1280 portal turimiquire 2

El eje democracia frente a autocracia gana fuerza en América Latina ante la crisis en Venezuela

Gabriel Boric en el palacio de gobierno de La Moneda, en Santiago, Chile, el 5 de agosto de 2024.

Las sospechas de fraude en las presidenciales de Venezuela han dejado a la región dividida en tres bloques: el grupo de Argentina y Chile, que acusa abiertamente al chavismo de haber robado las elecciones; los que, como Brasil, Colombia y México, exigen desde hace 14 días a las autoridades electorales que divulguen las actas mesa por mesa para verificar, con la documentación oficial, si venció Nicolás Maduro o, como sostiene la oposición con la copia de los boletines como prueba, ganó —y por goleada— Edmundo González Urrutia. Y una minoría que, como Nicaragua o Cuba, reconoce el resultado oficial y considera al presidente Maduro reelecto para otros seis años;

La crisis ha derivado en un frenesí diplomático con gestiones en múltiples direcciones que apuntan a que la división entre demócratas y autócratas gana peso político frente al eje izquierda y derecha, como ocurre en otras partes del mundo. El trío de Gobiernos izquierdistas al frente del principal esfuerzo de mediación actúa en sintonía con Estados Unidos y la Unión Europea, mientras la principal dirigente opositora, María Corina Machado, multiplica los llamamientos a la negociación.

El ejemplo más evidente de cómo se refuerza ese eje Demócratas vs. Autócratas es el Chile del izquierdista Gabriel Boric, uno de los primeros y más elocuentes presidentes en poner en duda el triunfo de Maduro. Pero, estos días, América Latina también ha visto un raro ejemplo de cooperación diplomática en la tormentosa relación entre Luiz Inácio Lula da Silva y el ultraliberal Javier Milei. Pese a los insultos y a los desplantes del presidente argentino, Lula decidió ayudarle en un asunto políticamente delicado: Brasil asumió la protección de la Embajada argentina en Caracas y de los seis opositores que están refugiados en la residencia.

Y esta semana las relaciones diplomáticas de Brasil con Nicaragua saltaron por los aires cuando Managua, primero, y Brasilia, en represalia, expulsaron a sus respectivos embajadores. Una decisión de enorme carga simbólica y detonada después de que el diplomático brasileño no asistiera al 45º aniversario de la revolución sandinista. Un gesto con el que Lula transmitía un profundo malestar a su antiguo aliado Daniel Ortega.

Las relaciones bilaterales llevaban un año congeladas y Lula reconoció recientemente que Ortega ni le contesta al teléfono. El veterano político brasileño criticó la evolución del nicaragüense en ese lenguaje llano que es marca de la casa: “Un tipo que hizo una revolución como la que hizo Ortega. Eran un grupete de chavales y chavalas armados con metralletas que derrotaron a [Anastasio] Somoza. ¿Pero para qué haces una revolución? ¿Porque quieres el poder o porque quieres mejorar la vida del pueblo? Eso es lo que está en juego”, dijo Lula en una entrevista el mes pasado. Recordó entonces que él mismo asistió en Managua al primer aniversario de la revolución nicaragüense. Su biógrafo Fernando Moraes detalla, en Lula, que aquel viaje marcó su carrera porque allí conoció al entonces mítico Fidel Castro.

Boric los mira desde el presente. Tiene 38 años, nació durante la dictadura de Pinochet y muchos años después de las revoluciones castrista y sandinista que tanto inspiraron a la izquierda de la época. Y, desde que alcanzó la presidencia, ha convertido las críticas explícitas a las violaciones de los derechos humanos y las medidas antidemocráticas, sean de aliados o de adversarios ideológicos, en una de las banderas de su política exterior.

Incluso los Gobiernos de izquierdistas amigos se alejan cada vez más de los autócratas latinoamericanos atrincherados en el poder mientras persiguen opositores. Lula arrancó su mandato, como Gustavo Petro, en Colombia, con el restablecimiento de relaciones diplomáticas con la Venezuela de Maduro, rotas en el episodio Juan Guaidó, cuando EE UU y decenas de gobiernos reconocieron como mandatario interino al opositor. El actual mandatario brasileño llegó a celebrar una cumbre en Brasilia en 2023 con Maduro y todos los presidentes sudamericanos en un intento de sacar al chavismo del ostracismo. En vano. El líder chavista no recogió el guante.

Aunque tanto sus oponentes como la prensa brasileños consideran a Lula demasiado tibio con la deriva autoritaria de Maduro o de Ortega, nadie cuestiona que es un demócrata en toda regla. Cada vez que perdió unas elecciones, se fue a casa a prepararse para la próxima, que es precisamente lo que ha recomendado en los últimos meses a Maduro. En su país lo consideran preso de la nostalgia, igual que al Partido de los Trabajadores, que para disgusto de la diplomacia brasileña se apresuró a felicitar a Maduro por su reelección.

