Marcos 12:30–31. 30 Amarás, pues, al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas; este es el principal mandamiento. 31 Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos.
Grábame como un sello sobre tu corazón; llévame como una marca sobre tu brazo.
(Cantares 8:6a)
Como llama divina es el fuego ardiente del amor. Ni las muchas aguas pueden apagarlo, ni los ríos pueden extinguirlo.
(Cantares 8:6b-7a)
El verdadero amor prevalece como una llama divina, pues tiene su origen en Dios. El amor no varía de acuerdo con los sentimientos o las circunstancias. Cuando se asume el compromiso de amar, se toma la decisión de estar junto a esa persona, tanto en los momentos fáciles y dulces, como en los momentos difíciles y desafiantes. El amor prevalecerá, aunque tenga que pasar por numerosas pruebas, porque se origina en el corazón de Dios.

Ah, si me besaras con los besos de tu boca… ¡grato en verdad es tu amor, más que el vino!
(Cantares 1:2)
Regocijémonos y deleitémonos juntos, celebraremos tus caricias más que el vino. ¡Sobran las razones para amarte!
(Cantares 1:4b)
¡Cuán bella eres, amada mía! ¡Cuán bella eres! ¡Tus ojos son dos palomas!
(Cantares 1:15)
¡Cuán hermoso eres, amado mío! ¡Eres un encanto!
(Cantares 1:16)


