Cuando Jesús se refirió a la Reina del Sur en Mateo 12:42 y Lucas 11:31, en realidad estaba hablando de la Reina de Saba. Leemos en 1 Reyes 10:1, 3, 9 que la Reina del Sur visitó la corte de Salomón. Jesús estaba contrastando las acciones de la Reina con las acciones de los líderes religiosos de su tiempo. Aunque era una reina pagana, viajó una larga distancia para escuchar a Salomón y buscar su sabiduría.

La Reina de Saba buscó la sabiduría de Salomón para sus muchas preguntas. Ella oyó sobre “la fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová, [y] vino a probarle con preguntas difíciles” (1 Reyes 10:1). Y puesto que Dios le había concedido a Salomón el don de la sabiduría (1 Reyes 3:5–12), “nada hubo que el rey no le contestase” (1 Reyes 10:3).
Salomón dio respuestas útiles e inteligentes, que dirigieron la mente de la reina hacia la verdadera fuente de toda sabiduría y prosperidad. Después de que la reina de Saba fue testigo de la sabiduría y las obras de Salomón, no solo le agradeció su hospitalidad, sino, lo que es más importante, el conocimiento de la verdad de Dios. Ella proclamó: “Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia” (1 Reyes 10:9).
Su visita la llevó a su conversión y la salvación. En agradecimiento al Rey Salomón, la Reina del Sur le dio regalos. Y volvió a su tierra, bendita y satisfecha (1 Reyes 10:13).

Mientras que la Reina del Sur aceptó con todo entusiasmo la sabiduría de Salomón, los líderes religiosos rechazaron a Jesús, quien en verdad era más grande que Salomón (Mateo 12:42), la personificación de toda sabiduría (1 Corintios 1:30). Los líderes religiosos no estaban dispuestos a escuchar al Hijo de Dios que descendió del cielo para salvarlos. Por eso Jesús añadió que la Reina del Sur se salvará mientras que los líderes religiosos serán juzgados en el día del juicio por su rebelión contra el Hijo de Dios.
El desarrollo de la leyenda aparece en el Kebra Nagast o Libro de la gloria de los reyes de Etiopía, una obra compilada en el siglo XIII, pero con elementos probablemente mucho más antiguos, que contiene una historia novelada sobre el origen de la dinastía etíope, y cuyo propósito central es demostrar el carácter sagrado de la misma gracias a la unión de la reina con Salomón, de la cual nacería el primer monarca etíope de dicha línea. Según el Kebra Nagast, la Reina del Sur (como se la menciona en los evangelios de Mateo 12, 42 y Lucas 11, 31), identificada con la reina de Etiopía, supo un día por un súbdito comerciante llamado Tamrin que existía un reino gobernado por Salomón, que destacaba en el mundo por su riqueza y su justicia.

Movida por la curiosidad, la reina Makeda viajó a Jerusalén, donde quedó admirada por la sabiduría del monarca bíblico. A su vez, Salomón quedó prendado por la belleza de Makeda e intentó retenerla en su reino. Para ello ideó una treta que obligó a la reina a quedarse en Jerusalén y permitió a Salomón yacer con ella. De esa unión nació un niño llamado Bayna Lehkem, que fue reconocido por su padre. Los sacerdotes de Jerusalén lo consagraron con el nombre de David y le permitieron volver a Etiopía como rey, llevándose consigo el Arca de la Alianza.
En el Corán, el rey envía una carta a esa soberana, no para someterla a su reino sino para invitarla a la conversión, a lo cual ella responde enviándole emisarios y ricos regalos, que éste a su vez rechaza. En la narración aparece un elemento nuevo: la treta usada por Salomón para probar la sagacidad de la reina.

Mientras ella está en camino, el rey envía un genio para que robe su trono y lo traiga a Jerusalén con el fin de modificarlo para ver si la soberana lo reconoce. Una vez la reina ha pasado la prueba, Salomón le muestra su impresionante palacio de cristal, construido por arte de magia; la soberana, impresionada por el poder del monarca de Israel, abandona el paganismo y se convierte a la fe en Alá.
Los árabes conocían la narración y la adaptaron a su propia sensibilidad, incluyéndola en el Coran
Los comentadores del texto coránico fueron aportando otros elementos a la narración. Además de dar a conocer el nombre de la reina, Bilqis (que probablemente es una deformación del griego pallakís, “concubina”), y describir su extraordinaria belleza, también explicaron que los demonios no querían que Salomón se casase con ella, por lo que difundieron la noticia de que esa mujer tenía las piernas peludas como Lilith, el temible demonio femenino de la noche.
Para comprobarlo, Salomón ordenó que los genios construyeran un suelo de cristal: Bilqis, confundiéndolo con el agua, se arremangó el vestido para poder cruzarlo, dejando así al descubierto sus piernas. Tras ordenar a los genios que hicieran una pócima depilatoria, Salomón acabó casándose con la reina.
MAKEDA, PARA LOS ETÍOPES
Fue en los altiplanos septentrionales del Cuerno de África (las actuales Etiopía y Somalia) donde la historia bíblica acabaría inspirando las leyendas fundacionales y las tradiciones literarias y folclóricas más ricas acerca de la relación entre Salomón y la reina de Saba. Allí, la identidad etíope se fue formando gracias a tres elementos. El primero fue el cristianismo, que se había convertido en la religión del reino de Aksum (origen de la moderna Etiopía) a mediados del siglo IV d.C. Poco a poco, esta nueva religión, que probablemente había llegado importada de Siria o de Egipto, se mezcló con muchos elementos de origen judío y se desarrolló de forma autóctona y original.