Maduro mantiene el apoyo cerrado tanto de China como de Rusia o Irán, a los que Venezuela les viene de perlas para que Estados Unidos sienta su aliento sin un océano de por medio. Pero otros amigos se alejan del chavismo. Las voces que exigen a Maduro que presente las actas son ya un clamor, incluyen a los presidentes amigos como Lula, Petro o Andrés Manuel López Obrador, la mayoría de los países latinoamericanos, EE UU, parte de la Unión Europea y hasta las Madres de la plaza de Mayo. Entre los mediadores cunde el pesimismo porque pasan los días y Maduro no cede, solo gana tiempo.

El Centro Carter, el único equipo robusto y con legitimidad internacional de mediadores sobre el terreno, tiene claro quién venció el 28 de julio. “El Gobierno, el partido político del Gobierno y la oposición saben que Edmundo González ganó la elección por casi dos a uno”, afirmó esta semana en una entrevista la jefa de la misión, Jennie Lincoln. Basa su diagnóstico en que el sistema de votación electrónica venezolano es extremadamente seguro y esas tres partes tuvieron la noche electoral copia de las actas con los resultados de las mesas. El chavismo ha respondido a su estilo, proclamándose víctima de supuestos golpes de Estado y ataques informáticos orquestados por fascistas e imperialistas.

Con la vista puesta en mantener los cauces abiertos con Maduro y sus fieles, Brasil, Colombia y México han pedido por segunda vez por escrito las actas. Y tienen como mantra que la crisis deben resolverla los venezolanos, sin injerencias, y de manera pacífica. Pero las protestas ya han dejado muertos y más de 2.000 detenidos. Mientras, Estados Unidos y los gobiernos latinoamericanos más escorados a la derecha han reconocido al candidato opositor como vencedor de los comicios, pero no como presidente electo. La incógnita es cuánto durará la mano tendida con Maduro y el chavismo.

  

La crisis de Venezuela le da una bocanada de aire a la nueva izquierda chilena

La dureza con que el presidente chileno Gabriel Boric ha cuestionado los resultados que dieron como ganador a Nicolás Maduro en Venezuela ha tenido un impacto en su conducción. El mandatario se ha posicionado como el líder de izquierdas de América Latina más frontal contra el régimen: a las pocas horas de la elección del 28 de julio exigió la .total transparencia de las actas y el proceso. y este miércoles ha dicho que no tiene dudas de que Maduro .ha intentado cometer fraude.. El divorcio con la revolución bolivariana ha sido secundado por otros representantes de su generación y sector político que en el pasado sintonizaban con el chavismo. La postura del chileno sobre Venezuela no es nueva, pero, según los expertos, esta semana ha terminado por alinearse a la política internacional de la izquierda tradicional, representada por las Administraciones de la Concertación, la coalición de centroizquierda que gobernó Chile entre 1990 y 2010, y que fue duramente criticada por la nueva izquierda que hoy aloja en La Moneda.

En su primer año de mandato, en 2022, Boric sacudió algunos fantasmas que rondaban sobre lo que sería su liderazgo en la región. Ser de izquierda, dijo ante un grupo de alumnos de la Universidad de Columbia, no debería impedirle emitir sus opiniones, pese a que muchos le advertían que .no se debe hablar mal de los amigos.. .Me enoja cuando eres de izquierda y puedes condenar las violaciones de Derechos Humanos en Yemen o en El Salvador, pero no puedes hablar de Venezuela o Nicaragua.. En la mitad de su Administración, con varios traspiés a cuesta en la política local, ahondó en una entrevista con EL PAÍS sobre su mirada internacional: .En la izquierda en general, y en América Latina en particular, ha habido una tendencia a no hacerse cargo de los errores propios. Es un error defender ciertos regímenes porque se entienden como parte de la misma familia.

El ensayista de centroizquierda Ernesto Ottone, de pasado comunista en los 70, plantea que la postura del mandatario chileno frente a Caracas refleja la maduración de un dirigente que ya toma posiciones de Estado y que no le habla solo a los suyos. .Eso puede significar un elemento internacional importante. Se esperaba que Boric fuera más cercano al kirchnerismo, al chavismo, y no. No evoluciona hacia Podemos [de España], sino que desde Podemos adopta una posición que puede convertirse en una nueva composición, con más sentido de Gobierno de izquierda que testimonial., afirma.

