“La magnitud de la electoral y democrática onda expansiva de la “Fuerza Ciudadana” que ha concentrado el sentir nacional venezolano por el cambio, es tan enorme, que este 28 de julio próximo tronará de tal forma que erradicará todo tipo de intromisión; ocupación que haya vulnerado nuestra soberanía, sobremanera del coloniaje cubano que representa la usurpación tiránica de Nicolás Maduro, que como es del conocimiento público es un cucuteño, que gracias a la argucia y las trampas perpetradas por el extinto Hugo Chávez se hizo del poder político y económico del país, por obra y gracias de una entregadas FAN, que se han ensamblados ideológicamente para hegemonizar en un cuarto de siglo (25 años) los fiadores de una nación, misma que ha sido llevada por el despeñadero desde todo punto de vista”.
Un país que q través de mal llamada “Revolución Bolivariana” tiene muy pocos logros que exhibir. Una revisión de los reportajes de los medios nacionales e internacionales sobre esa fecha evidencian una opinión mayoritariamente negativa sobre ese legado, opinión que queda reflejada en varios de los títulos de esos trabajos: “Represión, pobreza, corrupción y exilio”; “Veinticinco años de chavismo, o miles de millones de dólares robados”; “El proyecto hegemónico de crisis infinitas”; “La utopía que abrió las puertas del infierno”; “Jóvenes solo conocen la dictadura”; “25 años hundido en el desastre económico del chavismo”; “La creación de un Estado de Destrucción”; “Un cuarto de siglo de retrocesos e imposiciones bajo el poder chavista”.
Esta evaluación negativa ya se había reflejado en varias encuestas venezolanas. De acuerdo con la encuestadora Delphos, a mediados del año pasado, el 85,2% de los encuestados consideraba necesario un cambio de gobierno. Ello explica por qué Nicolás Maduro ha conmemorado estos 25 años con un aumento de la represión política y una negativa a realizar elecciones justas y transparentes.
Entre los males que recogen los reportajes, destaca el grave impacto negativo en el desarrollo de la generación que ha crecido bajo la “Revolución Bolivariana”. A lo largo de dos décadas y media, el régimen ha erosionado de manera profunda las condiciones que le habrían permitido a las nuevas generaciones desplegar plenamente todas sus capacidades.
Destrucción del tejido productivo
A pesar de que el régimen ha pretendido escudarse en las sanciones internacionales para explicar la profunda crisis económica en la cual se encuentra sumida Venezuela desde hace más de una década, múltiples investigaciones han evidenciado que esta crisis está vinculada a la destrucción del tejido productivo nacional, resultado de la contracción del sector privado, la mala gestión de las empresas estatales y la corrupción gubernamental. Según la ONG Transparencia Venezuela, en los últimos 25 años se han malversado más de 70 mil millones de dólares, cifra que solo representa el 58% de los 431 casos de corrupción registrados en su base de datos.
La debacle de la industria petrolera venezolana es el ejemplo más palpable de la ruina del sector estatal. Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), otrora la principal fuente de riqueza y prosperidad del país, sucumbió a la pésima gestión y la corrupción. En 1998, Venezuela producía 3,3 millones de b/d. Veinticinco años después, la producción se ha desplomado a solo 796.000 b/d, según la OPEP.
Más allá del sector petrolero, la desidia y la corrupción también permearon empresas estatales de sectores como petroquímica, electricidad, agua, ferrominera, agroindustria y telecomunicaciones. El estudio “Empresas Propiedad del Estado” (2018) de Transparencia Venezuela reveló que la mayoría de las 526 empresas estatales no generaban ningún tipo de beneficios o servicios al país. Esta realidad ha sido un factor determinante en el colapso de los servicios públicos en Venezuela.
Por otra parte, la aplicación del modelo económico del Socialismo del Siglo XXI, caracterizado por la expropiación de empresas, la intervención estatal en la economía y el control de precios, sumado al colapso de las capacidades estatales para suministrar bienes y servicios públicos esenciales, llevaron a que entre 1998 y 2019, desaparecieran más del 60% de las empresas privadas en Venezuela.
Destrucción de la complejidad económica
La contracción del sector privado junto con el desmoronamiento de las empresas estatales no solo redujo el tamaño de la economía venezolana a un tercio del tamaño que tenía en 1999, sino que además estranguló la diversificación económica del país y la hizo más dependiente del petróleo. Entre 1998 y 2021, las exportaciones no petroleras se precipitaron desde 7,1 mil millones de dólares a un magro 3,0 mil millones. Ricardo Hausmann, fundador y director del Laboratorio de crecimiento de la universidad de Harvard, destaca que “este colapso en la complejidad de Venezuela es solo comparable con la que han sufrido países como Timor Oriental, Eritrea, Chad y Yibuti”.

