Bendito Dios, gracias por tu creación, por sus bemoles y becuadros, por sus silencios; por cada despertar, por cada mañana que hacen que mis ojos, sean testigo de un inmenso amor, hacia ti y hacia mis seres queridos que son; es el reflejo de una vida intensa; y extensa de pasión; de lucha; de apego. Gracias por el grito, que es una mirada, paneo a toda una vida en un ambiente de profunda mudez, de desierto; de cercano y sabio acompañamiento del compromiso con los más empobrecidos.

Tu grito es canto y una voz de alabanza que nos impulsa; que nos habla de una esperanza renovada, a pesar del sufrimiento ante tantas injusticias que causan dolor de muerte. Es una reflexión desde la vida misma, que nos abre a una tierra y a un nuevo cielo, un grito para seguir caminando por las sendas de la justicia, la libertad, la paz y la fraternidad.
Este rugido de acto impuesto por un indómito silencio que pretende e invita a un mutis de nuestras propias sustancias, pero que al mismo tiempo, en paralelo, nos cruza, nos lleva a buscar espacios de reflexión, a huir de los ruidos y de la veracidad que tiene el crimen organizado de un estado delincuente, para darnos cuenta de cómo vivimos y que obtendremos para aportar a emancipación de nuestra alma nacional Venezolana.

Gracias Padre por el tiempo de cautividad, dónde toda sensación de certidumbre se suspende; y las conclusiones se dificultan. Por darnos el discernimiento para leer el arte del eco de una voz inoxidable, que abre un diálogo en el que se burla el tiempo, lo vuelve oblicuo y lo trasciende, por el canal donde podemos encontrarnos en un más allá y el más acá de la próxima cosecha.
Gracias por tu silencio, por ese grito que cada día se hace más fuerte para proveernos y decirnos que en las cosas mudas, encontramos a tu palabra, que es manantial de vida y de vida buena. Tal como nos dice tu palabra en Deuteronomio. (28:1-6) ¿Dónde dice la Biblia que la obediencia trae bendición?

»Si obedeces al SEÑOR tu Dios en todo y cumples cuidadosamente sus mandatos que te entrego hoy, el SEÑOR tu Dios te pondrá por encima de todas las demás naciones del mundo. “Si obedeces al SEÑOR tu Dios, recibirás las siguientes bendiciones: Tus ciudades y tus campos serán benditos”.
