor y lágrimas. Mucha sangre, mucho sudor, muchas lágrimas. No vamos a salir de esto sin sufrimiento. No mezclo la política con el optimismo o el pesimismo. Creo que tenemos que establecer una estrategia. Seguramente mucha gente que quiere una solución rápida se va a alejar o inhibir. Pero los pocos que lo entiendan son justamente las personas que pueden eventualmente conformar una vanguardia que en el largo plazo podría lograr un cambio político en Venezuela. De lo contrario, vamos a seguir siendo víctimas de la desesperanza.
Lo más grave es que los venezolanos tenemos pendiente un debate: ¿Por qué la gente en lugar de quedarse luchando en Venezuela, hemos decidido abandonar y nos vamos? Y ¿cuántos más van a seguir abandonando? Eso debe llevar también a sincerar el debate y a poner los pies en la tierra.
Periodista de Radio Media Naranja y de Razones de la Palabra – Colaborador de https://www.opendemocracy.net/es/ – Teléfono:0031653348852 -Correo: zepedavaras@gmail.com

