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“El Mocho” Luís José Fabbiani, personaje de buena historia Cumanesa

Por:
El Poeta Julio Zerpa.

Luís José Fabbiani, mejor conocido como “El Mocho” fue una de esas personas que una vez conocidas no se les puede olvidar fácilmente. Fértil de corazón, hacía el bien a cualquiera sin ninguna aspiración de lucro. Guasón por naturaleza y dueño de una privilegiada y extraordinaria agilidad mental, hacia chistes a costa suya, para poder invadir el terreno ajeno sin despertar suspicacias ni resentimientos. Sin embargo, por esta rigidez aldeana, que se mantiene sin fluidez, ni receptividad en el espíritu de ciertas gentes, con ingrata sedimentación de prejuicios, fue víctima algunas veces de erróneas interpretaciones, que él deseaba evitar a toda costa. Los que tuvieron el privilegio de conocer a éste pintoresco y singular personaje popular, saben que sus guasas carecían por completo de maldad y obedecían a su innata necesidad de extroversión de pensamiento ágil y picaresco. Que no se conformaba con quedarse entre las paredes del cráneo y se saben impulsos de su gravedad. Algunas anécdotas suyas de mil, hablan por sí mismas de su fresca y preclara agilidad mental. Desprevenida totalmente de la intención de perjudicar al prójimo. Una vez, mientras examinaba las listas de loterías de las cuales era gerente en la región Nor-Oriental alguien pasó y le preguntó: -Mocho. ¿Es verdad que el maestro ganó?

– Sí, pero ganó en centena, respondió él sin apartar la vista de su labor. Ciertamente el tradicional líder político Jóvito Villalba, especie de campeón sin corona, como se dice ahora en la germanía deportiva, había ganado un escaño por primera vez en el Congreso Nacional por el mínimo cociente electoral.

En otra oportunidad cuando estuvo Luís José de paseo por Caracas y en un accidente se fracturó el hueso del muñón. Cuando fuí a verle en la clínica, me dijo: ” -Unos cuantos hubieran deseado que me hubiese fracturado la lengua, con que le digo mis verdades a los políticos.”

Es sabido también que muchas personalidades al arribar al Aeropuerto de las ciudad de Cumaná, donde regentaba un Restaurant desde años atrás, se sentían obligados a marcar tarjeta, como el mismo decía.

En una de esas ocasiones el propio Presidente de la República Dr. Rafael Caldera (Su amigo de años) se le aproximó rompiendo el protocolo conjuntamente con el Dr Carrera Rafalli, a la sazón Gobernador del estado Sucre, y hechandole un brazo cordialmente a Luís José, le dijo El Presidente : -Mi querido y apreciado Mocho, ¿cómo está Cumaná?

A lo que Fabbiani respondió tuteándole:

“-Esta para salir de Carrera Rafael.”

El Mocho Fabbiani solía decir sus sentencias jocosas, sin impedimentos, por que era un creador espontáneo y sin reservas de chistes para el pueblo.

Era uno de esos raros personajes sin una extensa cantidad de recursos formales que caracterizan a nuestros intelectuales, pero muy bien suplidos por una riquísima imaginación autodidacta e inventiva de cuentista.

Le sobraba ese pintorreaquismo criollo, que tanto se celebra en los salones cuando nace de una pechera almidonada o de un animador de tertulias de oficio.

Sin estar formalmente inscrito en ninguno, poseía los carnets de todos los partidos políticos.

Obtenidos “Honoris Causa”. Los políticos se los expedían como forma de reconocimiento a su popularidad.

Daba a entender así, que la política fuera buena si sirviera para unir a los venezolanos.

Pero aunque fue pionero fundador de ORVE, PDN y AD, ya que su padrino fue el sempiterno Senador Carlos Alberto Dascoli, no tomaba la política muy en serio.

Lo único que el Mocho Fabbiani tomaba en serio, a mi humilde entender, era su propio buen humor, por que entiendo que en esa actitud permanente encontraba un escape a sus insatisfacciones.

Cuando se estrenó su primera prótesis, caminó pronto sin la ayuda de la muleta. Y a un napolitano que le preguntó si su pierna era hecha en Italia, le respondió:

“-Si furia italiana. Va corriera!”