En el discurso sobre la izquierda regional, a Boric se lo veía bastante solo dentro de su coalición original, Apruebo Dignidad (Frente Amplio y Partido Comunista, PC). Llegó al poder con ellos y con el Socialismo Democrático, de la izquierda tradicional. Esa soledad entre sus compañeros de ruta ha cambiado desde que estalló la crisis electoral venezolana. Mientras la dirección del PC, en su línea histórica, asumió inicialmente los resultados, la portavoz del Gobierno, la comunista Camila Vallejo, pasó de hablar de una .debilidad institucional. en Venezuela a tildarlo de un .gobierno con derivas autoritarias.. A su vez, reconoció que Maduro le ha hecho .suficiente daño. a Chile. El Frente Amplio (FA), el partido de Boric, también ha arropado estos días al mandatario. La ministra de la Mujer, Antonia Orellana, por ejemplo, advirtió que los que han defendido al régimen chavista en estos comicios .se van a poner muy rojos cuando se abra la cárcel del Helicoide.. Los dichos provocaron molestia en la cúpula del PC.

La posición de Boric sobre los regímenes bolivarianos solía ser .atacada en su propio grupo., dice Ottone. .Tenía voces discordantes del FA que hoy han tenido que ponerse detrás, no sé con cuánto dolor en el alma. Conduce a su sector hacia posiciones que antes no se manifestaban con esa fuerza y produce un aislamiento del PC y de los sectores más ultras., añade. Sobre la nueva generación comunista, como Vallejo o la alcaldesa de Santiago, Irací Hassler, que se desmarcan de la dirigencia de la formación, plantea que Venezuela les genera un cuestionamiento sobre cómo van a respaldar al régimen si son parte de un gobierno democrático. .Cómo se van a apoyar un fracaso, la destrucción de un país. También entra el fenómeno de ‘tengo 36 años, voy a hacer política muchos años más y cómo me voy a alienar con esto’. Es pensar también en sus roles., afirma.

Para el politólogo y académico de la Universidad de Chile, Octavio Avendaño, la crítica directa de Boric al régimen de Maduro lo distancia de la izquierda de la que venía y lo acerca al Socialismo Democrático. Inicialmente, remarca, el Frente Amplio chileno nunca se consideró un símil del partido uruguayo y el respaldo al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, no llegó hasta que apareció Jair Bolsonaro. .Antes de eso había una visión muy crítica sobre el proyecto de una izquierda más moderada en Brasil y Uruguay y, por ende, el FA empieza a mirar a Venezuela, a Podemos en España, que es chavista. Ahora se está alejando y se aliena con lo que aquella izquierda que ellos mismos habían criticado, la concertacionista., asegura.

Esa similitud la recordó esta semana la ministra del Interior, Carolina Tohá, del Socialismo Demorático, en un discurso en el Senado, en el que expuso que .no es primera vez que en Chile los gobernantes actúan con ese estándar.. Una de las figuras políticas que suena fuerte como carta presidencial del oficialismo hizo un repaso a momentos clave en materia internacional, como cuando el expresidente socialista Ricardo Lagos (2000-2006) dijo en 2003 no a la invasión de Estados Unidos en Irak; cuando la dos veces presidenta Michelle Bachelet (2006-2010, 2014-2018), en calidad de Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, realizó un informe sobre Venezuela en el que reprochaba las violaciones a los derechos humanos; y cuando el exmandatario Sebastián Piñera (2010-2014, 2018-2022), de la derecha tradicional, reconoció que muchos civiles habían sido cómplices pasivos de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). .Tenemos una tradición en esto. Apeguémonos a ella. Ojalá nos inspiremos en ella. Desconfíen siempre de los que defienden los derechos humanos solo cuando les conviene. Siempre., afirmó.

.Lo que hace la ministra Tohá., señala Ottone, .no es solo apoyar al presidente Boric. Ella plantea una doctrina. Eso no se había presentado nunca antes de manera tan clara. Venezuela cristaliza eso. Ese es un elemento que tiene un valor estratégico., apunta el ensayista sobre el discurso que puso énfasis en que la postura del presidente chileno ha sido la que siempre han adoptado los gobiernos de izquierda y un sector de la derecha.

La generación de Boric llegó al poder encarnando una nueva izquierda, una muy dura con quienes los habían antecedido. Una que, recuerda Avendaño, creía en lo que representaba el chavismo, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador. Desde 2011, cuando eran dirigentes estudiantiles, se planteaban como una alternativa a la Concertación. .Para este sector de la izquierda, Venezuela era muy importante. Boric se distancia de esa izquierda extraparlamentaria, de lo que ha sido la tradición del PC, de una parte del PS que admiró a Hugo Chávez y pasa a estar con Lula o Tabaré Vázquez, a estar con Lagos y Bachelet., afirma el académico. Quienes siguen de cerca la política, prevén que se está cocinando a fuego lento una nueva reestructuración de la izquierda. Una donde el valor de la democracia será el gran diferenciador.

El País de España