
La nación goza de abundantes recursos naturales, pero no hay política para velar por su conservación
Ríos de Venezuela en peligro latente desde hace años.
Venezuela, aunque es privilegiada por ubicarse entre los 17 países del mundo más megadiversos y ocupar el noveno puesto con las mayores reservas de agua dulce del planeta, sus principales ríos se encuentran altamente perturbados desde hace décadas por la deforestación, los efluentes de aguas servidas, desechos industriales y agroquímicos que reciben. Además de derrames petroleros, explotación minera, sobreexplotación pesquera y los efectos del cambio climático.
Según la Ley de Aguas de 2007, el país tiene centenares de ríos y quebradas, pero 80 son considerados ríos principales ubicados en 16 regiones. Eso representa un caudal superior a los 35.000 metros cúbicos por segundo (m3/s). El más importante es el río Orinoco, que arrastra el 95% de esas aguas. La cuenca del Orinoco es la más grande de Suramérica y la tercera más grande del mundo, tiene una extensión de 1.080.000 km2, el 71% está en Venezuela y el 29% en Colombia.
Junto a él, cuencas como la del Lago de Maracaibo, Amazonas, Esequibo, las vertientes del Mar Caribe y el Océano Atlántico e importantes ríos como el Turbio, el río Tocuyo y los llanos de Apure son considerados ecosistemas frágiles, fundamentales para la vida, pero con el paso de los años sus aguas se han ido extinguiendo, poco a poco, al igual que sus bosques ribereños, fauna y vegetación, tras la intervención voraz del hombre.
Francisco Cañizales, ambientalista, afirma que el Estado en vez de velar por el aumento de la vegetación, como establecen tratados internacionales firmados por Venezuela como: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, el Convenio sobre el Cambio Climático, y el Acuerdo que busca combatir la Desertificación y la Sequía, lo que ha hecho es descuidar la conservación de los ríos y permitir la ocupación de hectáreas enteras de los parques nacionales, donde se encuentran las cuencas hidrográficas principales de la nación.
Radiografía actual de los ríos de Venezuela
Las conclusiones a las que llegó el profesor Douglas Rodríguez Olarte, titular de la cátedra de Ecología del Departamento de Ciencias Biológicas de la UCLA, tras editar el libro «Ríos en Riesgo de Venezuela», Volumen Uno, de 2017, luego de evaluar las condiciones del río Turbio, en cuyas riberas se fundó la ciudad de Barquisimeto, es que hace ocho años era notorio la degradación de todos sus cauces, con menor intensidad en las áreas protegidas.
«Hay pérdida de bosques ribereños y la erosión de zonas de ribera, la alteración hidrogeomorfológica de los cauces, la colmatación por sedimentos y la intermitencia inducida de la corriente, la contaminación extrema de las aguas en la cuenca media y baja, así como la fragmentación de los hábitats y la pérdida de la riqueza insectos acuáticos y peces», afirmó.
La última crecida en el Turbio fue en abril de 1999. Este río inicia en la cordillera andina, al sur de Sanare, sus nacientes están en el Parque Nacional Yacambú. «Esta área protegida ha sido afectada por la tala y quema para la producción de café a plena exposición solar, o también por la explotación de sus pisos altos por la siembra de hortalizas y ganadería. Por años ha habido denuncias de ambientalistas que reposan en Fiscalía, pero no ha habido respuesta», señaló Francisco Cañizales.
Nicolás Álvarado, biólogo marino, recuerda que en 1966, él y su familia se bañaban en el río Turbio. Hoy le afecta saber lo deteriorado que está, sobre todo el Bosque Macuto. Contó que su padre, Don Juan Bautista Alvarado, un empresario influyente, intentó junto al presidente del Concejo Municipal de Iribarren, Raúl Azparren en 1970, reforestar todo el Bosque Macuto hasta la Hacienda Santa Bárbara en Titicare, y sembrar abundantes árboles. Pero con el cambio de gobierno, estos planes nunca se llevaron a cabo. Alega que con la construcción de la avenida Hermano Nectario María, mejor conocida como la Ribereña, se cometió un «ecocidio» al derribar importantes árboles, pero nadie pagó por esos delitos ecológicos.
Pérdida de la biota
La investigación realizada por el profesor Douglas Rodríguez Olarte, PhD en biología de la conservación, destaca que desde el año 2003 al 2015, la vegetación en el sector Bosque Macuto, importante pulmón vegetal del río Turbio, perdió 15 hectáreas de vegetación, palmas chaguaramales o maporales, que ahora son escasas y de tamaño pequeño.
Nicolás Álvarado, biólogo marino, indicó que el impacto que ha ocasionado la explotación del Arco Minero del Orinoco ha sido letal para la Guayana venezolana, la región más rica en número de especies, considerada la zona de mayor fauna y flora endémica del país y de Suramérica. «De 9.411 especies identificadas, 2.136 (22,7%) son endémicas para la Guayana venezolana», reseña el informe «Crisis en la biodiversidad y los Derechos Humanos causada por la minería ilegal en Venezuela», de la ONG SOS Orinoco, de octubre 2024.
«La minería acaba con la capa vegetal, con la topografía de los suelos. Esos bosques son difíciles de recuperar, la contaminación del mercurio también es de alto impacto en los ríos, sobre todo en la zona de la represa del Guri que surte con energía eléctrica al país», expresó Alvarado.
El 16 de noviembre de 2024, SOS Orinoco estimó que habían 66.00 hectáreas afectadas por la minería ilegal en la Amazonía venezolana. En 2017, el libro Ríos en Riesgo de Venezuela, señala que lo que más ha afectado al río Orinoco por décadas, ha sido la quema de sus sabanas, el incremento en el uso de agroquímicos y la sustitución de la vegetación autóctona por cultivos como el algodón, verduras y frutas en islas y riberas del bajo Orinoco, alteran el ciclo del carbono y otros nutrientes. Por años estuvo intervenido por la explotación petrolera y con mayor intensidad desde 2013, por la minería, una práctica extractivista.
Ana Uzcátegui – La Prensa de Lara

