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#DeVoCioNaL… “El Portal del Señor”…Expulsión de los mercaderes del Templo o purificación del Templo…Audio y Vídeo

Señor mío y Dios mío, al abrir mis ojos y volver a tomar conciencia del regalo diario que haces en mi a través del don de la Vida,  te doy las Gracias, por elegirme para demostrar tu inmenso amor, por guardar en el hueco de tu mano y por enseñar que debemos   a amar a los demás. 

Gracias porque siempre me das más de lo que esperaba.

Gracias por mejorarme todos los días. Ahora te pido que sigas actuando en mi vida,  Confío en tu presencia maravillosa y sé que ahora estás actuando en mí ser.

Gracias por todo lo que haces y harás hoy por mí, mi día está en tus manos, sé Tú quien lo dirija y me haga ir hacia delante.

Te entrego este nuevo día para que sea de victoria, dame una vez más tu bendición.

                     Amén

Es la denominación de una escena evangélica protagonizada por Jesús de Nazaret en las vísperas de la Pascua judía: festividad judía que conmemora la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto, relatada en el Pentateuco, fundamentalmente en el Libro del Éxodo. El pueblo hebreo ve el relato de la salida de Egipto como el hito que marca la conciencia de los descendientes de Jacob, 

Aparece en todos los Evangelios; aunque, mientras que en los sinópticos ocurre al final (Evangelio de Mateo, capítulo 21, versículos 12-17, Evangelio de Marcos, capítulo 11, versículos 15-18, Evangelio de Lucas, capítulo 19, versículo 45); en el Evangelio de Juan ocurre al principio (capítulo segundo, versículos 13-25). Esto ha producido que algunos estudios bíblicos los identifiquen como dos hechos diferentes.

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En este episodio Jesús visita el Templo de Jerusalén, el llamado Templo de Herodes, cuyo patio es descrito como “lleno de ganado” y tablas de cambistas, que cambiaban las monedas griegas y romanas por monedas tirias (las únicas que podían usarse en las ceremonias del Templo). Jesús se molestó tanto por esa situación que hizo salir al ganado y tiró las mesas de los cambistas y de los vendedores de palomas, haciendo caer las monedas por el suelo.

En el Evangelio de Juan, esta es la primera de las tres veces que Jesús va a Jerusalén para la Pascua. En esta versión se recoge que durante la Pascua Jesús realizó un milagro no especificado, lo que causó que la gente creyera en él, pero Él no se fiaba de ellos, pues los conocía a todos. Algunos estudiosos han comentado que esta última declaración sobre conocer a todos los hombres retrata a Jesús como conocedor de almas y mentes (Brown et al. 955), por lo que Juan daría a entender la naturaleza divina de Jesús.

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Este evento satisface el criterio del atestiguamiento múltiple y, para los estudiosos del Jesús histórico, acredita el hecho de que este evento estuvo relacionado con el arresto y la crucifixión de Jesús.

Catedral de AstorgaExpulsión de los mercaderes del Templo, Staatliche Museen, Berlín.Litografía de Alexander Bida, titulada Jesús Expulsa del Templo a los Fariseos.

De acuerdo a los sinópticos, Jesús apuntó específicamente a los cambistas y vendedores de palomas y justificó sus acciones citando al Libro de Isaías y al Libro de Jeremías:

Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones.—Isaías; 56, 7

y

Pero vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones—Jeremías; 7, 11

La cita de Isaías viene de una sección que instruye sobre cómo obedecer la voluntad de Dios si los judíos no estaban autorizados a orar dentro del Templo y entonces conversar con Dios.

El texto bíblico según san Mateo es el siguiente:

Entró Jesús en el Templo y expulsó a todos los que vendían y compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas, mientras les decía: —Escrito está: Mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros la estáis convirtiendo en una cueva de ladrones.1

San Marcos lo relata de la siguiente manera:

Llegaron a Jerusalén. Y, entrando en el Templo, comenzó a expulsar a los que vendían y a los que compraban en el Templo, y volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas. Y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba diciendo: —¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Vosotros, en cambio, la habéis convertido en una cueva de ladrones. Lo oyeron los príncipes de los sacerdotes y los escribas, y buscaban el modo de acabar con él; pues le temían, ya que toda la muchedumbre quedaba admirada de su enseñanza.2

San Lucas lo describe así:

Entró en el Templo y comenzó a expulsar a los que vendían, diciéndoles: —Está escrito: Mi casa será casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en una cueva de ladrones. Y enseñaba todos los días en el Templo. Pero los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban acabar con él, lo mismo que los jefes del pueblo, pero no encontraban cómo hacerlo, pues todo el pueblo estaba pendiente escuchándole.3

El apóstol san Juan lo cita de la siguiente manera:

Pronto iba a ser la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Con unas cuerdas hizo un látigo y arrojó a todos del Templo, con las ovejas y los bueyes; tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas. Y les dijo a los que vendían palomas: —Quitad esto de aquí: no hagáis de la casa de mi Padre un mercado.4

Se dice que Jesús visitó el Templo de Jerusalén, donde se describe el patio como lleno de ganado, mercaderes y las mesas de los cambistas, que cambiaban el dinero estándar de la Antigua Grecia y la Antigua Roma por shekel judío y shekel tirio. 5​ Jerusalén estaba abarrotada de judíos que habían acudido para la Pascua, tal vez entre 300 000 y 400 000 peregrinos.67

Y habiendo hecho un azote de cuerdas pequeñas, echó a todos del templo, y a las ovejas y a los bueyes; y derramó el dinero de los cambistas, y derribó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: Quitad esto de aquí; no hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado.

2:15-16

Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y los asientos de los que vendían palomas, y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones

El Templo de Herodes, al que se hace referencia en Juan 2:13, como se imagina en la Maqueta de Jerusalén del Segundo Templo. Actualmente se encuentra junto a la exposición Santuario del Libro del Museo de Israel de Jerusalén.

Interpretación de la Iglesia católica

En el Evangelio de Mateo se citan tres señales mesiánicas del primer día que fue Jesús en Jerusalén: la purificación del Templo; las curaciones y la alabanza a Dios de los humildes del Libro de los Salmos que Jesús realizada en las alabanzas de los niños. En el libro del Éxodo se ordenaba al pueblo de Israel que, cuando fuesen al Templo, no lo hicieran con las manos vacías, que llevasen alguna víctima para el sacrificio. Para facilitar el cumplimiento de este mandato, se había organizado fuera del templo, concretamente en los atrios, un servicio de compraventa de animales de entidad menor para la ofrenda. En un principio parece que lo que fue útil había degenerado convirtiendo el templo en un verdadero mercado de animales. Jesucristo, movido por el celo de la casa de su Padre, los arrojó de fuera.

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El «segundo día de la semana» Jesús realizó otros signos reveladores de su carácter de ser el Mesías: en el Templo, con sus actos aparentemente violentos, cumplió las profecías de Zacarías según las cuales el templo tenía que ser purificado910​ y ser un lugar de oración.​

Ya se empieza a cumplir aquello que había anunciado el propio Jesús: por un lado, la purificación del Templo y, en segundo lugar, que los jefes del pueblo empezarían a planear su muerte. El gesto de Jesús muestra el respeto que se debe tener con la Casa del Señor. Mucha mayor veneración merecerán los templos de todo el mundo donde Jesús está presente en la Sagrada Eucaristía.​