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El Periodista Jesús Castillo denuncia que la Junta directiva del CNP- Sucre se hace cómplice de la piratería informativa en la región

En una carta interna, colgada en el grupo de WhatsApp del CNP- Sucre, el Licenciado en Comunicación Social Jesús Castillo, quien es además miembro del Tribunal Disciplinario del gremio,  dirigio una misiva exploosiva por su conenido críotico contra la Junta Direciva que preside Ricardo García, la misma titulada: ¿Qué está pasando con el CNP-SUCRE?

Dice castillo que “después de un largo y meditado tiempo me permito escribir algunas inquietudes que pudieran generar controversias naturales en un gremio como el nuestro, conformado por personas de diversas posturas ideológicas, costumbres e intereses. Debe ser así porque somos seres humanos, perfectibles, no perfectos. Voy al grano”.

 

Sentenció que en los últimos años, con una renovación de la junta directiva del CNP-Sucre, por circunstancias de la vida, se planteó darle una visión corporativa al gremio para la defensa del ejercicio legal de nuestra profesión y fortalecer la lucha a favor de un clima de libertades públicas al que tiene derecho toda sociedad democrática. Lamentablemente no ha sido así. El gremio solo tiene latido cada 27 de junio con la celebración del Día Nacional del Periodista. Esa fecha se usa para hacer una o más que otra actividad deportiva en honor a nuestro gremio, celebrar la tradicional misa de acción de gracias (por cierto, tengo dos años que no participo de ella por simple rebeldía, a la que tengo derecho) y disfrutar por todo lo alto de un merecido brindis, aunque el mismo sea propiciado por personas que ejercen ilegalmente el periodismo.

 

No se trata aquí, y es lo medular del asunto , de desconocer el espíritu de superación y deseo que tenga alguien de informar a la opinión pública. Eso se admira. Lo que no debe legitimarse es su actuación si la misma no cumple con los criterios de un buen ejercicio periodístico: equilibrio, profesionalismo honestidad, veracidad, oportunidad y capacidad de rectificación. Para este desafío se requiere preparación académica, no solo ganas ni pasión.

 

El vigente Código de Ética del Periodista Venezolano, nos exige que debemos resguardar la verdad a como dé lugar y ser voz para quienes no la tienen. Además, nos exhorta a defender la democracia y libertades públicas a riesgo de  nuestra propia existencia. Esto es lo lamentable. Muchos “reporteros sin academia”, hoy convertidos en “influencers”, desinforman a raja tabla por las diversas redes digitales, no verifican la fuente y hasta se proyectan como “periodistas” en las más diversas masas populares. Mientras, el gremio periodístico no dice nada.

 

  

A este patético cuadro se suma una cuantiosa cantidad de sujetos, locutores o no (este humilde escribiente es locutor, por su acaso), que invaden los diferentes espacios informativos y realizan entrevistas que forman parte del quehacer periodístico. Tampoco se produce una voz del gremio ante esta inquietante realidad que vulnera el ejercicio legal del periodismo, consagrado en nuestro Texto Constitucional y la ley que rige nuestra profesión.

 

Lo más alarmante es que la Directiva del CNP-SUCRE no se reúne periódicamente para abordar estos temas que deben ser prioritarios en nuestra agenda y accionar corporativo. Nada de eso ocurre y la voz de una sola persona intenta ser la de todos los agremiados, aunque se diga que “el colegio somos todos”. Esta situación genera una especie de anarquía, donde cada quien hace lo que le parezca como gremio.

Si en algo hay que reconocer en la referida directiva es su desdén por recuperar la sede del colegio, hoy destartalada y sin ningún documento legal que pruebe nuestra titularidad sobre el bien inmueble. Eso se valora. Pero, no sería más plausible pisar tierra y plantear una especie de negociación con las autoridades competentes para una eventual permuta que nos permita contar con un espacio más accesible en la ciudad, aunque sea modesto. Eso es lo que debe encargarse una directiva en su política gerencial, por supuesto, con el concurso de todos.

 

No puedo pasar por debajo de la mesa el comportamiento de unos pocos colegas que permiten el endiosamiento de figuras reporteriles que no están facultadas por la ley para ejercer el periodismo. Repito, no se está en contra de que se forme parte de sus círculos de amistades, porque todos necesitamos de grandes amigos para compartir y recrearnos. Lo que se cuestiona es que quien represente legalmente un gremio que nació para defender el ejercicio legal de la profesión termine con su actuación legitimando a quienes son la antítesis de esa misión ética. Desde mi propio ser interno, reconozco que también he fallado y contribuido a que exista este cuadro patético. Me equivoco como ser humano.

Sin embargo, debo recalcar que mientras algunos hemos hecho el esfuerzo por carnetizar a nuevos agremiados y dictar conferencias en pro del ejercicio legal del periodismo, otros legitiman sin percatarse a quienes dejan muy mal parada nuestra profesión

 

Parte de mi ausencia a esos eventos eclesiásticos se debe a una actitud crítica por ese permanente culto a los “ilegales” del periodismo. Pues, tal como lo visualicé, ocurrió que el verdadero protagonista en esa misa de acción de gracias no iba a ser el gremio periodístico sino quienes desparraman “rumores e informaciones infundadas” por la superautopista informativa. “El mundo al revés”, diría un célebre filósofo. Expongo estas palabras para el debate de altura. Lo peor es quedarnos callados ¡He dicho!