En uno de sus frecuentes viajes a Margarita. El Dr Luís Beltrán Prieto Figueroa, le inventó que sus siglas dicen: “-Lo Buscan Por Feo – Y el no se esconde-,”

El ilustre profesor se acercó al Mocho y luego del obligado saludo (amigos de la niñez), le pidió un refresco de papelón -vulgo: guarapo; pero al cual su singular fabricante llamaba “Mate” y lo servía en un recipiente de arcilla cocida – Una vez ingerido el refrescante fluido, el Dr Prieto le extendió el pago. El Mocho, atento como siempre le dijo:” -No Luís, tu aquí no pagas.”

El Maestro trato de convencerlo de que debía aceptar el valor de la mercadería, para que no perdiera en el negocio. A lo que el Mocho le replicó:

– “Mira Luís Beltrán, yo contigo no pierdo, por que en lo que tu des la espalda, yo le hecho un vaso de agua al “perol” y no se habrá perdido nada.”

En otra oportunidad una doctora en farmacia, manca de un brazo, llega a su restaurante y el Mocho le dijo afablemente:

“-Colega, en que puedo servirle.”

“-¿Usted es farmacéutico? Inquirió la interpelada. “
“-No, Mocho.”

Presidentes y Ex-Presidentes de la República, Dignatarios Extranjeros, Ministros, Congresantes, Diputados, Gobernadores, Altos Prelados del Clero, Grandes Capitanes de Industria, Propietarios de Medios Nacionales de Comunicación, etc., fueron los mejores blancos de su chopo.

Algunos hasta competían por figurar en sus crónicas graciosas.

Es también rigurosamente cierto, que en su proverbial honestidad, nunca se aprovechó de su intimidad con sus poderosas amistades de postín, para medrar o lucrarse.

Por el contrario recurría a ellos para solventarle una urgencia a cualquier humilde que le requiriese ayuda, pero nunca jamás usufructuó esas relaciones para propio provecho.

Tal vez su satisfacción residía en el hecho simple, pero poco común, de tratar con inusitada familiaridad y sin reticencias, a personas que en una u otra forma han rebasado el nivel del corriente.

Este hombre había adquirido ya el carácter de una institución, de la cual podría decirse lo que dijo alguien de la compañia de Jesús, “que era una espada que tenía en la empuñadura en Roma y la punta en todas partes”.

Sin moverse de su apostamiento en el Aeropuerto, sabía al momento todo cuanto acontecía en la ciudad. No era sin embargo, un diablo cojuelo de nuevo cuño, ni usaba detectores tecnológicos especiales, pero las novedades del poblado le llegaban a su oído por la vía del Grado 33, especie de método para poner a correr informaciones sin informantes aparentes.

Si alguna vez utilizó lo que llaman “influencias” fue siempre para interceder por personas inocentes en conflicto.

Algo más, su defecto físico, adquirido en la niñez, lejos de crearle complejos, mas bien le estimuló para llevar a cabo con empeño y orgullo la difícil empresa de fundar familia numerosa.

Allí donde otros con mejores medios fracasan, Fabbiani libró exitosamente la mejor batalla de su vida.

Su ultimo chiste, el del estribo, dicho como para entrar pícaramente en la niebla eterna de la muerte, sin ambicionar la gloria pero sin temor al purgatorio, fue dirigido a si mismo, a falta de mejor personaje en el instante supremo. Se produjo cuando el médico especialista, que fue a tratarlo por orden presidencial especialmente desde Caracas por el Dr Caldera.- me afirmó un familiar en el acto del sepelio- le preguntó, viendo el cuadro de los hijos- nueve en total, si mal no recuerdo – a la atribulada esposa-

“-Señor Fabbiani, ¿todos esos son sus hijos?”

Y él le respondió, con una voz que ya no era de este mundo:

” – Si Doctor, y todos fueron hechos con una sola pierna…”

Y por la ternura de ésta amarga expresión -Chiste cruel o síntesis irónica de lo que fue su lucha al paso por sus días- Luís José Fabbiani, nuestro querido “Mocho”, entró en la incierta sombra, en la esperanza de encontrar la paz que no da la vida.