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El Portal del Señor… El Apóstol que no conoció a Jesús, el hombre en la carne, sino, en gloria espiritual…Audio

La formación de Pablo

Introducción

Cuando estudiamos la vida de Pablo tenemos la fuerte impresión de que fue preparado y enviado al mundo con el propósito expreso de llevar a cabo una obra requerida por las exigencias de la época en la que vivió. Esto mismo es lo que el Señor le dijo a Ananías cuando le envió a Pablo con el fin de que recobrara la vista:

(Hch 9:15) “… Instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel.”

Dios había preparado ciertas obras para que Pablo andara en ellas (Ef 2:10), y de la misma forma, le había preparado a él para que pudiera llevarlas a cabo. Esta formación incluía ciertos detalles en los que él no tuvo ninguna parte. Por ejemplo, Pablo no decidió el momento de su nacimiento, o el lugar donde éste se produjo, así como la familia con la que se crió y la educación que recibió. Todas estas cosas, y muchas otras más, fueron ideadas por la multiforme sabiduría de Dios con el fin de preparar a Saulo de Tarso para que se convirtiera en el apóstol de los gentiles.

Al igual que el profeta Jeremías (Jer 1:5), Pablo también era consciente de que Dios había tenido este propósito para él aun antes de que naciera:

(Ga 1:15-16) “… Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y

me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo lo predicase entre los gentiles…”

Dios preparó a Pablo para que fuese apóstol de los gentiles, y a lo largo de este estudio veremos que su formación fue muy diferente a la de los otros apóstoles. Esto se debe a que Dios tenía propósitos diferentes para cada uno de ellos. Quizá la diferencia más sobresaliente es que mientras que sus compañeros de apostolado habían crecido con Cristo y lo habían conocido como hombre antes de reconocerle como Hijo de Dios, Pablo por el contrario conoció a Jesús en la gloria de su resurrección, y fue después de esto cuando investigó en su humanidad perfecta.

 

Todo esto nos debe llevar a reflexionar sobre el hecho de que Dios tenía un propósito diferente para cada apóstol, y también para cada uno de nosotros, y en función de eso ha preparado todo para poderlo llevar a cabo. En su providencia él está desarrollando un plan en nuestra vida. Pero tristemente, este ideal divino puede quedar frustrado por nuestra falta de disposición y malas decisiones.

En el caso de Pablo, está claro que él no hubiera sido el hombre que llegó a ser, ni tampoco habría hecho el trabajo que hizo, si una serie de circunstancias no hubieran sido designadas por Dios en los años previos a su conversión. En aquellos momentos él no sabía que estaba siendo preparado por Dios, y de hecho, sus propias intenciones para el futuro diferían mucho de las que el Señor tenía para su vida. Sin embargo, cuando él se convirtió, toda aquella preparación previa empezó a encajar perfectamente, sirviéndole de manera extraordinaria para desarrollar la obra para la que había sido llamado como apóstol de los gentiles.